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El paradigma de la protección ampliada

18-09-2013
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(Columna de Roxana Mazzola, directora ejecutiva del Centro de Estudios y Desarrollo de Políticas -CEDEP- y autora de “Nuevo paradigma. La Asignación Universal por Hijo en la Argentina” -Prometeo, 2012-)

En la campaña se habla poco sobre infancia y adolescencia y sobre cómo profundizar la protección para estos grupos

En la agenda electoral de las últimas semanas ha sido evidente el fuerte consenso de todos los sectores políticos sobre la Asignación Uni versal por Hijo, pero se ha hablado poco sobre infancia y adolescencia y sobre cómo profundizar el nuevo paradigma de la “protección ampliada”. Garantías que trascienden la asistencia social expresan en la última década un nuevo paradigma (el de la “protección ampliada” de la infancia y adolescencia), distante y superador de la denominada “protección restringida” predominante en los '90, y también en relación a los paradigmas de la “normalización” y la “situación irregular” de la infancia de mediados e inicios del Siglo XX.

Hoy, gran parte de los doce millones de niños y niñas de hasta dieciocho años y sus familias, que comprenden a la mitad de los hogares de la Argentina, cuentan con una garantía de ingresos, con efectos en alimentación, en salud y en el rendimiento escolar y que se extienden a las comunidades al motorizar el consumo. Asimismo, esto se articula con otras acciones como el Plan Nacer en salud, el programa Conectar Igualdad, la extensión de la cobertura de las jubilaciones y nuevas leyes como la de protección y promoción de los derechos del niño y la derogación de la ley de patronato de 1919, la nueva ley de Financiamiento Educativo, el voto a los 16, la de salud sexual y reproductiva, la de fertilización asistida y la reforma del Código Civil en relación a la penalización del trabajo infantil, entre otras.

Se destaca una fuerte inversión de recursos y en la nivelación de inequidades por parte del nivel central de Gobierno, indispensable en un país federal. Son, por ejemplo, aquellas regiones más pobres las que tienen más destinatarios y recursos de AUH. También ello se observa en la concepción más amplia en las políticas, en la apertura de políticas históricamente sectoriales y para unos pocos y, en suma, en una nueva justicia distributiva en la que la niñez y la adolescencia dejan de ser invisibilizadas y consideradas un colectivo restringido, garantizando sus derechos y amplificando su voz. Esto se contrasta ?por citar y no olvidar algunos ejemplos?, con la descentralización de la salud y educación realizada con un criterio eminentemente fiscal e iniciada a mediados de los '70 y profundizada en los '90, con la sanción de leyes que las acompañaron orientadas a dejar librado a las fuerzas del mercado las condiciones laborales y la seguridad social de los argentinos.

También se diferencian de los múltiples programas focalizados y asistenciales de aquella época que planteaban en su diseño “garantizar derechos” pero lejos estaban de tener expresión real, como se observaba en sus pequeñas partidas presupuestarias y su alcance efectivo. El paradigma de la “protección ampliada” contrasta así con el de la “protección restringida” que portaba una concepción de justicia distributiva de “mercado” y Estado mínimo y de una sociedad a la que unos pocos “merecen” integrar.

Se ha avanzado mucho en los últimos años en comenzar a resolver cuestiones cotidianas y básicas de la infancia y adolescencia y sus familias, haciendo un poco más real, y no sólo retórico, lo planteado en la Convención Internacional de los Derechos del Niño aprobada en 1989 e incorporada en nuestra Constitución en 1994. Claro que esto también ha sido posible en el marco de desendeudamiento externo y de recuperación del manejo de recursos por parte del Estado. También queda toda una agenda por profundizar y perfeccionar tanto en materia de legislación como en políticas públicas. En este proceso, resultante de claras pujas distributivas y políticoinstitucionales, es interesante observar quiénes promueven y trabajan en la profundización del nuevo paradigma.

AUH Y DESPUES

Hay nuevas prioridades. La Asignación Universal por Hijo redefinió todas las prioridades en las políticas públicas de infancia y en su implementación se desarrollaron una serie de medidas de cambio para mejorar su impacto. La AUH tiene un enorme potencial de coordinación que no siempre se ha aprovechado al máximo. Hay mucho destiempo en los subniveles de gobierno, y no todos acompañan la misma mirada.

Después de la AUH, las provincias quedaron liberadas de pagar ciertos planes y, ante esa realidad, hay opciones. ¿Se transfieren esos recursos a más fuerzas de seguridad o a fortalecer los sistemas de educación y salud para apuntalar la AUH? En esa reasignación de recursos hay una decisión ideológica y la realidad es que los municipios y las provincias acompañan la implementación de la AUH de manera dispar. Nos debemos una discusión sobre algunos temas de los que no se ha hablado tanto en la última campaña. Por ejemplo, sobre cómo volver a tener un sistema de salud y educación más sólido, justo e integral, y cuál es el rol de los diversos niveles de gobierno al respecto, situando en este marco y no de manera aislada la dimensión ligada al reparto de la coparticipación.

También es indispensable avanzar en universalizar el acceso y la calidad a jardines de infantes, que incide no sólo en la niñez sino también en las mujeres que trabajan. Asimismo, hay que mejorar continuamente tanto en lo legislativo como desde el ejecutivo las políticas de seguridad social conforme a las nuevas configuraciones de familias que tenemos hoy; diseñar legislación y políticas públicas de infancia y adolescencia con participación directa de la misma y no de forma tan “adultocéntrica”; incorporar nuevas metodologías pedagógicas en las escuelas; fortalecer los Centros de Estudiantes, crear Concejos Deliberantes Juveniles y articular todas estas medidas y recursos entre sí y con la generación de empleo.

Hoy, más que nunca, hay que tener presente un proceso histórico que nos habla de una conquista de derechos que no siempre ha sido lineal y ascendente, y perfeccionar y profundizar el nuevo paradigma, trascendiendo otros de antaño, con la mirada en el horizonte de mejorar la justicia distributiva, conquistar nuevos derechos y realizar una distribución del poder real, con eje en la generación de trabajo.

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