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La estrategia oficial para mantener el poder

09-04-2011
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(Artículo publicado en la edición Nº28)

A siete meses de las elecciones presidenciales, los primeros números muestran a la Presidenta encabezando los sondeos sobre intención de voto, cómoda, con una gran ventaja sobre el lote de candidatos. En un contexto como el actual, de buenas expectativas económicas, la alta aprobación que tiene el Gobierno que encabeza se traslada, como indica el manual, a la intención de voto.

Pero hasta octubre hay mucho camino por recorrer aún y, más allá de que las confirmaciones de las distintas candidaturas y eventuales alianzas opositoras

puedan llegar a modificar parte de la estrategia que se teje en Balcarce 50 para llegar

bien a las presidenciales (como se explica en la nota de tapa de esta edición), en el círculo más chico del kirchnerismo ya comenzaron a imaginar los grandes trazos de un armado electoral que por primera vez desde el inicio del ciclo K no tendrá a Néstor Kirchner detrás de cada detalle.

Las listas de legisladores nacionales y provinciales, y las conformaciones de las fórmulas ejecutivas (desde la Presidencia hacia abajo) serán la arena de negociaciones, cruces y tensiones. Es que, como ha quedado de manifiesto en las últimas semanas, el mapa del poder oficialista muestra hoy por hoy a una líder fuerte, legitimada e indiscutida, a un grupo cercano con voz y peso a la hora de tomar decisiones (Carlos Zannini y Juan Manuel Abal Medina) y a por los menos tres grandes grupos que le sirven de sustento social y que pugnarán por ocupar espacios de poder.

“Los tres estadios de Cristina”, podría resumirse esta tríada, en base a los sectores que le organizaron un acto a la Presidenta en los últimos meses (en octubre de 2010, la CGT en River; en marzo de este año, la Corriente Nacional de la Militancia en Huracán y el peronismo bonaerense en Independiente). Entre ellos no se sienten totalmente cómodos conviviendo, pero saben que, como sucede desde los orígenes del peronismo, es impensado un triunfo del amplio movimiento si no se coordinan entre sí.

El Gobierno deberá, entonces, hacer equilibrio entre el “cristinismo” ?dentro del que se puede englobar a organizaciones sociales, La Cámpora y agrupaciones de centroizquierda y el peronismo más ortodoxo, dividido a su vez en gobernadores, intendentes y gremialistas?. El equilibrio deberá contemplar no sólo el armado

de listas sino la convivencia hasta octubre y más allá.

En ese esquema, la batalla más importante vendrá seguramente a la hora de armar las listas. En esa empresa, ya están trabajando algunos operadores de la Casa Rosada que saben que si bien la Presidenta delegará partes de las negociaciones con cada uno de los sectores (Julio de Vido con el sindicalismo y algunos intendentes, Juan Carlos Mazzón con los caudillos del interior, Abal Medina hacia la centroizquierda y parte del peronismo y Florencio Randazzo con figuras bonaerenses), tendrá una activa participación decidiendo por sí o por no sobre cada uno de los nombres que le vayan sugiriendo “desde abajo”.

En cada provincia habrá además acuerdos macro hechos para las candidaturas provinciales que impactarán en los armados hacia abajo. Por la escasa cantidad de cargos nacionales que se elige en algunas provincias (sólo Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe, Córdoba y Mendoza eligen más de 5 diputados, por ejemplo), las negociaciones serán mucho más intensas en estos distritos, donde a la posibilidad de obtener más bancas ?en especial en tierra bonaerense? se le agrega la multiplicidad de sectores afines y aliados que conviven en esas latitudes.

La provincia de Buenos Aires, por caso, reparte en total 35 bancas, de las que el kirchnerismo buscará repetir la elección de 2007 y alzarse con 20 tras haber sacado el 46,02% de los votos para diputados. Ahora bien, teniendo en cuenta la gran cantidad de aliados K que conviven en el territorio, toma especial relevancia cómo articularán los pedidos de cada uno para ocupar espacios de poder en las listas de octubre.

