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Francia: ¿El turno de los socialistas?

08-03-2012
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Luego de 23 años, los franceses podrían volver a elegir a un candidato socialista para conducir al país durante el próximo lustro.

Los franceses irán a las urnas el 22 de abril y, muy probablemente, también el 6 de mayo, fecha asignada a la segunda vuelta electoral. El actual presidente, Nicolás Sarkozy, irá por su reelección, al frente de Unión para un Movimiento Popular (UMP). Enfrente estarán François Hollande, ungido candidato por la interna del Partido Socialista, que será el principal retador; Marine le Pen, que en 2011 asumió la presidencia del derechista Frente Nacional (FN) de su padre, Jean-Marie (que tuvo su momento de gloria entrando al balotaje en 2007) y el moderado François Bayrou, que obtuvo casi el 20% de los votos cinco años atrás. No será de la partida quien se especulaba, hace un año, que sería el candidato socialista: Dominique Strauss-Kahn.

A las elecciones previas, celebradas en abril de 2007, Sarkozy llegaba impulsado por su enérgica, y polémica también, labor en el Ministerio de Interior y su exposición en las protestas que se registraron en la periferia capitalina, aunque era un político conocido hace tiempo: fue vocero y ministro de Presupuesto, y luego de Comunicaciones, en los últimos años de la gestión de François Mitterrand (1993- 1995) y luego fue ministro de Interior (por un breve lapso, pasó a la cartera económica) entre 2002 y 2007, durante la gestión de Jacques Chirac. Su estilo peculiar, hiperactivo y algo arrogante, atrajo a muchos franceses. Ese año, obtuvo 18,9 millones de votos. Su llegada al Palacio del Eliseo generó mucha expectativa.

El marco en el que arriba a la pelea por su continuidad es otro: ahora llega como presidente, con cinco años de gestión a cuestas. Perdió una buena parte de su capital político. Como a muchos de sus colegas europeos, la crisis económica, que comenzó a hacer efecto hacia finales de 2008, los puso a la defensiva y les alteró la agenda. Como en 2007, el premio mayor se decidirá entre Sarkozy y los socialistas, indican las encuestas. ¿Podrá Hollande lograr lo que la anterior candidata socialista, y también su ex esposa, Ségolène Royal, no pudo?

Es muy improbable (casi imposible) que supere el 50% de los votos el 22 de abril, pero lleva la delantera en las encuestas y, también, entre los votantes de Bayrou y Le Pen en un eventual balotaje. Hace 23 años que los franceses no eligen un presidente socialista.

Hollande, que le ganó la interna socialista a Martine Aubry, tiene un discurso muy crítico hacia el oficialismo, y aseguró que revisará algunas de las políticas medulares del actual mandatario. Planteará la elección como un referendo de la gestión Sarkozy y centrará sus críticas en el elevado desempleo, de aproximadamente 10% y el mayor endeudamiento del Estado. “Mi principal enemigo es el mundo de las finanzas”, dijo. También Hollande es muy crítico de la forma en que Europa (básicamente, Merkel y Sarkozy) ha manejado la crisis de deuda. Por eso, en un gesto inusual, la canciller alemana, Angela Merkel, anunció públicamente en una conferencia de prensa en París, junto a Sarkozy, que apoyaba su intento reeleccionista. Temerosa, quizás, de que Hollande patee el tablero del delicado equilibrio regional si triunfa. La canciller teutona apeló al ideario conservador que comparte con su par francés para explicar su “natural” (Merkel dixit) apoyo.

Si pierde, Sarkozy acompañará a Valéry Giscard d'Estaing en el grupo de mandatarios de la Quinta República que fracasaron en su reelección. No logrará su reelección, como lo hicieron François Mitterrand y Jacques Chirac en su momento. Pero aún falta. El actual presidente, hábil orador, buscará centrar la campaña en su experiencia y su capacidad para aislar a Francia de los coletazos de la crisis del euro, algo que es objetivamente discutible. “En Francia no hemos visto la desesperanza y la violencia que ha surgido en países cercanos. No hemos sido barridos por una crisis de confidencia”, dijo hace poco. “La France Fort (Una Francia fuerte)” es el eslogan de campaña, con claros ribetes nacionalistas.

Algunos analistas destacan la ausencia en los discursos presidenciales de la necesidad de Francia de hacer reformas estructurales. Si bien es cierto que Francia capeó la crisis mejor que Grecia, España y muchos otros países, tampoco tiene las fortalezas de Alemania. Su Estado de Bienestar, ejemplar en muchos sentidos, es insustentable. Actualmente, el gasto público (gran parte del cual se destina a financiar ese Estado de Bienestar) representa el 56% del PIB, uno de los guarismos más altos del mundo. Cuando Sarkozy promovió la suba en la edad jubilatoria, las calles de Francia explotaron de gente. El Estado necesita reformar el sistema y la gente no quiere dar el brazo a torcer en las conquistas conseguidas. Francia deberá encontrar un nuevo equilibrio y no será una tarea fácil. Hacerlo en un momento de crisis, como el actual, es más complicado políticamente.

Otro debate importante que vendrá será el vinculado a la inmigración.

(De la edición impresa)

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