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El turno del Pro como tercer partido

21-12-2011
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Las terceras fuerzas nunca tuvieron suerte en la Argentina. Hicieron algunas buenas elecciones y terminaron desapareciendo. ¿Tendrá el macrismo el mismo destino?

¿Se convertirá el Pro en la tercera fuerza política más importante que haya tenido del país? El año que termina lo hace con cierto sabor agridulce para el Pro. Es que si bien

Mauricio Macri logró retener la jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, desembarcar en el conurbano bonaerense a través del triunfo de su primo Jorge en

Vicente López, y consolidar el bloque legislativo nacional, nadie pasa por alto que 2011 había comenzado, sin embargo, con la hipótesis de que competiría contra Cristina Fernández por la Presidencia.

Pero los números de las encuestas nacionales, y el poco interés que despertaron sus

dos delfines porteños obligaron a Macri a volver a recluirse en la ciudad. Sin embargo, la Presidenta ya no tiene posibilidad de reelección. Comparte esa característica con el líder del Pro, que aparece así posicionado, a priori, en un lugar inmejorable dentro del espacio opositor para la carrera por 2015. La pregunta, sin embargo, es si este punto

de largada en principio favorable para Macri, más lo acumulado por su partido en este

año, alcanzan para darle al Pro el rótulo de tercera fuerza más importante desde el retorno de la democracia, en una historia política en la que sólo radicales y peronistas han llegado al poder por la vía de las urnas, y en la que el bipartidismo ha sido una de las marcas fuertes.

Porque la suerte de las terceras fuerzas en la Argentina nunca fue la mejor, y ninguna

pudo llegar a consolidarse en el tiempo.

UN FORMATO BIPARTIDISTA

La política argentina se dirime prácticamente desde el retorno de la democracia entre el radicalismo y el peronismo. Se han sucedido desde entonces varios partidos que han tratado de disputar ese liderazgo, aunque nunca han perdurado. Así, esa tercera fuerza primero fue de centro izquierda (el PI), luego de centro derecha (la Ucedé), después volvió a la centroizquierda (Frepaso) y luego ?cuando éste se alió con la UCR y ganó la elección de 1999? apareció otra tercera fuerza como fue Acción por la República, el partido de Domingo Cavallo, que llegó al 10% de los votos y terminó diluyéndose cuando su líder desembarcó en el gobierno de la Alianza. Tras la crisis de 2001 (y como consecuencia directa de ella) se posicionaron el Ari, primero como contrapartida de la Alianza y luego del kirchnerismo, y ahora es el Pro el que parece más consolidado como oposición no radical.

De todas ellas, fue el Frepaso la más destacada de ese lote: llegó a salir segundo en las

elecciones de 1995, que diera su segundo mandato a Carlos Menem y cuatro años más tarde alcanzó el Gobierno en alianza con la UCR. Tuvo un importante bloque legislativo, presencia en el gabinete nacional y formó centenares de cuadros políticos muchos de los cuales hoy ocupan funciones en el Gobierno. Pero tras la experiencia de la Alianza terminó licuado en el medio de un gobierno que duró apenas dos años y marcó el fin del Frepaso como tal.

Hoy en día el Pro cuenta, como hubo pocas veces antes, con una figura de proyección

nacional, pero que a la vez es su fortaleza y su debilidad. En una época de hiperpersonalismo político, la figura de Macri es fundamental para consolidar al Pro como lo ha hecho hasta ahora. Sin embargo, ese fuerte peso de su líder es también un flanco débil para el partido. Ya ha demostrado que el resto de los dirigentes lo sigue a años luz en carisma y ?más importante aún? en intención de voto, como quedó claro con las fallidas candidaturas de Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti para

sucederlo. Su figura es, además, convocante para miles de jóvenes que se involucraron

en la política como consecuencia de la existencia del Pro, y que nadie se anima a predecir si seguirían o no en la actividad pública o de militancia si Macri decide retirarse. Un eventual “Pro sin Macri” no parece, por ahora, una construcción política posible.

