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El peso de las expectativas recae en Juntos por el Cambio

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27-06-2021
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Por Julio Burdman

Faltan dos siglos políticos y económicos para las elecciones presidenciales de 2023. De hecho, la aparición de nuevas cepas del coronavirus, que podrían no estar cubiertas por las vacunas actuales, plantea incertidumbres adicionales sobre la pospandemia. Y, sin embargo, va cobrando forma en el “círculo rojo” la creencia de que en dos años vuelve Juntos por el Cambio a la presidencia. Una encuesta reciente entre empresarios daba cuenta de ello.

Las razones que respaldan esta creencia no son sólidas, pero están instaladas. Los empresarios ven un gobierno de aprobación declinante, sin figuras con popularidad, que aún no logra dominar la inflación y que acumula indicadores sociales y sanitarios muy negativos. Todo eso deja secuelas difíciles de revertir, aún con la colaboración del FMI y la soja. Para colmo, estamos ante un Presidente que “giró al centro” respecto del viejo Frente para la Victoria, pero no logró réditos de ello.

La moderación política y la austeridad fiscal de su gestión no lograron convencer a los mercados, y eso significa que cuando el gobierno necesite apoyos, deberá buscarlos en Cristina Kirchner y su núcleo duro de votantes. Mientras tanto, Juntos por el Cambio está unido, mide bien en las encuestas de 2021, y sus líderes son los políticos con mayor imagen positiva del país.

Esta expectativa en el futuro de Juntos por el Cambio lo convierte en un polo de atracción política. Sus socios fundadores se activaron, y sectores que estaban afuera ahora quieren entrar. Para empezar, el PRO está en ebullición: se desató una interna por el liderazgo, que se da en la mayoría de los distritos y expresa dos modelos distintos de coalición para 2023. También los radicales se despertaron, y no solo quieren pelear las candidaturas en los distritos principales, sino que aspiran a encabezar la fórmula presidencial en 2023. No solo reclaman que “ahora les toca”, sino que muchos creen que el ciclo PRO se agotó en las PASO de agosto de 2019.

Paralelamente, el componente peronista de Juntos por el Cambio se fortalece, y en cualquier momento. Por un lado, los “peronistas republicanos” absorben dirigentes desencantados del Frente de Todos en provincias como Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos. Pero además, asumieron una función irredenta: ganar las elecciones al frentetodismo. Mientras los generales proístas y radicales se preparan para una interna por los cargos, los peronistas en JxC se convirtieron en la infantería electoral. Esto tiene dos dimensiones: el territorio y la “tercera vía”.

Por un lado, los peronistas en JxC trabajan para descontar la gran diferencia de votos a favor del oficialismo en la Tercera Sección electoral bonaerense, lo que puede ser la clave de la batalla provincial. Y por el otro, tienen el rol de tender un puente hacia el randazzismo-lavagnismo y otros peronismos disidentes, con el objetivo de enfrentar coordinadamente al kirchnerismo en los distritos clave para luego invitarlos a integrarse a un único frente para las elecciones presidenciales.

Por último, están los nuevos aliados de centroizquierda y derecha que quieren ingresar a la gran criatura opositora. Liberales y libertarios están casi adentro, y avanzan las conversaciones con progresistas santafesinos y bonaerenses. Salvo el Frente de Izquierda, hoy todos los sectores opositores a Alberto Fernández y Cristina Kirchner tienden a confluir en una misma estrategia política de pospandemia.

En este escenario, la interna del PRO que irradia en el conjunto de Juntos por el Cambio se refiere a la forma de lidiar con el proceso de ampliación. Mauricio Macri por momentos lo ve con buenos ojos, y al mismo tiempo quiere imponer las condiciones de acceso a los socios menores. Las llamadas “palomas”, referenciadas en el larretismo, creen que es el momento de sentar la arquitectura de reglas de una coalición ampliada.

Detrás de Macri, también están los sectores sociales y económicos que han radicalizado su visión de la Argentina, y postulan una confrontación. Y los moderados, aunque tienen coincidencias ideológicas con Macri, hoy están más preocupados por la gobernabilidad de un país que está en una encrucijada social.

Nada de esto, ni las ansias por ingresar a la “gran coalición” ni la controversia anticipada sobre cómo gobernar la Argentina, se daría si las expectativas puestas en Juntos por el Cambio no fueran tan elevadas. Con este clima previo, una derrota del Frente de Todos en las próximas elecciones legislativas podría significar un problema adicional para el presidente: un adelantamiento del síndrome del pato rengo.

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