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La casa vacía

Casa-Rosada5
Federico Recagno 22-12-2020
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Por Federico Recagno (*)

Fin de año. Tiempo de los clásicos balances. Los contables reflejan situaciones económico-financieras de las organizaciones en un determinado momento. Pero también las personas físicas hacemos nuestros balances individuales. Tal vez en nuestro cumpleaños, o en los aniversarios o en el instante en que el período anual concluye.

Revisamos qué fue lo que nos pasó, qué proyectos cumplimos, cuáles no. Los hechos positivos y negativos que tuvo el año. Cómo transcurrió nuestro trabajo, qué pasó con nuestros afectos, nuestros estudios, nuestra salud, en definitiva, nuestros resultados.

Todos los balances, los personales y los contables, esconden algunas subjetividades. Un balance no es, precisamente, un examen de conciencia. A la hora de la elaboración no queremos ser tan duros con nosotros mismos. Se elude, muchas veces, lo que se puede eludir.

El gobierno ha cumplido un año y, también aquí, es oportuno realizar un balance. Las subjetividades de lo partidario o las ganas de que las cosas sean como no son harán que el arqueo se vea con las cifras que más convengan. No se trata de la letra chica, se trata de números aumentados o empequeñecidos según el propio provecho.

Para algunos, las cantidades que cuentan serán las de las encuestas de aprobación, para otros los resultados de las pruebas PISA de educación, la cuantía de la pobreza, o los números de años que puede contener una sentencia desfavorable. El balance que cada uno haga del gobierno no puede eludir la pandemia ni sus consecuencias, pero tampoco se deben ocultar detrás de ella los malos resultados de la gestión en diversas áreas.

La positiva expectativa despertada el 10/12/2019, como todo gobierno recién electo por mayoría, encerraba, para gran parte de los analistas políticos, una oportuna duda: el funcionamiento de los tres componentes del Frente de Todos. El mayoritario kirchnerismo; el minoritario, pero necesario, Frente Renovador y el tradicional y variopinto peronismo, de varias provincias e intendentes.

Elegido por el kirchnerismo como prenda de unión, el Presidente inició su camino con pocos funcionarios escogidos por él en puestos de alta decisión y/o recaudación. A poco de andar y haber declarado que no creía en los planes se desató, frenéticamente, la pandemia en el hemisferio norte. Los primeros titubeos del Ministro de Salud luego dieron paso a una conducción firme del Ejecutivo implantando la cuarentena junto a toda la dirigencia política.

Pero la autoridad que había logrado dentro y fuera de su coalición se fue desdibujando con la insistencia de un aislamiento total, sin otras ideas, y con la irrupción de las urgencias miopes del soporte kirchnerista. A saber, Vicentín, reforma judicial, tomas de propiedades, quita de fondos a la Ciudad de Buenos Aires, transferencias exorbitantes a la provincia de Buenos Aires en detrimento de las demás provincias, cambios en la fórmula jubilatoria perjudicando a los pasivos y una nueva modificación que no tapa el ajuste pero deja expuesto al Presidente.

El mazo de cartas que reparte cada tanto la vicepresidenta, con críticas a funcionarios y a la Corte, fue diezmando la poca autonomía del Ejecutivo obligándolo a contradecirse cada día y cada vez más seguido. Lo mismo ocurre con los ministros, permanentemente acotados en la toma de decisiones, lo que los lleva a la autocensura y a la parálisis.

La buena negociación de la deuda y otros aciertos del Ministro de Economía fueron tapados o desbordados por un sinfín de idas y vueltas del resto de los funcionarios. Tenemos varias ministras/os en la cuerda floja. Bastaría ver el nombre que lleva cada cartera para reparar en la inactividad de los funcionarios pertinentes.

Insistimos en que la pandemia no es un hecho menor pero los resultados tampoco han sido satisfactorios en esta materia, con muertos sin despedida, con autoritarismos acendrados, con gastos sin auditar.

El mérito es la contención de los más vulnerables, incluso con apoyo de los sindicatos, pero vaya a saberse hasta cuándo, porque sus afiliados ven el recorte real de los salarios y cómo el empleo formal se va deteriorando a zancadas.

La cuarentena nos obligó a encerrarnos en nuestros hogares. Permanecimos en nuestras casas más que en cualquier otro momento u otro año y ahí estuvimos y aún muchos están.

Vaya paradoja, entre tantos hogares con la gente dentro, salvo en el velatorio de Maradona, la pandemia nos muestra que la casa que ha estado más vacía ha sido la Rosada.

(*) Secretario General de la Organización de Trabajadores Radicales (OTR CABA).

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