María Ollier refuerza esta idea y explica: “Estamos en tiempos de la política de liderazgos y en ese sentido Mauricio Macri ha logrado instalarse y hay que ver cómo sigue Miguel del Sel en Santa Fe. Hoy diríamos que Macri ha instalado al Pro y no al revés. Insisto. Hay que esperar”. Ollier agrega: “Efectivamente, es difícil imaginar un macrismo sin Macri. Del mismo modo que un kirchnerismo sin Cristina. Y la experiencia ya nos habla de la imposibilidad de un menemismo sin Menem en el poder”.

Pero más allá de haber retenido el distrito más importante en cuanto a resonancia política nacional (más allá de que representa poco menos del 9% total del padrón), el Pro ha hecho poco allende la General Paz. Obtuvo, sí, un resonante triunfo en Vicente López, con la victoria de Jorge Macri sobre Enrique García tras veinticuatro años de mandato ininterrumpido del radical K. Pero fuera de eso apenas puede contar un segundo puesto en Lanús (donde hizo jugar a su ministro de Hacienda Néstor Grindetti) y en Santa Fe, en lo que sea quizás su mayor apuesta a futuro a nivel federal, teniendo en cuenta que en la provincia no hay reelección y que Miguel Del Sel quedó tras Antonio Bonfatti con muy poca campaña previa.

En el resto del país, la estructura Pro se ha montado básicamente sobre otros partidos

provinciales (Democracia Cristina en Mendoza) y sobre aliados coyunturales (peronismo disidente en Santa Fe), lo que pone en evidencia cuán endeble es por ahora el armado propio de la fuerza. Hacia allí apunta su trabajo de los próximos años: “En 2015 queremos ser una alternativa de poder real”, dijo el jede del bloque Pro en Diputados, Federico Pinedo. De todas maneras, la apuesta es a convocar a figuras

nuevas y no a pasar con la ambulancia a levantar heridos del peronismo. Por eso el

futuro del Pro está más cerca de De Sel que de Ramón Puerta.

El Frepaso, la única tercera fuerza que llegó (en alianza con la UCR) a la Presidencia, tenía dos líderes con proyección nacional: Carlos Alvarez y Graciela Fernández Meijide. A nivel nacional, en las elecciones de 1995, obtuvo el 29% de los votos, relegando a la UCR por primera vez en su historia al tercer lugar, y se constituyó en la tercera fuerza en la Cámara de Diputados de la Nación. De todas maneras, al igual que el Pro por ahora, carecía de una fuerza electoral nacional estable más allá de su penetración en sectores del electorado urbano, particularmente en Capital Federal, Gran Buenos Aires y Rosario.

Pero si bien parte del núcleo originario del Frepaso provino del peronismo (no sólo José Bordón, sino también un buen número de cuadros peronistas progresistas como el propio Alvarez y Nilda Garré), también del radicalismo se habían desprendido en su momento dos columnas vertebrales de las “terceras fuerzas” que se crearon a partir de la crisis de 2001: Elisa Carrió y Ricardo López Murphy. El macrismo fue la irrupción política más importante desde la crisis de 2001. Su recorrido es conocido: que ganó la primera elección a jefe de Gobierno en la que se presentó (luego perdió el balotaje con Aníbal Ibarra) y de allí en más se impuso en la mayoría de las elecciones de las que participó en la CABA. Lleva casi 10 años como principal fuerza política del

distrito, lo cual es un récord.

La gran duda es si le alcanzará. Como acota Carlos Raimundi, que participó de la experiencia radical y luego frepasista, “en realidad el concepto de tercera fuerza con un peronismo central hoy es discutible, más que nada porque no está tan claro que el radicalismo pueda ser la segunda”. Marcelo Leiras, de la UdeSa, coincide en parte con el análisis de Raimundi y pone en tela de juicio que, actualmente, haya un bipartidismo a partir del cual puedan nacer terceras fuerzas, ya que ese formato no se comprueba ni en la Legislatura ni en las gobernaciones provinciales. Pero agrega Raimundi: “Igualmente, hay un factor que muestra todo este recorrido y es que cuando el peronismo asume posiciones de izquierda, estas fuerzas asumen matices de centroderecha (Ucedé, Pro) y cuando el peronismo se posiciona a la derecha, estas fuerzas emergen desde la centroizquierda, como en el caso del Frepaso”.