LA SUPERVISION DEL ARMADO

La Presidenta sabe que, aun si logra ser reelegida en octubre como marcan todas las encuestas, deberá juntar una extensa tropa legislativa que le asegure un primer bienio con margen de maniobra en el Congreso y limitar el famoso “pato rengo” de sus eventuales dos últimos años ante la falta de reelección. La idea que tienen en el Gobierno es también repetir este esquema “hacia abajo” y que haya mucha gente fiel en las respectivas legislaturas y fórmulas provinciales, más allá de que se respetarán

cada uno de los acuerdos locales que se vayan pergeñando.

Por eso, y aunque en público todavía juega a la indefinición con su candidatura presidencial, la Mandataria impartió las primeras instrucciones para el armado electoral de octubre y definió como objetivo clave recuperar el Congreso para convertirlo en su bastión político, con legisladores que ella aprobará uno por uno. Hoy por hoy el planeta K anota 87 diputados del FPV-PJ y suma, como aliados, algo más de 20. Del núcleo propio, en diciembre terminan sus mandatos 47. La pretensión es ganar entre 50 y 55 bancas propias para quedar en torno a las 100. De todas maneras, lejos de los 129 requeridos para el quórum propio.

En años anteriores, Néstor Kirchner negoció parcialmente las boletas nacionales, pero ahora será Cristina quien asumirá la tarea y las listas nacionales para la elección del 23 de octubre surgirán exclusivamente de la decisión de la Presidenta. Como contrapartida, sus mensajeros recorren las provincias con promesas de ceder cierto nivel de autonomía en las listas locales, pero ser el filtro último de las de diputados. Como último recurso, Cristina sabe que el apoderado del Frente para la Victoria

es Carlos Zannini, quien desde ese cargo tiene la facultad plena para autorizar o descartar postulantes y listas.

Uno de los modus operandi será la ampliación del uso de las listas extrapartidarias para los candidatos a legisladores nacionales que le permitan sumar votos desde varios partidos a la fórmula presidencial. Además, y después de alentar las colectoras o listas de adhesión en la provincia de Buenos Aires que dispararon las críticas de los intendentes del conurbano, ahora la Casa Rosada negocia en varias provincias

para que los postulantes a diputados y senadores nacionales que no sean del peronismo acompañen la boleta de Cristina con sus propios partidos. “Crear uno, dos, varios sabbatellas” es la lógica que marca esa jugada.

Distintas versiones de ese esquema comenzarán a funcionar en varias provincias, en las que la Casa Rosada trabaja en lograr acuerdos que incluyan a todos los postulantes. De no conseguirlo, la prioridad es no dejar “heridos” que se disparen para un candidato opositor como pasó tras la 125: para evitarlo, se podrán colar varias boletas de la de la Presidenta. Esta estrategia, admiten, no sería excluyente con la que ya se impulsó con éxito en Santa Fe y está próxima a concretarse en Córdoba: cerrar a todo el peronismo tras el apoyo a Cristina.

Pero ese modelo “all inclusive” tiene sus costos, como quedó demostrado en Catamarca y La Rioja acercando al kirchnerismo a figuras como Ramón Saadi y Carlos S. Menem. También implica acompañar la intención de José Luis Gioja de competir por un tercer mandato consecutivo en San Juan. El mensaje hacia abajo, en cualquiera de las dos alternativas, es claro. Habrá flexibilidad (no tercerización) para nombrar los cargos provinciales.

Pero la Presidenta no negociará casilleros en las boletas de candidatos nacionales, en las que deberá acomodar y contentar a los múltiples aliados que hoy conforman

el kirchnerismo nacional, que ya son demasiados como para sumarle a cada poder local. En Córdoba, por ejemplo, el candidato de unidad a la gobernación, José Manuel de la Sota, debió acordar con la Rosada que cederá la lista de diputados nacionales, pero el Gobierno no metería mano en los cargos provinciales en juego.

Esa será otra regla: a excepción de Buenos Aires, la Presidenta casi no se inmiscuirá

en los armados locales. En el distrito más grande del país, el Gobierno considera innegociable con La Plata el nombre de quien secunde a Daniel Scioli. Tampoco

contempla la posibilidad de desactivar las colectoras en los municipios bonaerenses.

Esa certeza se llevaron a mediados de marzo los intendentes del conurbano sur que, convocados por Florencio Randazzo, fueron recibidos en Balcarce 50 por Cristina, Zannini y De Vido, que confirmaron sus roles de canales de comunicación con el sector.

