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Equilibrismo cordobés

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22-12-2020
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Por Ramiro Albina

Las elecciones municipales de Río Cuarto del 29 de noviembre llamaron la fugaz atención de los principales medios nacionales. A pesar de haber sido una elección municipal, el gobierno nacional no se privó de enviar a tres figuras de primera línea. Santiago Cafiero, Eduardo “Wado” de Pedro y Grabriel Katopodis, llegaron a la provincia mediterránea para felicitar en persona al reelecto Juan Manuel Llamosas, en un ensayo de unidad del peronismo.

A diferencia de algunas interpretaciones que intentan analizar el acuerdo entre el Frente de Todos y el peronismo cordobés en clave futura, Gustavo Córdoba, consultor político y director de ZubanCórdoba sostiene que “es muy difícil proyectar hacia adelante y concluir que lo que pasó en Río Cuarto pueda reproducirse en la elección legislativa del 2021, y más riesgoso sería hacerlo para las elecciones provinciales de 2023. Dos o tres meses en la República Argentina hoy es ciencia ficción. Lo que sí creo es que se pusieron de acuerdo en festejar un triunfo que les viene bien a todos en el actual contexto. A Schiaretti por las dificultades económicas y al gobierno nacional para mostrar un triunfo que ellos consideran también propio porque tuvieron su aporte”.

Un equilibrio entre oferta y demanda

Gustavo Córdoba sostiene que un desafío de cara a la política nacional tiene que ver con que “no está claro si el gobierno de Córdoba por pragmatismo va a ir acompañando algunas políticas del gobierno nacional y en otras se va a desmarcar; pero está claro que hay una enorme dificultad que tiene que ver con que el electorado que votó a Schiaretti gobernador, no está compuesto exclusivamente de peronismo. Diría que aproximadamente el 50% es peronista y el otro 50% no lo es. Ese votante no peronista que votó a Schiaretti es un votante que ha votado a Mauricio Macri y es un votante asiduo a nivel nacional de Juntos por el Cambio”.

En una Cámara de Diputados donde el oficialismo nacional no tiene mayoría, y donde existe una paridad de fuerzas entre el Frente de Todos con 119 legisladores y Juntos por el Cambio con 115, los bloques más chicos representan un botín al que todos intentan convencer. Paradoja de la matemática política, los bloques con mayor poder en la Cámara de Diputados en las votaciones calientes son los más pequeños. Los cuatro diputados de “Córdoba Federal” (Carlos Gutiérrez, Claudia Márquez, Paulo Cassinerio, y Alejandra Vigo) forman parte de este pequeño universo de 23 que marcan hacia qué lado se inclina la balanza.

La estrategia política del peronismo cordobés reveló ser el equilibrio. El gobernador Juan Schiaretti tuvo el gesto simbólico de no firmar las solicitadas de los gobernadores referenciados en el oficialismo a favor de la reducción de la parte de coparticipación que le corresponde CABA, pero luego sus diputados votaron a favor de la medida. Al mismo tiempo, su bloque acompañó en la votación por el “impuesto a la riqueza” (con excepción de Vigo, que se ausentó), pero marcó diferencias en torno a la reforma de la justicia.

La persistencia de una identidad política

Desde que José Manuel de la Sota llegó a la gobernación de Córdoba en 1999, poniendo fin a la tradición radical que había gobernado desde 1983, el peronismo cordobés avanzó en un proceso de consolidación que ya lleva su sexto mandato consecutivo. “Creo que de manera indiscutible la sociedad política entre José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti, ha sido la razón del éxito durante 20 años de este proyecto del cordobecismo en manos del peronismo cordobés. No quiero olvidar la figura o el rol que ha tenido Carlos Caserio como una especie de fuelle o amortiguador en la relación entre estos dos grandes liderazgos.”, señala Córdoba.

La relación entre Schiaretti y de la Sota siempre ha llamado la atención, siendo que se trataba de dos figuras importantes con peso propio. De la Sota fue gobernador en tres ocasiones (1999-2003 / 2003-2007 / 2011-2015), y Schiaretti se encuentra cursando su tercer período (2007-2011 / 2015-2019 / 2019-2023). Gustavo Córdoba sostiene que “es muy interesante observar que esta relación entre ellos tiene muy pocos paralelismos. En general, desde la realidad política todo el mundo dice que es imposible que coexistan liderazgos tan fuertes. Me parece que el éxito de esta relación consistió en que ambos se respetaron mutuamente cuando les tocaba gobernar, y pasaban a una especie de segundo plano cuando a alguno de los dos no le tocaba gobernar. Me parece que esa relación fue muy madura y pragmática al mismo tiempo”.

El peronismo cordobés controla hoy 51 de las 70 bancas de la legislatura unicameral, así como también cuatro de las principales ciudades: Capital, Río Cuarto, San Francisco y Villa María. “Uno podría concluir, si no conoce en profundidad la situación de la provincia de Córdoba, que hay peronismo para rato; que el peronismo debería tener continuidad”, señala Gustavo Córdoba. Sin embargo, matiza este punto al señalar los desafíos políticos a los que el oficialismo cordobés se enfrenta: “considero que estamos en la puerta de una especie de fin de ciclo. La muerte de José Manuel de la Sota y de Mario Pereyra, las dificultades financieras y productivas de la provincia, hablan de un agotamiento dirigencial y veo como un factor de recambio en el poder político a dirigentes como Mario Negri, Luis Juez, Gustavo Santos, Ramón Mestre, que tienen niveles de conocimiento provinciales realmente altos. En cambio, en el peronismo la figura más importante es Martín Llaryora, intendente de la capital. El resto de las figuras proyectables del peronismo, como el intendente de Río Cuarto Juan Manuel Llamosas o el actual vicegobernador Manuel Calvo, todavía presentan algunas cuestiones que tienen que ver con el desconocimiento ante la opinión publica provincial como para ser tenidos en cuenta para protagonizar una pelea en el primer nivel. No obstante, falta mucho para el 2023 y creo que la tarea de ellos es hacerse conocer. Pero veo que, en términos de potencialidad, la oposición cuenta con figuras mejor posicionadas que el oficialismo provincial. Ese es un dato”.

Equilibrio. Con un ojo puesto en la arena nacional y otro en la realidad local, el peronismo cordobés continúa forjando su identidad en un Argentina agrietada.

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