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El retorno del PRI

05-03-2012
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Luego de las dos gestiones del PAN, todo indica que el PRI volverá a gobernar la segunda democracia más grande de América Latina.

El 1º de julio, México elegirá un nuevo presidente. También un nuevo Congreso de la Unión (el Poder Legislativo mexicano), pues se renovarán los 500 miembros de la Cámara Baja y los 128 de la Cámara Alta. La lista de candidatos para gobernar el segundo país más poblado de América Latina hasta 2018 (el período presidencial dura seis años) la componen Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota. Uno de ellos será el sucesor de Felipe Calderón.

Peña Nieto, el más joven (45 años), fue gobernador del estado de México entre 2005 y 2011, uno de los distritos que circunda a la ciudad capital, donde forjó su fama de gestor eficiente. Con sus 15 millones de habitantes, es el más poblado del país. Será el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó durante la mayor parte del Siglo XX. La metrópolis nucleada en torno a la Ciudad de México es una de las más grandes del continente, y del mundo. López Obrador, con 58 años, es el candidato de la experiencia y de la izquierda. Entre 2000 y 2005, fue el jefe de Gobierno del Distrito Federal. Cuando concluyó, se lanzó a la presidencia. Allí perdió con Calderón por menos de 300 mil votos. Será el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que, a diferencia del PRI y el PAN, aún no logró colocar a un mandatario en el Palacio Nacional. Vázquez Mota, de 51 años, será la candidata del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN). Fue miembro de los gabinetes de Vicente Fox y de Calderón, y le ganó la compulsa interna a Ernesto Cordero, también partícipe del gabinete calderonista.

TENDENCIAS

Las encuestas muestran que Peña Nieto puntea con comodidad, por encima del 40% de intención de voto. Vázquez Mota y López Obrador aparecen 10-15 puntos más abajo. Si las elecciones se realizaran hoy el candidato priista ganaría. México es uno de los pocos países de la región sin segunda vuelta. Gana el que más votos logra el 1º de julio y punto.

“Si el PRI obtiene la presidencia y logra una gestión exitosa, particularmente en estimular el crecimiento económico y reducir los niveles de violencia en el país, bien pudiera ser que el partido permaneciera un buen tiempo como partido de gobierno”, le dijo a el estadista Gabriel Negretto, politólogo argentino afincado en México, aunque considera improbable que vuelve a tener una hegemonía priista al viejo estilo. Como el peronismo, el PRI ?dice Negretto? tiene flexibilidad ideológica (puede ser neoliberal o socialdemócrata) y una estructura organizativa de poder local descentralizada territorialmente. Estos atributos compartidos le han permitido tanto al PRI como al PJ resistir crisis políticas profundas a nivel nacional.

En los próximos meses, especialmente a partir del arranque formal de la campaña, pautado para fines de marzo, los escoltas apuntarán contra Peña Nieto e intentarán minar su inercial marcha a Los Pinos, la residencia oficial del presidente ubicada en los bosques de Chapultepec. Para los analistas, las posibilidades de Vázquez Mota son bajas. Creen que, luego de las gestiones de Vicente Fox y de Calderón, no hay un consenso suficiente en la sociedad mexicana para una tercera administración consecutiva del PAN. Calderón se retira con poco capital político. “La percepción popular mayoritaria es claramente negativa sobre su gestión. Esto se debe en parte al pobre desempeño económico que tuvo el país durante estos años (fuertemente influido por la crisis de EE.UU.) y a la falta de resultados visibles en la lucha contra el narcotráfico”, explica Negretto.

Aunque también será la primera gran campaña de Vázquez Mota y, por eso, hay que esperar y ver si logra convertirse en una candidata atrayente (la imagen también pesa en las preferencias). Cuanto mejor termine la gestión de Calderón, más impulso tendrá su candidatura.

López Obrador, en tanto, tiene el beneficio de la duda, acaso por los casi 15 millones de votos que consiguió en 2006. ¿Podrá recrear esa mística? Aún si pudiera conservar todo ese capital, estaría lejos de Peña Nieto. Otro punto en contra es su elevada imagen negativa. A favor, debe computar el hecho de ser un buen orador y de haber estado casi siempre en la vereda de enfrente del PAN y del PRI. Por eso, muchos lo ven como un candidato coherente y como el único capaz de producir un cambio. “López Obrador perdió mucho apoyo electoral durante el largo conflicto después de 2006. Tiene todavía atractivo como candidato crítico de la élite política tradicional y de la complacencia del Estado mexicano con las grandes corporaciones económicas”, señala Negretto.

Peña Nieto, por supuesto, buscará seguir con el mismo libreto y evitar cualquier sobresalto. Tendrá gran parte de la maquinaria estatal a su favor. Es que, en los últimos años, el PRI recuperó muchos espacios: actualmente controla 20 de las 32 gobernaciones y es la principal fuerza legislativa a nivel nacional.

Otro dato a tener en cuenta de México es que el voto no es obligatorio. En el 2006, Calderón obtuvo 15 millones en un país con una población de 110 millones. Según cifras oficiales, el padrón habilitado era de 71,3 millones. De los cuales, 41,7 millones emitieron su voto y 29,5 (el 41,4% del padrón), no lo hicieron. Un simple cálculo muestra que el actual presidente de México fue votado por sólo el 21% de la población con derecho a votar. En las legislativas de medio término, en 2009, el abstencionismo fue aún mayor.

(De la edición impresa)

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