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Gabinete y poder electoral

12-12-2011
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Gerencialismo y lealtad política, y no votos, son las cualidades principales de los ministros.

El gabinete que eligió Cristina Kirchner para la inauguración del tercer gobierno K demuestra, nuevamente, un apego a la continuidad y el cambio gradual como pautas para la selección de los colaboradores del Poder Ejecutivo. No podemos decir que sea más cristinista ni menos nestorista que antes: los principales funcionarios de las gestiones K siguen allí. Algunos de ellos, los incólumnes desde el 25 de mayo de 2003, ya cumplen el récord de días consecutivos al frente de sus carteras de la historia democrática argentina: Julio De Vido, Carlos Tomada y Alicia Kirchner -ella unos meses menos, ya que había dejado su cargo para asumir en el Senado en 2005?.

Habría que sumar a esta lista a Carlos Zannini, secretario de Estado con rango ministerial. De los 16 ministros (15 más el jefe de Gabinete), sólo 3 son nuevas designaciónes, 2 de las cuales ya ocupaban cargos de secretarios de Estado. Sale, con este ligero recambio, el último ministro heredado del duhaldismo, Aníbal Fernández,

quien hasta ahora ostentaba el récord de permanencia ininterrumpida en el gabinete.

Las marcas de Carlos Corach y Domingo Cavallo habían sido superadas. Pese a que los cambios son pocos en apariencia, hay una tendencia que se profundiza en el nuevo cuadro ministerial y que vale la pena señalar, porque algo indica acerca del perfil del Gobierno de Cristina para los próximos cuatro años: es el gabinete con menor poder electoral en mucho tiempo.

Gerencialismo y lealtad política, no votos, son las cualidades principales de los ministros de la Presidenta. Los que salen, Aníbal Fernández y Julián Domínguez, fueron intendentes bonaerenses con elecciones legislativas en su haber. Extendiendo el análisis hasta la vicepresidencia, sale Julio Cleto Cobos, un ex gobernador. Y son

reemplazados por funcionarios sin pasado electoral. En el panorama son pocos los que cuentan, en su currículum, con unas elecciones ganadas a nivel ejecutivo (que es, en nuestra cultura política presidencialista, la vara de medida del poder electoral).

Arturo Puricelli, décadas atrás, ganó las elecciones de gobernador en Santa Cruz. Juan Manzur fue electo vicegobernador de Tucumán, acompañando la reelección de Alperovich en 2007, aunque estuvo poco tiempo en el cargo. El más destacado en el campo electoral es Julio Alak, varias veces intendente de La Plata.

A nivel legislativo, también son pocos los que participaron en y ganaron elecciones. La

más destacada, sin dudas, es Nilda Garré: fue elegida diputada nacional 4 veces (en 1973 por el Frejuli, y en 1993, 1999 y 2001 por el Frepaso). Randazzo, Alicia Kirchner y De Vido tuvieron breves pasos por legislaturas, pero su trayectoria está asociada a sus cargos en gabinetes provinciales y nacionales. Norberto Yahuar, el nuevo ministro de Agricultura, y Carlos Tomada, quienes también hicieron sus carreras políticas como funcionarios ejecutivos, fueron candidatos sólo una vez, y perdieron.

El resto, en cambio, nunca fue candidato electoral: Juan Manuel Abal Medina (JGM),

Hernán Lorenzino (Economía), Héctor Timerman (Relaciones Exteriores), Alberto Sileoni (Educación), Lino Barañao (Ciencia y Tecnología), Débora Giorgi (Industria) y Enrique Mayer (Turismo), además del mencionado Zannini, hicieron sus carreras políticas como funcionarios designados (Timerman hizo, años atrás, una fugaz incursión electoral como candidato a diputado por el Ari, pero en un puesto relegado en la lista, con lo que es apenas relevante para su trayectoria). En suma, un ex intendente platense y una ex diputada nacional frepasista son los ministros más electoralizados. A ello deberíamos sumar el mencionado caso de Amado Boudou, el primer vicepresidente que nunca antes se había medido en las urnas.

Esto puede indicar diferentes cosas. Por un lado, el predominio de funcionarios sin

pasado electoral podría hablar de un estilo más orientado a la gestión tecnocrática que

a la negociación con los bloques legislativos o la interna partidaria. En tiempos de “sintonía fina”, parece lógico. No obstante, también es cierto que estos funcionarios están íntimamente ligados al kirchnerismo. Es el gabinete más homogéneo y uniforme desde 2003. Esto refleja tanto una preferencia personal por la lealtad de parte de la Presidenta, marcada a fuego por la experiencia del período 2007-2011 y la decepción de Cobos, como las relaciones de fuerzas a la luz del 54% de los votos y las mayorías legislativas, que no requieren negociar ni equilibrar las decisiones de política.

La falta de cursus honorum electoral de los colaboradores, en nuestra cultura política populista, es un indicador también de la centralidad que asume la Presidencia, y que resguarda para sí misma: ella es la única dueña de los votos.

(De la edición impresa)

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