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Las múltiples voces de la politología

El XV Congreso de Ciencia Política mostró el dinamismo de la comunidad politológica argentina que procura responder a las demandas que le plantea la sociedad  

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¿Y qué dicen los politólogos de todo esto? Ante las nuevas y recurrentes crisis y decadencias de nuestro país, esta pregunta me ha venido torturando de manera creciente en los últimos años. Primero, por no poder (todavía) contestar, como quisiera, que los politólogos tenemos la solución a los problemas y solo hay que empoderarnos para que la democracia argentina cumpla sus promesas. Y segundo, y más difícil aún, porque los politólogos (y las politólogas, desde ya) dicen muchas cosas, sobre lo que ocurre en la Argentina y sobre muchísimas otras más.

Un claro ejemplo de la multiplicidad de voces de la comunidad politológica local fue el XV Congreso Nacional de Ciencia Política organizado por la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), que se llevó a cabo entre el 10 y el 13 de noviembre de este año. En el campus de la coorganizadora Universidad Nacional de Rosario se congregaron más de 1.500 colegas de todo el país para presentar sus avances de investigación y recibir las críticas y los comentarios de sus pares para enriquecer sus trabajos y hacer mejores aportes al conocimiento que tenemos acumulado sobre el funcionamiento de la política.

Como es sabido, la ciencia política como disciplina entendida en un sentido amplio tiene muchas sub-áreas, que van desde la filosofía política al estudio de las Relaciones Internacionales, y desde la comunicación política al estudio del Estado, la burocracia y las políticas públicas. Por eso es imposible dar la respuesta ideal “los politólogos dicen tal cosa”. Los politólogos dicen miles de cosas. Sin embargo, aun con la certeza de cometer injusticias, se podrían señalar algunas (pocas).

En el congreso que se celebró en Rosario hubo avances sobre posibles cambios de agenda de investigación en la comunicación política: las campañas electorales y la comunicación gubernamental habrían llegado a un límite de eficiencia instrumental, en el sentido que estaría llegando a su fin la era de los spin-doctors como vendedores de candidatos o políticas con técnicas del marketing que ignoran a las reglas de la legitimidad, o incluso de la ética democráticas.

Lógicamente, el populismo también se está consolidando como un área de estudios con sus especificidades. Ya un poco más lejos de la siempre urgente coyuntura regional, los lazos con los trabajos europeos sobre el fenómeno están dando una distancia y una perspectiva que muy probablemente lo termine de posicionar como un tema estratégico a nivel global.

El estudio de las políticas sociales mostró avances hacia los desafíos de la agenda de cuidado, es decir, del reconocimiento de las tareas de cuidado sobre todo para el caso de la jubilación de las mujeres, y se ve llevada a incorporar en la agenda la intervención del Poder Judicial en la política social (planes, subsidios, jubilaciones, etcétera).

Y en el plano de la política internacional, la confrontación entre Estados Unidos y China está relativizando las certezas conocidas, incluidas las bases regionales sobre las que se erige la política exterior argentina.

Por otro lado, como en otras oportunidades, también estuvo fuertemente presente el diálogo extramuros de la torre de marfil politológica. En Argentina (y en general en América Latina) las fronteras de la politología con la política son más porosas que en el primer mundo, y los politólogos latinoamericanos creemos que eso puede ser un activo en determinadas circunstancias. Sobre todo cuando reina el desconcierto, la desazón y/o la falta de expectativas con la política y la democracia. Por esa razón se organizaron paneles con políticos, funcionarios y tomadores de decisión, para tener la oportunidad de aprender unos de otros, y en público. Con ese espíritu asistieron el anfitrión Pablo Javkin, Daniel Arroyo, Dolores Martínez, Ana Castellani, Federico Storani, Diego Bossio y Lilia Puig, entre otros, así como destacados funcionarios de la Anses, la Jefatura de Gabinete de Ministros, la OEI y la Embajada de los Estados Unidos.

Pero más allá de estos movimientos que son esperables en los congresos de la SAAP, así como la concurrencia de una gran cantidad de los más importantes referentes de la disciplina, hubo en Rosario un dato de color que se volvió trascendente: la presencialidad. Un congreso científico presencial en 2021 significó una anomalía que expositores, colegas y estudiantes agradecieron y festejaron con abrazos, encuentros, cenas y cafés que se habían demorado mucho más tiempo de lo que necesitamos no solamente como miembros de una comunidad académica, sino también como seres humanos. S

ocialmente hablando, y aunque la enfermedad persista, las pandemias terminan cuando las personas pierden el miedo a contagiarse, y este congreso contribuyó a ese deseado final. Venga o no la cuarta ola de coronavirus, nadie nos quitará esta nueva edición de nuestro congreso y la fabulosa experiencia profesional y personal que significó. Quizá sea esto lo que más se recuerde cuando se cuente esa historia, dentro de muchos años.


 

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