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Internas del PJ rionegrino: quién gana y quién pierde

15-09-2014
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(Columna de María Esperanza Casullo)

El senador Pichetto fue el gran ganador de las internas del domingo 7, pero no el único. Weretilneck, tras su paso al massismo, fue el gran perdedor

La provincia de Río Negro vive una crisis política. O, para ser exactos, la provincia de Río Negro vive en estos días una nueva fase de la crisis que se desencadenó como una avalancha el 1° de enero de 2012, cuando el gobernador peronista Carlos Soria fue asesinado a sólo pocos días luego de haber asumido.

Carlos Soria había llevado al peronismo a la victoria en la provincia luego de treinta años de hegemonía radical; luego de su asesinato, fue sucedido en el cargo por su vicegobernador, Alberto Weretilneck, intendente de Cipolletti, del FREPASO. En los primeros meses del nuevo gobierno, el PJ provincial se esforzó por hacer gestos de unidad y por sostener al gobernador, sin embargo, las tensiones internas entre los dirigentes del peronismo provincial y un gobernador que resultaba en gran medida ajeno al partido no tardaron en estallar. A pocos meses de asumir se produjo un conflicto en Bariloche, el gobernador Weretilneck acusó al senador Miguel Angel Pichetto y al intendente de Roca, Martín Soria de boicotear su gestión. Soria y Pichetto por su parte no ocultan que consideran que el próximo gobernador rionegrino debería ser un peronista puro; óptimamente, uno de ellos.

En este contexto, Alberto Weretilneck tomó recientemente una decisión osada y anunció públicamente su apoyo a la candidatura presidencial de Sergio Massa: esto resultó un verdadero lanzamiento de guante al peronismo provincial. A esto le siguió una ola de renuncias en su gabinete (varios ahora ex funcionarios cercanos al gobernador sostuvieron públicamente que éste no los consultó antes de expresar su apoyo a Massa; tal vez haya allí algo que tiene que ver con la cultura política del Frepaso, ya que igual reproche hicieron personas cercanas a Chacho Alvarez cuando éste renunció a su cargo de vicepresidente), el nombramiento de un nuevo vicegobernador a pedido del gobernador y una especie de guerra ya abierta entre el “albertismo” y el peronismo orgánico. Luego de la ruptura, el gobernador se ha acercado además a la UCR, ya que no tiene otra opción que intentar gobernar en la Legislatura con votos radicales.

En el medio de todo esto, la provincia de Río Negro vivió el pasado domingo 7 las elecciones internas del Partido Justicialista. Sin duda, el gobernador fue el perdedor, sobre todo las derrotas en Viedma (donde encabezaba la lista el vicegobernador Pedro Pesatti) y en Bariloche. Se impone la pregunta de por qué Weretilneck no esperó para anunciar su pase al massismo hasta luego de las internas, o bien, en su defecto, no renunció a participar en ellas. Saltar al massismo para luego competir en las internas del PJ parece, tal vez, la peor opción. Ahora bien, a la hora de decir quién ganó en las internas, la situación es más compleja.

El primer dato para analizar la complicada política rionegrina es lo que Silvio Winderbaum llamó la “fragmentación espacial organizada” de Río Negro. En esta extendida y poco poblada provincia, la variable geográfica es tanto o más importante que la partidaria para comprender el sistema político. Poblacional y políticamente, la provincia no es una, sino más bien cuatro: la zona frutícola del valle del Río Negro, la zona andina de Bariloche y El Bolsón, la zona atlántica de Viedma, y la amplia y despoblada Línea Sur. En Viedma se concentra la administración del Estado pero no la fortaleza electoral ni la actividad económica; los gobernadores en general han provenido de ciudades del valle porque allí vive gran parte de la población y la elite frutícola. La ciudad más poblada de la provincia, Bariloche, ha estado sin embargo más “desconectada” del resto por razones históricas (entre otras, porque el Estado Nacional tuvo mucho que ver con su desarrollo.)

La clave es que la base de poder de cualquier dirigente rionegrino debe ser territorial, y este poder territorial no “viaja” necesariamente a otras partes de la provincia (ya que existen además desconfianzas cruzadas entre las regiones). Todos los arreglos políticos provinciales reflejan un complejo sistema de equilibrios y disputas entre intendentes y líderes territoriales. Por ejemplo, los gabinetes de los gobernadores tradicionalmente deben incluir ministros de forma proporcional a las regiones. El ascenso de Carlos Soria tuvo mucho que ver con que, por características políticas y personales, pareció que podría romper la “fragmentación espacial” bajo un liderazgo en gran medida carismático; sin embargo, esta promesa quedó trunca.

Entonces, a la pregunta “quién ganó” puede contestarse: en estas internas ganaron todos los oficialismos locales, con excepción de la lista del gobernador. Pero hay que tener cuidado con sumar resultados a nivel provincial indebidamente.

El primer ganador de la interna fue, sin duda, Miguel Angel Pichetto, quien se confirmó como el principal dirigente provincial del PJ. Pichetto ganó ampliamente en Sierra Grande, su ciudad, y también en Viedma. Sin embargo, hay que señalar que también dominó ampliamente Martín Soria (hijo de Carlos) en General Roca. Igualmente tuvo un espaldarazo la intendenta de Bariloche, María Eugenia Martini, quien en un eco del tema de la fragmentación espacial dijo al diario Río Negro del martes 9 que “Bariloche va a estar por primera vez en la mesa de conducción provincial, donde las decisiones se repartieron siempre entre el Valle y la zona atlántica”. También ganaron intendentes de otras ciudades como Villa Regina, Río Colorado y Choele Choel, que tendrán expectativas de competir por cargos provinciales.

O sea, en estas internas no hubo un solo ganador, sino que ganaron dirigentes que en gran medida competirán entre sí en las elecciones internas que se vienen para determinar el candidato a gobernador. Por caso, Soria ya adelantó que quiere competir por la gobernación.

La pregunta es si el peronismo podrá resolver sus candidaturas sin que esto introduzca aún mayor conflicto. No han quedado atrás, entonces, las turbulencias; no cabe duda de que el trayecto al 2015 será problemático (más aún si computamos las acciones del gobernador y de la UCR). Si el PJ rionegrino puede comprometerse a resolver la competencia que se avecina mediante las internas abiertas, sería positivo como manera de lograr una solución institucionalmente legítima.

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