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El radicalismo, entre el “ser” y el “parecer”

05-11-2013
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(Columna del politólogo Gustavo González)

En soledad o en alianza, la UCR obtuvo 5,6 millones de votos en todo el país (24% del padrón nacional), pero se quedó con poco en la provincia de Buenos Aires

La Unión Cívica Radical es el partido más antiguo de nuestra historia política y el más añejo de toda América Latina. Le ha dado al país seis presidentes y un centenar de gobernadores. En la actualidad es, junto al justicialismo, la única estructura institucionalizada a nivel nacional que puede mostrar capacidad de gestión y militancia genuina en todo el territorio nacional. Hoy gobierna Corrientes y cogobierna Santa Fe.

Sin embargo, cuando se habla de las posibilidades de gobierno futuro, al radicalismo lo colocan en un segundo plano. Casi todas las referencias hacia la sucesión presidencial apuntan a alguna de las versiones del peronismo, subestimando la capacidad del centenario partido. Los imaginarios políticos en la Argentina parecen quedar claros. “Sólo el peronismo puede gobernar el país”, “el país es peronista”, “los radicales no saben gobernar” y esto no sólo forma parte del imaginario social, sino que de manera consciente o inconsciente la propia Unión Cívica Radical lo ha asimilado, y sus acciones van en esa dirección.

Algunos de los datos de las últimas elecciones reflejan a un radicalismo sólido. Sólo o en alianza ganó en la provincia de Mendoza (48%), Corrientes (47%), Santa Fe (42%), Santa Cruz (42%), Jujuy (40%), Formosa (41%) y Catamarca (40%). Salió segunda en La Rioja (46%), Chaco (36%), Tucumán (35%), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (32%), Misiones (27%), Río Negro (25%), San Luis (24%), Córdoba (23%) y Santiago del Estero (15%). En todo el país obtuvo 5.600.000 votos, es decir, 24% del padrón nacional.

A partir de los datos cuantitativos se puede inferir que el radicalismo tiene chances reales de acceder a la presidencia. La otra fuerza no peronista que sigue en importancia es el PRO, que obtuvo a nivel nacional 1.800.000 votos (7,6% del padrón), sin estructura más allá de la Capital Federal y sólo presentando lista en nueve distritos electorales. No obstante, este partido ya tiene su candidato presidencial en un pie de igualdad, o en un escalón superior, al radicalismo.

UNA ESTRATEGIA

Aquí intentaremos plantear algunas fortalezas y debilidades que tiene la Unión Cívica Radical para posicionarse como una alternativa real de poder. Las fortalezas son:

Estructura formal: A lo largo y ancho del país tiene organizaciones formales y militancia real.

Organizaciones y juventud: Desde 1983 gobierna la Federación Universitaria Argentina (FUA) y tiene cuadros dirigentes en casi todos los sindicatos del país, algunos de ellos nucleados formalmente en la Organización de Trabajadores Radicales (OTR). Y también tiene una importante juventud, que centralmente están incorporados en la Juventud Radical, la Franja Morada y Cantera Popular.

Experiencia de gestión: Haber formado parte de las tres esferas del Estado (Nacional, provincial y local) le otorga experiencia, y una posibilidad de mostrar gestiones exitosas y cuadros técnicos.

Crecimiento electoral: En el interior del país tuvo un crecimiento exponencial, ganando incluso provincias hostiles al radicalismo como La Rioja en las PASO o Santa Cruz en las generales.

Por el lado de las debilidades, hay que mencionar varias:

Falta de un liderazgo unificador: A lo largo de su historia, más allá de las diferencias internas existieron liderazgos (Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín). El vacío dejado por Alfonsín aún no fue llenado por ningún dirigente y esto se agrava en una democracia en la cual la política cada vez más es de candidatos y no de partidos. El peronismo cuando encuentra un nuevo liderazgo, lo fomenta y se organizan tras él. En contraposición, el radicalismo intenta descabezarlo no bien empieza a tener exposición pública.

Exceso de internismo: La UCR tiene una enorme historia de internas que le otorgan salud, democracia y dinamismo al partido. Los radicales suelen decir que “las elecciones generales son aquellas que están entre dos internas”, y esto suele ser nocivo para el momento de disputar poder porque no sólo tienen que competir con los opositores sino también con los propios. Cientos de intendencias en el país se pierden por falta de apoyo interno.

Poca penetración en la provincia de Buenos Aires: Quien tenga aspiraciones presidenciales tiene que mirar a los grandes distritos del país, y la UCR ha podido construir consenso en la CABA, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Tucumán, pero no así en la provincia de Buenos Aires. Gobierna sólo 17 de los 135 municipios de la provincia y ninguno de ellos en el conurbano. Pero lo que agrava las situación es una dirigencia que se observa a sí misma perdedora en el escenario provincial y actúa en consecuencia.

Algunos incluirían en esta lista la falta una ideología clara o de propuestas concretas, pero sobre este punto me abstengo porque muchos partidos y candidatos exitosos triunfan sin esta condición. Más aún, la historia de la Unión Cívica Radical está signada por la disputa ideológica entre sectores de izquierda, centroizquierda, conservadores y liberales. Por eso, el radicalismo está entre el “ser” y el “parecer”. Es un partido con una posibilidad real de formar gobierno y con una enorme potencialidad, pero debe quebrar el cerco cultural interno y externo. Ese es su gran desafío.

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