Otros analistas sostienen que también hay que incorporar a otra fuerza tradicional al

análisis: el Partido Socialista. Gobierna una provincia importante y formó parte de un frente que obtuvo muchos más votos que el radicalismo en las últimas elecciones. No hay una voz unísona entre pensadores y protagonistas para terminar de responder si

podrá el Pro romper la tradición y afianzarse a nivel nacional más allá del liderazgo personalizado de Macri. El politólogo Andrés Malamud sostiene que “la Historia Argentina es un cementerio de terceros partidos. Las alternativas al bipartidsimo, cuando aparecen, son unidistritales y no nacionales: Stolbizer, Sabatella, Binner, Juez, Solanas y Macri son fenómenos de una sola provincia”.

Liliana de Riz coincide con ese análisis y plantea: “El sistema electoral ayuda a expulsar, como ha venido ocurriendo desde hace mucho, y no por las nuevas reglas

que ponen exigencias a la proliferación de partidos ?muchos puros sellos?, sino por condicionantes políticos y de la cultura política más que normativos e institucionales”.

Para Ollier, es “un poco apresurado todavía pensar en esos términos de ver al Pro como la tercera fuerza más importante, ya que las otras fuerzas duraron más tiempo. Por ejemplo el Frepaso desde 1994 hasta 2001 y llegó al Gobierno Nacional”.

Las principales similitudes se dan en las características de esos partidos. Se trata de espacios con ideología diversa ?desde derecha a izquierda? principalmente urbanos y con un único líder visible con alta ponderación entre la opinión pública. Oscar Alende, Alvaro Alsogaray, Carlos “Chacho” Alvarez y Domingo Cavallo eran los referentes de esos proyectos. Macri es, sin dudas, el líder indiscutido del Pro. Ninguno de esos líderes logró formar “herederos” para el momento en que su popularidad ya no estuviera en alza. Por otro lado, no sólo no supieron construir herederos, sino que tampoco supieron dar un lugar a un segundo que los pueda cubrir: sólo Chacho Alvarez logró impulsar a Graciela Fernández Meijide, quien fue precandidata en las presidenciales de 1999. En este caso, las dificultades de Macri para posicionar como candidatos con peso propio a Gabriela Michetti u Horacio Rodríguez Larreta han sido evidentes.

En las elecciones legislativas en las que no compitió Macri, el desempeño de los candidatos del Pro fue modesto. Este año, la diferencia entre lo obtenido para la jefatura de Gobierno en julio y para la Cámara de Diputados en octubre fue de 30 puntos.

LOS QUE FUERON ABSORBIDOS

Otra causa de las dificultades de consolidación de las terceras fuerzas tiene que ver con los problemas que han tenido para no terminar inmersas y diluidas dentro de alguno de los dos grandes partidos a los que llegaban a desafiar. Pasó con el PI cuando se alineó tras el PJ; lo mismo con la Ucedé, cuando la plana mayor se encolumnó y formó parte del Gobierno de Menem. Años más tarde, el Frepaso terminó deglutido por la UCR y la pésima gestión de la Alianza. Y Acción por la República, el partido de Cavallo, también pereció por la última gestión de su líder en el Ministerio de Economía: de alguna manera también fue diluido por el efecto de la Alianza. La última causa de la no consolidación de las terceras fuerzas tiene que ver con que éstas se consolidaron como movimientos políticos meramente urbanos. El Pro no es la excepción y su principal desafío será formar cuadros propios en aquellos lugares en los que hasta ahora se ha montado sobre estructuras prestadas.

Por eso, Pinedo confirma que la estrategia central del armado político de su partido

será continuar la construcción nacional, y cree que a diferencia de las experiencias anteriores ellos no tienen el fantasma de una fuerza mayor que los pueda terminar fagocitando. Esgrime, además, que la figura de Macri ya ha demostrado en las urnas un liderazgo y una capacidad de transmitir volumen político a candidatos fuera de su distrito que le da buenos augurios a la fuerza.

(De la edición impresa)

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