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La ilusión infundada del instrumento

La boleta única se presenta como el método de votación perfecto aunque se evita plantear una reforma electoral integral.

La boleta única, luces y sombras.
La boleta única, luces y sombras.
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Siempre las campañas y discusiones de reformas políticas se realizan en años pares aprovechando, el desinterés de la gente en el tema como también el tiempo previo a las elecciones para su posible implementación. Por una razón u otra, en todas las iniciativas el instrumento del voto ha estado persistentemente en el centro, desplazando otros asuntos de mayor relevancia en materia electoral. En esta línea, en los últimos años se vienen realizando efectivas acciones para incentivar cambios en el artilugio del voto. 

Todas están basadas en tres cuestiones comunes, por un lado, la crítica al sistema vigente; por otra parte, el planteo de una alternativa que lo reemplace y por último, un ideal o promesa

Las criticas más comunes y menos sustanciosas suelen sostenerse bajo cinco puntos. Por un lado, una supuesta tendencia al fraude articulada por la sustracción de boletas y urnas. 

En segundo lugar, el -mal- gasto en la impresión de esas boletas a cargo de los partidos y una consecuente arbitrariedad en su distribución. 

Tercero, esgrimen argumentos contra el sistema de fiscalización, el cual parecería generar una competencia desigual entre los partidos grandes que poseen fiscales y aquellos chicos que no tienen esa estructura. En cuarto lugar, la tendencia al financiamiento de partidos políticos pequeños con personería jurídica, conocidos como sellos de goma y, por último, un residual pero no menos eficiente, comentario ambiental sobre los desechos que se generan.

Por su parte, en lo que respecta a la alternativa, esto fue variando a través del tiempo post crisis de 2001. En primera instancia fue el voto electrónico, luego surgieron voces e iniciativas sobre la boleta única papel (BUP), después fue solicitada la boleta única electrónica (BUE) y en los últimos años se volvió al pedido de la BUP. El electrónico tuvo más incentivo comunicacional que respaldo institucional, la boleta única electrónica, tiene uso en procesos electorales en el país y la única papel cuenta con todos los elementos: comunicación, implementación, respaldo partidario, institucional y hasta fue consigna de campaña de candidatos. 

Todas estas suelen venir con una promesa. En realidad, todas las políticas publicas vienen con una, pero en su mayoría los beneficios, exagerados o no, están operacionalizados y cuantificados. En el caso de las alternativas para las reformas en el instrumento del voto, la promesa se basa en enunciados magnánimos sin sustento: “más democracia, transparencia y representación”. Más allá de las cuestiones comunicacionales, es importante destacar que toda reforma tiene sus ventajas y desventajas y que ningún instrumento por sí solo puede aportarle alguno de estos atributos al sistema. Siempre el asunto es “más complejo”. 

En la última campaña y con el debate en comisión de esta semana en Diputados, la boleta única papel es la reforma que cobra mayor importancia. Ahora bien, como se dijo, ninguno de los problemas que se denuncian desde los defensores de la BUP se solucionan con el mero cambio del instrumento. 

  1. Primero, la sustracción de boletas y de urnas (demostrado en numerosos casos que la solidez del sistema impide que casos menores afecten a los resultados) no dejaría de “existir”, aunque si se mitiga la ventaja de robar y se elimina el riesgo de la falta. 
  2. Segundo, la cuestión presupuestaria no tiene aún una clara opción que reduzca costos. Si bien podría existir un ahorro en impresión de boletas partidarias, se gastaría en los carteles informativos de los candidatos que componen las listas o mismo en las campañas de concientización e instrucción y, fundamentalmente, dado la tendencia propia de la boleta única papel al desdoblamiento, en una mayor cantidad de elecciones, siendo así, no solo más costoso, sino engorroso para el votante (tema aparte el inicial voto nulo o blanco por falta de capacitación). 
  3. Tercero, los fiscales deberían seguir existiendo y con igual magnitud. Si bien a los partidos con menor estructura que votantes esto no les agrada, es valioso que los fiscales se mantengan como garantía de la transparencia en las elecciones. Cuarto, los sellos de goma no se solucionan solo con un cambio de boleta, sino con regulaciones más exigentes en la inscripción y los requisitos para la conformación de alianzas nacionales, así como en la comprobación de adhesiones y en el control de las personerías jurídicas de los partidos. Y quinto, desechos, si bien puede ser una hipótesis, no pareciera haber definiciones exactas que nos incline indefectiblemente a tomar partido por la BUP. 

En fin, la realidad es que la cuestión de la boleta única papel no va por esos cinco argumentos que se suelen sostener, sino que es por otro lado. En primer lugar, la boleta única papel desincentiva a las boletas completas con armados federales complejos de los tres niveles (nacional, provincial y municipal) ya que no se modifica la estructura de boleta cerrada y bloqueada. 

Esto genera un sistema que además de confusiones en el elector y tendencias al voto nulo, no favorece al arrastre nacional, tendiendo al desdoblamiento electoral, a su vez a la fragmentación y en consecuencia al gobierno dividido. Brasil con sus partidos locales y Perú con su atomización del sistema de partidos pueden ser un ejemplo de esto más allá de las circunstancias económicas y sociales distintas. 

En segundo lugar, la BUP al restringir los nombres de los candidatos en la boleta, limita la información al votante y genera una prevalencia de los nombres por sobre los partidos, debilitando la construcción colectiva del armado de listas. 

Las reformas deben ser integrales y en vías de mejorar la situación. Ejemplo de eso puede ser solucionar algunas cuestiones de la ley vigente como el lapso entre PASO y generales o ajustar las exigencias a los partidos como se nombró anteriormente. La ilusión de solucionar todo por un instrumento es peligrosa. La democracia es costosa, en todas las dimensiones de la palabra, bien vale un esfuerzo para sostenerla. 

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