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La alegría es sólo brasileña

19-10-2014
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(Columna de Facundo Cruz, politólogo y docente de la UBA / @facucruz)

Los brasileños han preferido mantenerse fieles a sus partidos políticos tanto en elecciones presidenciales como legislativas. Desde mediados de la década del '90 hasta la fecha, el PT y el PSDB han dominado y polarizado la escena política.

La primera ronda de las elecciones generales en Brasil celebrada hace menos de un mes silenció a propios y extraños. Todos esperaban la sorpresa. La tercera vía. Romper el aburrimiento de los mismos de siempre. Pero Brasil no sorprende. Al menos políticamente hablando. Coincidimos con Andrés Malamud.

Así ha sido en los últimos veinte años. La estabilidad no es sólo económica. También es política. Acá lanzamos la primera idea. El gigante sistema político sudamericano ha alcanzado cierto estado de solidificación: un lento proceso que tuvo una primera etapa donde amplias proporciones de votos cambiaban de elección en elección y de partido en partido como si fuera una feria florentina a una segunda etapa caracterizada por un sistema de coaliciones estables y estabilizantes del mismo sistema que las produjo.

La segunda idea. Las elecciones generales celebradas en octubre no arrojaron grandes cambios en el sistema político brasileño. Son, antes que nada, la continuación de lo vivido en las últimas dos décadas. Por eso no hay que apurarse a sacar conclusiones apresuradas. Tenemos que ver los datos. No tema, pueden sorprenderlo. La Tabla Nº 1 sintetiza todo lo que analizaremos en estos párrafos. Luego vamos a los detalles.

BAJANDO LA VOLATILIDAD

La volatilidad electoral nos dice mucho de un país, de sus partidos, de sus electores y de sus políticos. Concretamente, podemos saber en qué medida los electores mantienen su voto por el mismo partido en elecciones consecutivas para determinados cargos electivos en juego o si, en cambio, prefiere elegir a otro: un valor alto es sinónimo de inestabilidad, uno bajo de estabilidad.

Si prestamos atención al Gráfico Nº 1, podemos ver cómo con el correr de los años, los brasileños han preferido mantenerse fieles a sus partidos políticos tanto en elecciones presidenciales como legislativas. El salto es abrumador en la competencia por el Palacio del Planalto: de valores por encima del 70% a principios de los '90 evolucionó a valores inferiores al 30% en las últimas dos elecciones. En la competencia por las bancas legislativas el índice es incluso inferior. El Brasil del Siglo XXI es más chileno y uruguayo. Más europeo.

Gráfico Nº 1. Volatilidad Electoral Presidencial y Legislativa, Brasil (1986-2014).

Fuente: elaboración propia en base a datos Tribunal Superior Electoral (Brasil) y Cámara de Diputados (Brasil).

De modo que no sólo tenemos pocos cambios en el comportamiento electoral de los brasileños sino que también los partidos siguen siendo los mismos. Menuda coincidencia: desde mediados de la década del '90 hasta la fecha, el PT y el PSDB han dominado y polarizado la escena política. Dado que siguen siendo los mismos, la competencia política se hace más atractiva. Esto lo vemos reflejado en el aumento de la competitividad electoral. Esto es, la distancia de votos presidenciales o bancas legislativas que hay entre el primero y el segundo: a menor distancia más competencia y a mayor distancia menor competencia. Observando la Tabla N° 1 nuevamente, podemos ver que los candidatos presidenciales brasileños han estado muy cerca uno del otro, especialmente en las últimas cuatro elecciones (PT vs. PSDB). En la Cámara de Diputados la distancia entre la primera bancada y la segunda se ha reducido a márgenes mucho menores, casi mínimos.

AUMENTANDO LOS COMPETIDORES

Paradójicamente, mientras más se ha estabilizado el sistema político brasileño, más complejo y heterogéneo se ha vuelto. Esto se debe a que una mayor cantidad de cargos públicos en juego (ejecutivos y legislativos tanto nacionales como estatales y municipales) se ha repartido entre una mayor cantidad de partidos políticos. Acá es donde se separan los caminos de la competencia presidencial y de la competencia legislativa. No podríamos ser más gráficos. Este particular fenómeno se aprecia si prestamos atención al Número Efectivo de Partidos Políticos (NEP) [1]: con el correr de los años mientras que la competencia presidencial se ha concentrado en unas pocas candidaturas relevantes, las bancas legislativas se han repartido entre una mayor cantidad de partidos políticos. Pocos presidentes y muchos diputados.

No es un tema para nada menor. Si tomamos las últimas cuatro elecciones legislativas, Brasil puede caracterizarse como un sistema partidario altamente fragmentado, con valores cercanos (o superiores) a 10 partidos que ingresan en el recinto. Lo peor de Sartori. Un infierno de gobernabilidad en puerta. Pero los líderes políticos han encontrado el cielo: el de las coaliciones. Tanto el PT como el PSDB han aprendido a construir coaliciones electorales amplias en torno a su propia candidatura presidencial y acompañados por una multiplicidad de pequeños y medianos partidos políticos. Muchos de los cuales hasta confunden con sus nombres. Precisamente es el PT el que ha sabido huir del infierno. Durante los mandatos 2002- 2006 y 2006-2010 ha logrado que su coalición electoral se convierta en legislativa y de gobierno (gabinete), integrando una amplia cantidad de socios que lo colocaron por encima del mínimo necesario para aprobar sus proyectos de ley (50% de cada cámara). Una coalición sobredimensionada. En eso aprendió del PSDB, a quien no le fue tan bien sobre el final de sus mandatos 1994-1998 y, sobre todo, 1998-2002. En ambos períodos fue perdiendo diputados y senadores en el Congreso Federal a medida que se acercaba un nuevo proceso electoral. El que se quema con sus socios, ve un aliado y llora.

Gráfico Nº 2. Número Efectivo de Partidos (NEP) Presidencial y Legislativo, Brasil (1986-2014).

Fuente: elaboración propia en base a datos Tribunal Superior Electoral (Brasil) y Cámara de Diputados (Brasil).

PRESIDENCIALISMO A LA BRASILEÑA PARA AMBOS

¿Por qué escribimos estas líneas ahora? Porque todavía no está definida la competencia presidencial. Y con estos datos, podemos evaluar posibles escenarios futuros. Para no errarle. Si Dilma Rousseff (PT) gana en la segunda vuelta, reeditará la solución que tan bien le ha resultado a su coalición los últimos mandatos: sobredimensionarla. Hoy en día, tiene casi 60% de la Cámara de Diputados y 65% del Senado. En su anterior mandato fueron casi 70% en ambos recintos. En cambio, si Aécio Neves (PSDB) lo hace, deberá aprender de ella. Aunque no le guste. Cuenta al momento con casi 25% de los diputados y 23% de los senadores. Si, tal como declararon públicamente, los aliados de Marina Silva (PSB, la tercera en discordia) se suman a su coalición legislativa, Neves apenas superaría el 30% en cada cámara. Infierno en puerta. Deberá, entonces, apelar a los aliados derrotados de Dilma (¿PMDB?). Sin excusas ni vueltas. Para no tomar Collor. Pero no queremos volverlos tan locos (ahora). Dejémoslos disfrutar de la alegría. Unos días más.

[1] El NEP mide la cantidad de partidos políticos que compiten por un determinad cargo en juego (presidencial o legislativo) ponderado por la proporción de votos que obtiene.

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