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Estado y oferta presidencial

23-06-2011
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(Artículo de Lucio Guberman publicado en la edición nº34)

Las opciones competitivas la conforman aquellos esquemas políticos con anclaje estatal.

Cuando Katz y Mair describieron la transformación de los partidos políticos de masas en partidos cartelizados trasladaron el eje de análisis de las relaciones de los partidos con la sociedad hacia las relaciones entre partidos y Estado. Si atendemos a la oferta presidencial que se está terminando de delinear en nuestro país, es visible la impronta del soporte estatal en la configuración de las opciones.

Un ejercicio de análisis inspirado en la creciente dependencia de las estructuras partidarias respecto del Estado se puede construir asignando chances electorales a los distintos competidores de acuerdo a la magnitud de su soporte estatal. Si se tomara esta variable como predictora del desempeño electoral, los frentes deberían ubicarse de más votado a menos votado en este orden:

-Frente para la Victoria, con la propuesta de reelección de la actual jefa de Estado apoyada por una amplia mayoría de gobernadores e intendentes.

-Frente Unión para el Desarrollo Social, que encabezará la UCR, con Unión Celeste y Blanca de Francisco de Narváez. El anclaje de la UCR en un Gobierno provincial y gran cantidad de gobiernos locales lo ubican lejos del Frente para la Victoria pero con ventaja sobre los demás competidores.

-Frente Amplio Progresista (FAP) del socialismo y el Gen que llevará a Hermes Binner como candidato a presidente y a Norma Morandini como vice. Más allá de acordar o romper con los socios electorales de Proyecto Sur y Unidad Popular ?como analizaremos más adelante?, el apoyo estatal lo aporta el socialismo desde la provincia de Santa Fe, pero no se extiende más allá de esa geografía.

-Compromiso Federal, que sostiene la candidatura del gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá ?con apoyo del Pro en algunas provincias? y del Partido Demócrata de Mendoza.

Prácticamente sin soportes estatales hay dos fórmulas presidenciales:

-Unión Popular, con la postulación de Eduardo Duhalde en alianza con el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) y la Democracia Cristiana.

-La Coalición Cívica, que competirá sin alianzas a nivel nacional sosteniendo la postulación de Elisa Carrió.

Si bien se trata de una simplificación salvaje a una única variable, arroja un ranking coincidente con el de la mayoría de las encuestas de intención de voto que empiezan a conocerse. Parece que la recuperación del Estado celebrada en los discursos oficialistas no sólo incide en las políticas públicas. La oferta política se está modelando considerando este dato central.

La reunificación de hecho del Partido Justicialista hegemonizada por el kirchnerismo,

la disolución del peronismo federal, el acuerdo Alfonsín?De Narváez y las decisiones

de Binner y Martín Sabbatella pueden entenderse a partir de allí.

Por eso es posible que las primarias, aunque legalmente no excluyan de la elección general a ninguno de los precandidatos, sí se constituyan en una primera vuelta “de hecho” si el electorado toma en cuenta los desempeños de las primarias para redefinir su voto en la general.

Y aquí vale un paréntesis. La prospectiva más reiterada es que el opositor más votado en las primarias se beneficiaría del voto útil de quienes querrán evitar la reelección presidencial. Sin embargo, la contracara de esta hipótesis es que parte de quienes tienen intenciones de votar a Duhalde, Binner y Rodríguez Saá tienen en Cristina

Fernández su segunda mejor opción.

Entonces si, como las encuestas indican, Ricardo Alfonsín resulta el precandidato opositor más votado detrás de la Presidenta esos electores de Duhalde, Binner y Rodríguez Saá podrían optar por un voto útil a favor de CFK de manera de alejar el escenario de un balotaje con Cristina y Alfonsín como protagonistas.

Las efímeras perspectivas innovadoras respecto del sistema de partidos, que contaban con las fracturas y reagrupamientos de peronistas y radicales siguiendo líneas ideológicas más “puras”, se desvanecieron en el aire. El conflicto agrario terminó acelerando la prevalencia del Estado y no alcanzó una dimensión refundacional de las identidades políticas argentinas.

Pasada la coyuntura, el Gobierno comenzó a recuperarse y la muerte de Néstor Kirchner acabó con el punto de reunión simbólico de la oposición. Quienes tuvieron esto claro desde los días de marzo de 2008 fueron Martín Sabbatella y los socialistas rosarinos. Elaboraron respuestas distintas pero fueron las dos usinas en las que se tuvo mayor claridad respecto de la evolución del sistema partidario argentino.

En ambas mesas progresistas se discutió cuánta oportunidad había a la izquierda del oficialismo y arribaron a conclusiones diferentes, no tanto por la valoración del kirchnerismo realizadas por unos y otros sino por las diferentes tradiciones y expectativas políticas de las coaliciones dominantes en esos espacios.

Si bien la experiencia del Frente Amplio uruguayo está en el imaginario de los de Morón y Rosario ?la etiqueta elegida por Binner para su candidatura presidencial es Frente Amplio Progresista? la práctica movimientista está cada vez más lejana al rumbo del socialismo. Una vez más en su historia ?como a mediados de los noventa?,

el socialismo tuvo la opción entre movimientismo y crecimiento orgánico partidario y se inclinó por esta última.

El desencuentro final entre los binneristas y Solanas tiene su raíz en la pretensión del PS de monopolizar la marca socialista y la no inclusión del Partido Socialista Auténtico dejaría sin “papeles” al PSA para futuras elecciones. Quienes pensaban en un Binner jugando a vice en un esquema de centroizquierda más amplio no acertaron a su lógica de construcción política, que pasa por constituir una fuerza parlamentaria: el socialismo pone en juego en octubre cinco de las seis bancas de diputados nacionales que ocupa.

La candidatura presidencial de Binner permite retener esa cantidad de escaños y aún ampliarlos. Tienen la vista puesta en el Estado, sólo que lo quieren semipresidencialista. A diez años de la crisis del 2001, que parecía poner a la sociedad civil como fuente de construcción de alternativas políticas, se despliega un escenario de proyectos de la sociedad civil sin fuerza suficiente para modelar siquiera parte de

la oferta política y las opciones competitivas las conforman aquellos esquemas políticos con anclaje estatal.

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