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La sorpresa por izquierda

06-09-2013
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(Columna de Fernando Pedrosa)

La buena elección de las agrupaciones de izquierda, y especialmente del FIT, representa una oportunidad, y un desafío también.

Una de las sorpresas que arrojaron las PASO fue el desempeño de algunas agrupaciones de izquierda, sobre todo del Partido Obrero (PO), el Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS) e Izquierda Socialista. Estas agrupaciones, a veces unidas en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) y a veces en solitario, superaron el umbral previsto por la ley para presentarse en las elecciones de octubre en dieciocho distritos del país. De hecho, apenas mejorando un poco los resultados obtenidos en las PASO, podrían formar un bloque de tres diputados nacionales, además de obtener diputados provinciales y concejales en Buenos Aires, algo inédito para estos grupos políticos.

Pero, además, algunos resultados del FIT superaron las expectativas de propios y ajenos. Por ejemplo, en distritos con muchos votantes como Buenos Aires y la CABA, provincia en la que obtuvieron 4%, o en Córdoba, donde se acercaron al 6%. También realizaron buenas elecciones en Neuquén (6,7%), Mendoza (7,1%) y Santa Cruz (7,8%). Pero fue en el norte donde llegaron más alto, como en Jujuy (8,9%) y Salta (11%). Sin embargo, sus mejores resultados fueron en grandes ciudades.

Veamos algunos números: en la populosa Rosario, el FIT pasó el 4% y se ubicó por encima del 5% en Vicente López, Morón e Ituzaingó. En La Plata llegó al 6% y en Bahía Blanca superó el 7%. En Córdoba capital, el FIT pasó el 9%, casi empatando con el kirchnerismo y duplicando a los restos del juecismo. También superó las previsiones en Tucumán capital (5,5%); Mendoza capital (7,7%) y Godoy Cruz (9,3%). El PO fue el que más votos alcanzó en solitario, llegando al 7,7 % en Formosa capital, 9,5% en Bariloche y un sorprendente 17,5% en Salta capital.

EXPLICACIONES

¿Qué puede explicar esta elección de agrupaciones ubicadas en el espectro más radicalizado de la izquierda? Seguramente hay varios motivos, en los que las mismas lógicas locales puedan aportar pistas decisivas. Pero también la coyuntura nacional ha abierto una ventana de oportunidad que fue bien aprovechada por el FIT, por ejemplo, con el impacto de la inflación en el bolsillo de los trabajadores formales y amplios sectores de la clase media. Esto también empujó hacia la tendencia a la izquierda, que desde hace años mantiene una oposición sin dobleces al kirchnerismo.

Igualmente aportó la inexistencia de una oferta electoral a la izquierda del partido oficialista. La ausencia de este tipo de propuestas en las PASO dejó el camino abierto a opciones que tradicionalmente ocupaban lugares más radicalizados (y por ello menos votadas) del espectro político. Entre los aciertos del FIT debe mencionarse la capacidad de unirse en un frente común, lo que en estos grupos de izquierda no es una tarea sencilla.

Además, el PO y el PTS poseen algunos liderazgos socialmente reconocidos y una acertada política de medios y en redes sociales. Alejados de las permanentes urgencias electorales que mueven a los partidos tradicionales, ambas organizaciones pudieron darse políticas de largo alcance que resistieron pobres experiencias electorales sin por eso impulsar constantes cambios de rumbo. Así, en poco más de una década, pasaron de ser expresiones minúsculas con algún peso en el ámbito estudiantil a instalarse sólidamente en universidades, sindicatos y movimientos sociales.

Por otra parte, el PTS y el PO lograron llevar al plano electoral la influencia que la izquierda tradicionalmente tuvo en la movilización callejera y en sectores medios y profesionales, pero que luego no se verificaban en los votos. Sobre todo, en los centros urbanos. El caso Mariano Ferreyra posiblemente haya sido una bisagra en ese sentido, tanto por el impacto que generó en la opinión pública como en el ambiente de la política. Esto les dio una gran visibilidad y, además, derivó en el encarcelamiento de conocidos, e impopulares, sindicalistas.

OTRAS

Pero el FIT no estuvo solo en las PASO. Otras agrupaciones de izquierda también lograron superar el piso fijado por la ley. En la CABA, Camino Popular, llevará en octubre a Claudio Lozano como candidato al Senado y al ignoto Itaí Hagman a la Cámara de Diputados. En tanto, el inefable Luis Zamora, al mando de Autodeterminación y Libertad (AyL) también volverá a competir por una banca. Sin embargo, ambas, no pasan de ser opciones casi vecinalistas, sin mayor influencia a nivel nacional.

Ese no es el caso del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), otro de los herederos del viejo MAS, quien organizó su propio frente, Nueva Izquierda, alcanzando resultados dispares. En la CABA, el MST pagó caro sus escisiones e indefiniciones ideológicas que lo llevaron de aliarse efímeramente con Pino Solanas a probar suerte con el ecologismo. Así, no lograron superar el 1,5%. Sin embargo, en otros distritos tuvieron mejor suerte, como en Entre Ríos, Jujuy, Santa Fe, Santa Cruz y La Pampa aunque sin superar el 3% en ninguno de ellos.

Quizás el principal logro del FIT y Nueva Izquierda fue apropiarse del sello de izquierda a secas y sacarse la etiqueta de extremismo que los acompañó durante décadas. La pregunta que queda latente es por cuánto tiempo resistirán las presiones del crecimiento y la expansión, partidos habituados a organizaciones internas cerradas, coaliciones dominantes envueltas en la opacidad y programas ideológicos poco flexibles.

Antecedentes como el MAS en los '80, o AyL y el MST en la actualidad, muestran que si la apuesta es priorizar el crecimiento electoral, la tendencia a la fragmentación es un peligro que aparecerá más temprano que tarde. Más aun al depender del electorado urbano, tendiente a la volatilidad. Pero ese es un problema para el largo plazo. Mientras tanto, de ratificarse su performance en las PASO, el trotskismo logrará una representación parlamentaria inédita, en medio de un momento político muy complejo para el país.

Sin duda, eso será una nueva oportunidad que esta revitalizada izquierda no puede darse el lujo de desaprovechar.

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