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La economía entra en la campaña

09-07-2011
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Las encuestas muestran que la sociedad quiere que se discuta sobre los temas que se relacionan con su nivel de vida

La economía ocupará un lugar más importante en la campaña de lo que se suponía tiempo atrás. Dos circunstancias explican este cambio. En primer lugar, porque en la oposición entendieron que no se puede competir con éxito sino se habla de los temas que le interesan a la sociedad. En segundo lugar, porque los vicepresidentes de las dos principales fórmulas son economistas.

El Gobierno entiende que la visión positiva sobre la marcha de la economía que tienen amplios sectores sociales es su principal activo electoral. En la oposición aceptaron inicialmente ese razonamiento y en consecuencia optaron, en parte por necesidad y en parte por convicción, por hacer hincapié en sus cuestionamientos al Gobierno en los temas institucionales. Pero los ciudadanos no deciden su voto por la composición del Consejo de la Magistratura.

Esperan, como surge de las encuestas de Poliarquía, que se hable de empleo, salarios y actividad económica. Por lo tanto, aun cuando los opositores entienden que en la percepción social se trata de un terreno favorable al oficialismo, no pueden evitarlo. En el oficialismo se sienten cómodos en el plano económico porque la tasa de crecimiento sigue siendo alta, el empleo aumentó en los últimos años y, a pesar de la inflación, los salarios reales en los sectores formales aumentaron.

A su vez, diversos programas sociales han mejorado la situación de sectores económicamente postergados. Para amplias capas de la población, la economía seguirá creciendo y el temor a perder el empleo se ha reducido sustancialmente. A esos datos se suma que el Gobierno aparece identificado con valores que la mayoría de la sociedad comparte en este momento, como la mayor injerencia del Estado en la economía.

En ese contexto, para el arco opositor no es sencillo construir un discurso convincente sobre la necesidad de un cambio, pero es inevitable. Es difícil que prevalezca en el debate económico, pero si no lo afronta su derrota estará asegurada.

LOS MOTIVOS

Al ministro Amado Boudou, la Presidenta le adjudicó varios méritos al momento de fundamentar su nominación. La propuesta de estatizar las Afjp y la utilización de reservas para el pago de la deuda fueron destacadas como iniciativas del ahora candidato a vicepresidente. En el oficialismo se las considera medidas acertadas y que tienen un valor político agregado porque a ambas se opusieron los principales dirigentes de la oposición. Hay, además, virtudes que destacó la Presidenta que no tienen que ver con cuestiones técnicas como “no tenerle miedo a las corporaciones”.

Y aunque no se las haya nombrado, en el Gobierno también se consideran que son ventajas de Boudou su capacidad para polemizar con la oposición y haber postergado la normalización del Indec. Que el ministro de Economía integre la fórmula es compatible con la idea de profundizar el modelo que en algunos sectores kirchneristas se presenta como el objetivo de los próximos cuatro años.

En el Gobierno dicen que las propuestas de la oposición ponen en riesgo los avances logrados en materia de creación de empleo y recuperación salarial en la medida en que pretende enfriar la economía para reducir la tasa de inflación. Para los radicales, la cuestión económica es particularmente sensible dadas las dificultades que tuvieron sus gobiernos en ese terreno y que los obligaron a abandonar el poder antes de tiempo. Por eso buscan “comprar reputación” en materia económica y esa decisión tiene su máxima expresión en la candidatura a la vicepresidencia de González Fraga.

En todos sus discursos, Ricardo Alfonsín procura quitarle todo dramatismo a la cuestión y reitera que el crecimiento no está en riesgo en los próximos años porque las condiciones económicas internacionales son muy favorables para el país. Para reducir la incertidumbre que puede provocar en alguno sectores la perspectiva de un gobierno radical, González Fraga sostiene que manejar la economía “es sencillo” teniendo en cuenta los precios de las materias primas y el empuje de China y Brasil.

La inflación, los subsidios que agudizan los desequilibrios regionales y sociales, la falta de estadísticas confiables en materia de precios que exacerban los reclamos sectoriales, la intervención en algunos mercados, como el de la carne y la energía, y el aliento al consumo pero no a la inversión, que lleva a que la oferta no puede satisfacer la demanda, son las críticas que más hace escuchar la oposición.

En el radicalismo en particular buscarán evitar hacer antikirchnerimo y sostendrán que fue el propio Gobierno el que en los últimos años fue abandonado el círculo virtuoso su primera etapa. González Fraga cree que la clave es mejorar la situación fiscal pero sin reducir el gasto, sino asignándolo mejor, y critica que pese a todo lo que creció la economía en los últimos años, no se hayan logrado avances sociales más significativos.

A medida que se acerquen las elecciones, el debate sobre la manera en la cual se puede reducir la tasa de inflación ganará intensidad. La oposición propondrá un esquema de pautas decrecientes y graduales que no afecten el crecimiento en línea con lo que ocurre en otros países de la región.

El Gobierno, a su vez, insistirá en que el problema no está en la demanda y que la tasa de inflación más alta que tiene la Argentina con relación a otros países de la región es consecuencia del mayor impacto que tiene en el país la suba de las commodities y de la decisión de no permitir una apreciación mayor del tipo de cambio. Además, apuntan que la concentración que existe en algunos sectores económicos no ayuda a que haya una mayor oferta.

En definitiva, se trata de convencer a la sociedad sobre las ventajas de cada candidato para proveer mayor bienestar. Los antecedentes favorecen al oficialismo, pero hay actualmente distorsiones en materia económica ?en primer lugar la inflación? que le dan espacio a la oposición para que plantee una visión alternativa.

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