“El compromiso ?fue el mensaje K? es que los aliados que compitan no hagan campaña pegándoles a ustedes”. Pero van a competir. En esa línea, algunos concejales peronistas consultados sostienen que el nuevo escenario modifica básicamente la forma de relacionamiento entre los intendentes y la del núcleo

del poder, ya que lo que antes era una línea directa entre Olivos y las intendencias se

ha transformado en una serie de interlocutores que casi no conducen al despacho presidencial sino que esas líneas de contacto suelen terminar en los despachos de Randazzo, De Vido o Abal Medina.

LA COALICION DE LOS TRES ESTADIOS

Pero toda la estrategia de conformación de listas y fórmulas en cada una de las provincias donde se pondrá a prueba el rol de “gran electora” de la Presidenta por primera vez desde 2003, se da en un marco de convivencia de varios grupos dentro del oficialismo, especialmente a nivel metropolitano. Ese equilibrio que por ahora asegura Cristina será vital para la estrategia reeleccionista. Tanto los grupos de la centroizquierda K como el sindicalismo y el aparato bonaerense saben que ellos

pueden disputar poder porque la imagen de Cristina está en alza y en niveles récord.

Pero el peronismo históricamente ha necesitado alianzas para ganar elecciones: se alimenta del sector de los trabajadores sindicalizados, de los sectores de bajos recursos a donde sólo llega el entramado de gobernadores, punteros y “aparato” y la llegada a sectores progresistas no identificados históricamente con el peronismo, pero sí con Cristina, que ofrecen los grupos de centroizquierda que convocaron al acto en Huracán y con los que la Presidenta parece sentirse muy cómoda.

RIVER

Después del masivo acto en la cancha de River en octubre pasado, cuando juntó a 60 mil personas y se dio el lujo de reclamarle a la Presidenta que era hora de que un trabajador llegara a la máxima magistratura, el aura del líder de los camioneros Hugo Moyano parece ir en desgracia dentro del complejo entramado de poder del peronismo en general y del kirchnerismo en particular.

A tan sólo seis meses de esa demostración hoy pírrica de poder, la estrella del secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) tocó en las últimas semanas uno de sus puntos más bajos cuando primero anunció y luego retrocedió con un llamado a un paro de actividades tras el inicio de una investigación de la Justicia suiza sobre su situación patrimonial. Esa tensión se da, además, en un marco en el que se combinan sueños y ambiciones políticas con una capacidad inigualable de movilización y una alianza táctica con el Gobierno, pero también una bajísima aprobación en los sondeos de opinión pública, reclamos de cuotas de poder que difícilmente sean correspondidos en un año electoral y un escenario con complicaciones en el plano judicial.

El paro que convocó a mediados de marzo frente a un exhorto de la Justicia suiza colocó al Gobierno en una situación política compleja. Moyano no es bien visto por una gran parte de la opinión pública y contrasta con la idea que hoy rige en el Gobierno de dar protagonismo a los sectores juveniles y captar voto de los sectores medios. Por eso, respaldarlo al rechazar el pedido de la Justicia suiza implica para la Presidenta alejarse de esa idea, pero enfrentarlo, quitándole el respaldo político

frente a las acciones judiciales, puede poner en riesgo la coalición oficialista.

Bajo el mando de Moyano conviven hoy la mayoría de los gremios de transportes, cruciales en un país en el cual desde las exportaciones hasta el turismo dependen de él. Así, con el paro que convocó, advirtió al Gobierno Nacional que está dispuesto

a impedir el avance de las acciones judiciales en su contra que se sustancian en varios

juzgados por diferentes motivos vinculados a su patrimonio, y ahora también el de las

provenientes del exterior. El ministro de Planificación (hoy su único interlocutor directo con el Gobierno tras la muerte de Kirchner) logró una tregua con Moyano, quien suspendió el paro pero está dispuesto a reiterarlo si vuelve a sentirse amenazado.

Pero las elecciones presidenciales de octubre de 2011 siembran no pocas dudas sobre

su futuro, en el corto, mediano y largo plazos. Mientras tanto, la CGT sigue preparando un acto multitudinario para el 1ro. de mayo, Día del Trabajador, y sueñan con atiborrar la Avenida 9 de Julio para demostrar su fuerza de convocatoria. En la creciente fricción entre el Gobierno y Moyano, hay otra variable política que genera resentimientos y desconfianzas entre un sector y otro: el sindicalismo peronista pretende avanzar como pocas veces en los últimos años sobre el armado de las listas electorales del oficialismo.

