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España reinicia: cambio social y elecciones de fin de ciclo

31-01-2015
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(Columna de Patricio G. Talavera)

España parecería, aupada por la crisis, caminar hacia la fragmentación y hacia gobiernos de coalición en todos los niveles

Con elecciones generales previstas para noviembre, España inicia un año político profundamente convulso con un calendario intenso y extenso. En primer lugar, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, anunció el adelantamiento de los comicios locales al próximo 22 de marzo. En el mes de mayo, el resto de España está convocada a votar sus autoridades, tanto a nivel autonómico (el equivalente a nuestras provincias) como municipal. Luego, el 27 de septiembre, el “problema catalán” conocerá un nuevo capítulo: para esa fecha el president Artur Mas convocó a elecciones locales. Todo esto como preludio de las elecciones generales, a celebrarse en la segunda quincena de noviembre.

TRES SOMBRAS DE BREY

Con seguridad, la economía será el eje de las elecciones del 2015 en España. El gobierno de Mariano Rajoy Brey exhibe la recuperación de la economía como mérito de gestión y como muestra indudable de que la crisis “es historia”. El discurso tiene su fundamento: 2014 terminó con la creación aproximada de 370 mil nuevos puestos de trabajo, frenando el ciclo de destrucción sistemática de empleo que caracterizó al período 2008-2013. El 2014 cerraría con una expansión del 1,3% del PIB, con 1,7% de crecimiento proyectado a 2015, el mayor de toda la eurozona.

Sin embargo, hay datos que obstaculizan el discurso electoral del PP, y que constituyen las tres “sombras” del gobierno de Rajoy: el desempleo, la pobreza y la deuda.En el primer caso, el desempleo alcanza el 23,7%, con un “paro” de 53% para los menores de 25 años. Según la OIT y la Comisión Europea, España tendría un desempleo de 21%, cuanto menos, hasta el 2020, una perspectiva peor que la esperada para Grecia. Con la caída de la prestación de desempleo más rápida que la baja del desempleo, ha proliferado la pobreza en vastos sectores urbanos, configurando la segunda “sombra”. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el riesgo de pobreza se ha mantenido alto mientras que la pobreza se expandido 37%. Los recortes han tenido severos impactos en la sanidad pública y la educación, con la tercera “sombra” no resuelta: la deuda. La relación deuda-PIB empeoró: por cada 100 euros que produce España, debe 97, consagrando una deuda total de más de un billón de euros, aumentando 350 mil millones en tres años. En ese escenario difícil se inserta Podemos.

¿PODREMOS?

La formación de Pablo Iglesias, luego de su inesperado avance en las elecciones europeas, ha iniciado un rápido despliegue hacia su institucionalización, aupado por el meteórico ascenso que proyectan las encuestas. Hoy, según la encuestadora Sigma 2, marca el 26,2% de la intención de voto para las generales, contra el 29,5% del Partido Popular (44,6% en las elecciones de 2011). El PSOE queda perfilado así como “partido de centro”, reemplazado por la izquierda Podemos, con el 19,4%, (28,6% en 2011). El bipartidismo, en situación análoga a la griega, reuniría apenas el 49% del electorado, cuando en 2008 reunía el 83%.

Pero Podemos no es Syriza: su contraparte griega tiene una larga trayectoria político-parlamentaria de más de diez años, mientras Podemos es una formación de nuevo cuño, con fuerte acento asambleario en sus prácticas. Eso también la distingue de otras experiencias latinoamericanas, como La Cámpora en Argentina, caracterizadas por sustentarse en estructuras ajenas más que en propias. La agrupación de Iglesias, en su intento de dar cauces partidarios a sus potenciales votantes, ve su crecimiento frenado en forma reciente por el surgimiento de internas, idas y venidas programáticas y denuncias cruzadas. Desde denuncias de irregularidades en el contrato de beca de uno de sus referentes, Iñigo Torrejón, hasta denuncias de fraude en las Asambleas de Vizcaya, todo ello coadyuvó a un estancamiento progresivo. Podemos se vio obligado a mutar su radical programa de las europeas, a otra más “nórdico”, como lo denominó el presidente de Telefónica, César Alierta. Por otra parte prevé concurrir a las elecciones locales no como agrupación sino como coalición con otras propuestas, como Guanyem Barcelona (de la líder antidesahucios Ana Colau).

Pero Podemos no es la única novedad en el escenario electoral. Por centroderecha, y ante el fracaso de la ultraconservadora Vox, Ciudadanos, de Albert Rivera, se lanzó nacionalmente, emergiendo como competencia fuerte por el voto de centro a Unión, Progreso y Democracia, el partido de Rosa Diez. Tanto él como Iglesias, llevan adelante apuestas “Catch-all”, que avanzan a grandes tajadas en el voto centrista, donde el PP tiene sus máximas pérdidas, rechazando el eje izquierda-derecha, lo que también lo distingue de la experiencia de Syriza. De hecho, Podemos ha absorbido a parte de la base militante de nada menos que el Partido Popular en Madrid, y constituye un desafío a los “nacionalismos periféricos” del País Vasco y Cataluña. En un escenario de creciente fragmentación y competencia por el voto centrista, el Partido Popular podría verse desplazado por tripartitos (PSOE-Podemos-IU) en Valencia, Extremadura, Castilla La Mancha y Madrid; se complejizaría la ya histórica tendencia a la fragmentación en Navarra, País Vasco y Cataluña. En un escenario con altos niveles de volatilidad y de conformación paulatina de un multipartidismo competitivo, el trasvase de electores se acelera, reduciéndose la fidelidad partidaria.

Con elecciones escalonadas, cada votación tendrá un impacto distinto y las variables identitarias agregarán mayor heterogeneidad al análisis, en el marco de un sistema electoral que sobrerrepresenta a la población rural ante la urbana. Luego de treinta y cinco años de conformación de un bipartidismo estable, España parecería, aupada por la crisis, caminar hacia la fragmentación y hacia gobiernos de coalición en todos los niveles como norma general. La partitura de la “música política” de los próximos años ya no podrá escribirla uno solo.

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