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La dimensión desconocida

17-05-2013
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(Columna de Nicolás Tereschuk)

No parece haber muchos mapas a mano que nos digan qué panorama nos podríamos encontrar en octubre y más allá

Con las próximas elecciones legislativas, la política argentina se introducirá -aún más- en una “dimensión desconocida”. Es que, ¿cuáles deberían ser los parámetros para hacerse una idea de qué significa el tercer comicio para seleccionar diputados y senadores nacionales que enfrenta el kirchnerismo como tal?

Si vamos a la historia reciente, el alfonsinismo sólo debió plantar batalla en dos elecciones legislativas. Tras una victoria en 1985, para 1987 ya se vio superado por el PJ, que obtuvo 60 de las 127 bancas en juego para la Cámara Baja.

A su vez, el PJ encabezado por Carlos Menem salió victorioso en los comicios de 1991 y 1993. Y luego, en un año par puso en juego su poderío electoral en las elecciones para convencionales constituyentes. Pero ya para 1997, en su tercera elección legislativa, mostró importantes signos de fatiga desde el mismo planteo de aquellos comicios. La Casa Rosada no manejó la campaña en la que se libró la “madre de todas las batallas” (la provincia de Buenos Aires), donde Eduardo Duhalde tenía al PJ provincial “alambrado” y prácticamente inmune a la influencia menemista. Para peor, el duhaldismo resultó derrotado por la flamante Alianza, con Graciela Fernández Meijide a la cabeza, en territorio bonaerense. Aquellos comicios arrojaron desde lo formal una victoria peronista a nivel nacional: el PJ se quedó con 50 de las 127 bancas a la Cámara Baja en juego (seguimos aquí la información del Atlas Electoral de Andy Tow).

Pero la Alianza como tal y las listas donde sólo se presentó la UCR sumadas superaban a las del PJ en cantidad de votos ?más del 42% de los votos contra poco más del 36%? y también se alzaban con más escaños: un total de 58. La historia del kirchnerismo es algo diferente, aunque guarda alguna similitud. Luego de la victoria de 2005 y la “derrota” ?así se leyó por la caída de la lista del ex presidente Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires? esta será también la tercera elección legislativa que deba enfrentar el actual oficialismo. Pero las especulaciones hasta el momento indican que, a diferencia de lo que le ocurrió a Carlos Menem, tendrá aún injerencia en las listas bonaerenses ?así como en la de prácticamente todos los distritos?.

¿Cómo será, a su vez, la lectura de los resultados? Bueno es recordar que el PJ modelo '97 no pudo imponerse en Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza. Y aunque el PJ fue desde lo formal el “partido más votado”, el resultado fue una derrota para los oficialismos. El entonces presidente salvó en algo la ropa del poder ante el traspié de su principal rival político interno, quien se declaraba “candidato natural” a sucederlo. Pero a la vez su posición era de cierta debilidad por no poder ingresar en el terreno de las definiciones electorales en la provincia en la que se define la elección nacional.

¿Podría enfrentar el kirchnerismo un rechazo de aquella magnitud, incluido el territorio bonaerense? ¿Los peronistas Daniel Scioli o Sergio Massa podrían dar una batalla electoral en esta ocasión? ¿El gobernador o el intendente cuentan con poder “territorial” que ?aún en la derrota del '97? mostraba Eduardo Duhalde? El otro elemento que hace pensar que la política argentina ingresa en una especie de terra incognita es la cuestión de la sucesión presidencial, que cruza prácticamente todos los debates políticos ?¿y económicos?? por estas horas.

Alfonsín, tras la derrota de su candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1987, aún soñaba con algún mecanismo de autosucesión con la creación de la figura de un pseudo primer ministro. Pero las turbulencias económicas que siguieron terminaron de desdibujar esa posibilidad. Menem mantuvo hasta el final la idea de la rereelección, a ser habilitada mediante un fallo judicial. Pero lo cierto es que para su tercera elección legislativa se encontraba ante un rival interno que le significaba un escollo territorial y político. Y que un año antes de la finalización de su mandato acuñó la idea de que el modelo económico estaba “agotado por exitoso”.

En la Argentina actual, el oficialismo no cuenta con una figura con el peso territorial y político que implicaba en su momento Duhalde. El kirchnerismo se dispone a enfrentar su tercera elección legislativa con la idea de tener injerencia en las estrategias y listas de buena parte del país. No parece haber muchos mapas a mano que nos digan qué panorama nos podríamos encontrar políticamente en octubre y más allá.

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