Moyano lo explicitó así recientemente, en una reunión con delegados regionales de su gremio: “Nos van a tener que dar el 33 % de las candidaturas”. La expresión toma relevancia en tierras bonaerenses donde el mandamás camionero es el Presidente del

PJ provincial. Además, Moyano pugna por conseguir que el candidato a vicepresidente sea un hombre cercano a él y a la CGT.

Pero al mismo tiempo sabe que la presencia de sus hombres en las listas puede ser inversamente proporcional a la cantidad de votos del FpV.

INDEPENDIENTE

Pocos minutos después de que terminara la conferencia de prensa en la que Moyano volvió a explicitar que quiere ir “por el poder” y dejaba sin efecto el paro, Cristina encabezó un acto en la cancha de Independiente junto a Daniel Scioli. La Presidenta intentó demostrar que la relación con el gobernador de Buenos Aires, tras quien cada vez se encolumna más el aparato bonaerense, pasa por un buen momento.

El sector que se nuclea alrededor del gobernador de la provincia y que a grandes rasgos aglutina a buena parte de la tropa de intendentes y espacios cercanos al PJ tradicional, no sólo no ve con buenos ojos los intentos de avance de Moyano. En simultáneo, no se sienten cómodos en el esquema de colectoras y listas de adhesiones que, con el aval de Kirchner primero y Cristina ahora, lanza a grupos aliados pero no peronistas a compartir boleta con la Presidenta pues temen que les quite poder territorial.

Sin embargo, son el grupo que puede llegar con mayor facilidad a sectores electoralmente clave dentro de la provincia en general, y el conurbano en particular,

donde se afinca el voto históricamente peronista y en el que, pese a ello, el kirchnerismo no obtuvo buenos números en los comicios de 2009 (a excepción en la tercera sección electoral).

El aparato político llega a sectores sociales de muy bajos ingresos, la mayoría de los cuales reciben planes sociales y están muy lejos del mercado de trabajo formal

en el que operan los representados por la CGT.

HURACAN

El sector que podría denominarse como la centroizquierda kirchnerista es, en realidad, un heterogéneo universo en el que conviven desde la militancia juvenil de la Cámpora, movimientos sociales como el Evita y el grupo político de la denominada Corriente Nacional de la Militancia donde se cobijaron los referentes K que sin descuidar su condición peronista no rechazan el mote de progresistas, como Jorge

Taiana y Daniel Filmus.

Es el sector en el que la Presidenta parecería sentirse más cómoda pero que es el que

menos votos y poder territorial ostenta hoy en día. Conforme se resuelve esa tensión, habrá que ver qué participación electoral les dará la Presidenta a las nuevas generaciones que ganan en influencia. Una pista la dio días atrás un miembro del Gabinete. “Hay que asegurarle a la juventud el 25 por ciento en las listas, como concejales, como consejeros escolares, en los espacios provinciales o nacionales”,

afirmó el ministro de Agricultura, Julián Domínguez.

Es el sector que quizás tiene menos votos propios (no gobierna ninguna provincia,

es minoría dentro del bloque partidario) pero es el espacio en el que la Presidenta parece sentirse más cómoda y en el que quizás mejor se palpe el cambio de clima que sobrevuela la militancia política tras la muerte de Néstor Kichner.

Algunos de los más cautos hablan, empero, de que todavía falta. “Ahora es momento

para trabajar y no hay que adelantarse”. Sin embargo imaginan “una ingeniería política en la que tienen que entrar todos los sectores que hoy representan al kirchnerismo” y aventuran que la importancia de la representatividad estará en la juventud, los trabajadores y los movimientos sociales que vienen apoyando al Gobierno.

En ese orden es que un legislador K de muy buena relación con la Rosada imaginó las prioridades a la hora del reparto. Confirmó además que será Cristina la gran electora y que la estrategia será subirle la información a la Presidenta para que ella “decida y elija con tranquilidad en base a los datos que podamos brindarle”. “Para alcanzar una banca, no basta sólo la lealtad; también hacen falta territorio y votos. Hay muchos cristinistas que no juntan uno”, se los critica desde los sectores más tradicionales

del PJ, que los ven como una amenaza para sus poderes territoriales.

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