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La Alianza del Pacífico y la unidad latinoamericana

26-07-2012
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(Columna de opinión de Iván Petrella, director académico de la Fundación Pensar)

El ambicioso proceso de integración de la AIP es una oportunidad que la Argentina debería aprovechar.

Simón Bolívar soñaba con una América Latina unida cuando afirmaba que “la unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres, sino inexorable decreto del destino”. Hoy, ese sueño encuentra una nueva expresión con la Alianza del Pacífico (AIP) que han conformado Chile, Perú, Colombia y México. El pasado 6 de junio se reunieron en Chile los presidentes de los cuatro países para dar comienzo a la IV Cumbre en la que firmaron su acta constitutiva. Asimismo, asistieron como observadores representantes de Japón, Australia, Canadá, Costa Rica y Panamá, los dos últimos países que buscan ingresar al grupo.

El objetivo principal de la alianza es crear una plataforma, sobre la base de los acuerdos comerciales bilaterales existentes entre los estados parte, desde donde relacionarse con el Asia-Pacifico, región que, según muchos analistas, será el eje de la economía mundial en el futuro. Para lograrlo, la alianza busca profundizar la integración política, económica, social y cultural entre los países a través de la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.

Un punto importante de la Alianza es que no se basa en divisiones geográficas poco útiles. No excluye, como Unasur, a los países de Centroamérica o Norteamérica con quienes pueden existir afinidades económicas, políticas y culturales. Al respecto, cabe notar que ni Colombia, ni Perú, ni Brasil ?su principal impulsor? limitan su ambición de entablar acuerdos políticos, militares y comerciales con países más alla de la subregión enmarcada por Unasur.

La alianza surge, además, como una alternativa a proyectos coyunturalmente más proteccionistas, tales como el Mercosur. Por el contrario, es una unión que busca una inserción mayor en el mundo.

Tres de los integrantes ? Chile, Colombia y Perú ?, todos países calificados con grado de inversión, ya han tomado medidas para unir sus Bolsas de valores y crear el Mercado Integrado Latinoamericano (MILA). Estas tres Bolsas unidas tienen una capitalización de mercado de aproximadamente US$ 720.000 millones y se estima que tendrán un volumen diario de operaciones de US$ 300 millones. Por su parte, México ha firmado un acuerdo con la intención de unirse. La relevancia de la alianza se hace evidente al repasar algunas estadísticas. Los cuatro países miembro generan un Producto Interno Bruto (PIB) de US$ 1,4 billones, lo que equivale al 35% del total de América Latina, y representan el 55% de las exportaciones de la región al resto del mundo. Además, se espera que este año el promedio de crecimiento de los países de la alianza sea superior, no sólo al promedio de crecimiento mundial, sino al de América Latina.

Ante la posición estratégica que busca ocupar esta alianza en las relaciones de América Latina con el mundo debemos preguntarnos cuál debería ser la postura de la Argentina. ¿Podemos darnos el lujo de quedarnos afuera? Antecedentes históricos no faltan ya que la Argentina sostuvo siempre la necesidad de un hemisferio unido. Así propuso, por ejemplo, el ingreso de Canadá y de los países caribeños a la OEA, mientras que la ruta Uruguayana-Paso de los Libres hacia Antofagasta, en el Pacifico, también fue una iniciativa argentina. La solución de los 24 problemas limítrofes con Chile apuntaban precisamente a abrir un espacio para la Argentina y para el Mercosur hacia el Pacífico por territorio argentino y chileno. Ambos demuestran una aspiración de darle al país una vocación hemisférica y al Mercosur una vocación asiática.

¿Por qué no revivir esa filosofía? Una posibilidad es que la Argentina se incorpore como observador en representación de Mercosur hasta que las condiciones estén dadas para integrar los bloques, o integrarse como miembro pleno.

(De la edición impresa)

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