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¿La hora de la paridad de género?

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25-08-2016
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(Columna de Natalia Del Cogliano, politóloga)

La propuesta de la paridad electoral está ya sobre la mesa y no parece fácil que nadie pueda correrla de ahí.

Hace pocos días en una nota publicada en el estadista, Andrés Malamud replicaba los dichos que algún correligionario deslizaba en una mesa de hombres (prototipo de mesa política), haciendo referencia a su partido: “transmitimos decrepitud, grisura, misoginia. Necesitamos juventud, brillo, mujeres”.

En efecto.

La propuesta de la paridad electoral está ya sobre la mesa y no parece fácil que nadie pueda correrla de ahí. Dada la ausencia de una previsión de paridad en el proyecto de reforma electoral que enviara el poder ejecutivo al Congreso Nacional, en estos últimos días las mujeres diputadas demostraron estar dispuestas a avanzar con prisa y sin pausa en la promoción de una ley de paridad de género. Se trata de profundizar el cupo femenino para que las listas legislativas estén compuestas no ya por un 30 sino por un 50 por ciento de mujeres.

Tal determinación es secundada por un hecho no menor: numerosos diputados parecen acompañar la iniciativa. Además, el debate se introduce en un marco discursivo que no plantea la paridad como mera medida compensadora de desigualdades, sino como expresión de un compromiso permanente del Estado con la igualdad sustantiva e, incluso, como prerrequisito democrático.

¿Pero por qué ahora? En política como en casi todas las esferas de la vida, ciertos cambios al status quo requieren que una serie de condiciones se conjuguen para viabilizarlos. Hoy, después de dos marchas por el Ni Una Menos se está debatiendo una reforma electoral de amplio alcance y, como la experiencia internacional y subnacional ha demostrado (hay que recordar, por ejemplo, el proceso de reforma paritaria en Río Negro allá por el año 2002), el debate de una reforma electoral de este tipo puede conllevar el desarrollo de una ventana de oportunidad para la promoción de la paridad. Obviamente, las oportunidades no siempre saben ser aprovechadas.

Sin embargo, las mujeres diputadas ya tienen entre sus manos un pre-proyecto de ley de inclusión de la paridad en el proyecto de reforma electoral del PEN ?en principio, se proponen modificaciones a sus artículos 13, 14, 70 y 75. Ahora bien, ¿Por qué esto mismo no sucedió durante el debate de la reforma de 2009? Fundamentalmente porque el aprovechamiento de esta coyuntura depende de otra condición (necesaria): la existencia de un Congreso dinámico que facilite la formación de una große Koalition promotora de mujeres. Esto es, una coalición multipartidaria con capacidad de construir argumentos, movilizarse y persuadir a actores clave del sistema político para la promoción de una reforma paritaria.

Por supuesto, la promoción de la paridad en 2016 y no en 2009 se da también en el marco de una tendencia regional que viene avanzando en esa dirección, y cada vez con más fuerza, a partir del cambio de paradigma que trajo aparejado el Consenso de Quito en 2007. Desde entonces, países como Ecuador (2009), Costa Rica (2009), Bolivia (2010), Honduras (2012), Nicaragua (2012) y México (2014), reformaron su legislación electoral exigiendo la incorporación de un 50 por ciento de mujeres en las candidaturas legislativas y en otras instituciones del Estado.

Además, al mainstream regional e internacional se suma el posicionamiento pro-paridad de importantes dirigentes políticos del oficialismo y de la oposición fuera del Congreso. Sólo a modo de ejemplo, hace pocos días, Sergio Massa cerraba el Congreso Provincial del Frente Renovador haciendo público su compromiso de pelear por la paridad de género; agenda que dicho espacio viene impulsando desde hace tiempo.

En conclusión, el marco de debate de la reforma electoral, un Congreso sin un bloque oficialista mayoritario, la configuración de una importante coalición promotora multipartidaria, un contexto regional propicio, y el impulso por parte de dirigentes centrales del arco opositor, son todas variables que intervienen en la configuración de una coyuntura crítica para la aprobación de una reforma paritaria. Por todo esto, parece difícil que 2016 termine sin una revisión del cupo del 30%.

En esta nota