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La agenda internacional del papa Francisco

08-12-2014
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(Columna de Tomás Múgica)

La garantía de la libertad religiosa y el diálogo entre religiones como freno a los fundamentalismos constituye una de sus prioridades

Las recientes visitas del papa Francisco al Parlamento Europeo y a Turquía ofrecen una oportunidad de reflexionar acerca de su visión de las cuestiones internacionales y la agenda de su papado en ese ámbito. La búsqueda de una solución pacífica a los conflictos internacionales; la garantía de la libertad religiosa y el diálogo entre religiones como freno a los fundamentalismos y la reforma del orden económico internacional, constituyen sus prioridades.

Las posiciones de Francisco se expresan claramente en su Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, que puede ser leída como una especie de programa para su pontificado. El pensamiento del Papa también puede rastrearse en el Documento Final de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Aparecida en 2007, cuya comisión redactora presidió el entonces cardenal Jorge Bergoglio. Más allá de los énfasis personales, la visión de Francisco no se desarrolla en el vacío, sino que está enraizada en la doctrina de la Iglesia Católica, especialmente enla Doctrina Social, desarrollada a partir de finales del Siglo XIX, cuyas principales expresiones son las encíclicas sociales de los Pontífices y los documentos del Concilio Vaticano II (1962-1965), hito histórico que marcó el inicio de un diálogo más fluido entre la Iglesia y el mundo moderno. De manera esquemática, podríamos decir que la Doctrina Social combinaposiciones progresistas en materia económica y social con conservadorismo en materia cultural. Por ponerlo con ejemplos: oposición al capitalismo salvaje por un lado y estricta defensa de la vida desde la concepción por el otro.

Más allá de las posiciones doctrinales, Francisco es consciente de que el principal capital político ?y por tanto su capacidad de influir en los asuntos mundiales? de la Iglesia Católica es el prestigio que deriva de su autoridad moral (una forma de “poder blando”). La línea que ha seguido hasta el momento en cuestiones como las finanzas vaticanas y los abusos sexuales por parte de sacerdotes ha permitido recomponer al menos parte de esa autoridad.

La búsqueda de una solución pacífica a los conflictos internacionales es uno de los ejes de la agenda del Papa, que viene mostrando un notable activismo diplomático. Al respecto, el conflicto en Oriente Medio es el que ha recibidomayor atención por parte del Vaticano. Baste recordar el viaje de Francisco a Tierra Santa en el mes de mayo y su posterior invitación a líderes judíos y palestinosa Roma, para orar juntos por la paz; también su carta a los líderes del G-20, en ocasión de la Cumbre de San Petersburgo en junio del 2013, pidiendo evitar una invasión a Siria. La reciente visita a Turquía ?fronteriza con Siria y a las zonas controladas por el Estado Islámico (EI) y considerada un puente entre Oriente y Occidente? busca ser un nuevo gesto en favor de la paz en la región.

La posibilidad de la paz está íntimamente relacionada con otras cuestiones. En primer lugar, la defensa de la libertad religiosa y el diálogo interreligioso, entendidos como un freno al fundamentalismo. La defensa de la libertad religiosa ha sido tradicionalmente un tema central en la agenda de la diplomacia vaticana, especialmente en lo que refiere a la situación de las minorías cristianas en países no cristianos, como es el caso del mundo árabe y China. Francisco continúa esa línea. Su principal preocupación actual pasa por la situación de los cristianos en Oriente Medio, especialmente en las zonas controladas por el EI. Dicha libertad debe ir acompañada del diálogo ecuménico ?entre cristianos de distintas confesiones? e interreligios ?con los cultos no cristianos. Su visita a Turquía? durante la cual se reunió con el Patriarca Bartolomé I, primado de las Iglesias Ortodoxas, y rezó en la Gran Mezquita de Estambul junto al Gran Muftí de esa ciudad, ha marcado un nuevo paso en esa dirección. Libertad y diálogo entre religiones, entonces, deben contribuir a frenar el avance de los fundamentalismos. En esa línea, el Papa señaló en Turquía que “es preciso contraponer al fanatismo y al fundamentalismo? la solidaridad de todos los creyentes, que tenga como pilares el respeto de la vida humana[ y]de la libertad religiosa, que es libertad de culto y libertad de vivir según la ética religiosa?”.

La paz se sustentatambiénen la lucha contra la pobreza y la desigualdad, otro punto central de la agenda del Papa. En la“Evangelii Gaudium”, Francisco reafirma la opción preferencial de la Iglesia por los pobres, señalando que la pobreza es producto de un orden económico injusto. Al igual que Juan Pablo II y Benedicto XVI, articula una posición crítica frente a lo que percibe como un capitalismo sin frenos éticos, basado en la idolatría del dinero. Rechaza explícitamente la “teoría del derrame” y llama a construir una economía centrada en la persona. Con especial énfasis, condena el predominio de la especulación financiera por sobre las actividades productivas, señalando que entre las mayores agresiones a los ciudadanos se cuentan “los abusos en el sistema financiero, tales como las transacciones que condujeron a la crisis de 2008, y en particular a la especulación desligada de vínculos políticos o jurídicos, y a la mentalidad que ve en el máximo beneficio el objetivo final de toda actividad económica” (Carta al Primer Ministro de Australia en ocasión de la Cumbredel G-20 en Brisbane). Llama, por tanto, a una regulación más estricta de los mercados financieros, que asegure mayor transparencia y equidad. Afirma además la necesidad de solidaridad del mundo rico con los países más pobres, que debe ponerse de manifiesto en nuevas reglas para el comercio internacional y los movimientos migratorios. Sobre este último tema, Francisco llamó al Parlamento Europeo a evitar que “el Mediterráneo se convierta en un inmenso cementerio”.

Claro que la solución de los problemas comunes requiere un profundo cambio de enfoque, en un debate político dominado por posturas tecnocráticas. En su mensaje al Parlamento Europeo, en el que ha llamado a revitalizar las instituciones de la UE, evitando que se convierta en una burocracia sin alma al servicio del poder económico, Francisco señala que “se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica”. En verdad, gran parte de la actividad internacional del Papa está orientada a sacudir la discusión política, buscando “un cambio valiente de actitudes, que devuelva a la finalidad (la persona humana) y a los medios (la economía y la política) el lugar que les es propio” (Carta a David Cameron en ocasión de la Cumbre del G- 8). Suena interesante.

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