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Las nuevas formas de la ciudadanía en América Latina

08-03-2012
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Un libro que reúne diversas ópticas sobre las formas de participación y demandas en los países de la región.

Con un promedio de más de un cuarto de siglo desde que terminó el último ciclo de dictaduras que azotó a la región, las democracias latinoamericanas continúan un proceso de ampliación de derechos y maduración palpable que, afortunadamente, ya da por sentadas algunas reglas básicas en torno a su funcionamiento.

Así, a lo largo de las tres décadas transcurridas desde el inicio de las transiciones posautoritarias hemos asistido a una mutación en las democracias de la región. La legitimidad electoral es indiscutible y se ha afirmado la voluntad ciudadana como sustento del poder. Ahora se constata un desplazamiento en la vida política que ha transformado las demandas y las conquistas y se evidencia en las nuevas discusiones sobre ampliación de derechos que se han metido en la agenda en muchos de estos países y que hace pocos años hubiese sido inimaginable, como el casamiento entre personas del mismo sexo.

“Una ciudadanía informada y vigilante alcanza una presencia continua en la vida pública: el haber votado por unos u otros no la lleva a depositar una confianza definitiva en quienes gobiernan. La vigilancia, el juicio sobre las decisiones de gobierno, el veto y la autorrepresentación ilustran los rasgos que adquiere una democracia continua”, afirma en esa dirección Isidoro Cheresky, compilador y organizador del reciente “Ciudadanía y legitimidad democrática en América Latina” (Prometeo, 2012), un completo trabajo que ofrece variados puntos de vista sobre estas nuevas realidades que atraviesan las democracias regionales.

Una de las líneas argumentales de la obra es que la legitimidad surgida de las urnas es indiscutible y en ese sentido se ha afirmado la voluntad popular o ciudadanía como sustento del poder: ello se ha producido en detrimento de los poderes corporativos y fácticos (en especial del militar) que en el pasado solían sustituir a la expresión electoral y a condicionar a los gobiernos que surgieran de ahí. Sin embargo, explica Cheresky, “hoy en día la democracia electoral tiene un sentido amplio que excede la elección de gobernantes y representantes y se extiende a la vida asociativa, debilitando vínculos de poder burocráticos o autoritarios en todo el tejido social.

Pero si nunca la ciudadanía estuvo confinada a su esporádico rol de electorado, ahora se puede constatar un verdadero desplazamiento en la vida política y pública”. En algunos casos, enumera, se trata de ciudadanos organizados que se manifiestan masiva y regularmente en las calles de las grandes ciudades, pero lo más habitual es que sus opiniones sean expresadas en las encuestas de opinión o por un malestar de múltiples y variadas manifestaciones. Los partidos ?debilitados en casi todos los países? conservan una existencia de importancia variable, pero generalmente ya no son los canales de la expresión ciudadana espontánea ni los que fijan la agenda pública.

De modo que sugiere, en uno de los ejes argumentativos del libro, que mientras la representación democrática se ha extendido y devenido más auténtica, los recursos de la representación tradicional se han debilitado y ésta también se encuentra desafiada por otras formas representativas o de autorrepresentación ciudadana.

Así, el primer tramo del libro se concentra en una mirada sobre algunos de estos nuevos actores sociales de las democracias regionales. Fernando Mayorga analiza el proceso de la participación política de los movimientos sociales en Bolivia. Silvia Gómez Tagle se focaliza en la relación entre ciudadanos, partidos y gobernadores en México y María Dolores Rocca analiza las “definiciones de pertenencia e identidades oficialistas” en el Brasil de Lula y la Argentina de Kirchner, dos de los gobiernos paradigmáticos de este nuevo modelo de ciudadanía emergente que da marco teórico al libro. La segunda parte se enfoca en los aspectos institucionales y teóricos, en la que Cheresky se enfoca en la relación entre “ciudadanía y democracia común” y Osvaldo Iazzeta pone la mirada en la Argentina poscrisis de 2001. Margarita López Maya, en tanto, se centra en los cambios conceptuales y las distintas percepciones de los participantes de los consejos comunales, una de las nuevas herramientas de participación ciudadana en la Venezuela chavista y su rol en la construcción del “socialismo del Siglo XXI”.

En el tercer cuerpo del libro, Hugo Quiroga analiza el rol de las instituciones y el problema de la “representación” en la Argentina en este marco de análisis de una nueva ciudadanía que rodea al libro. Manuel Antonio Garretón, en tanto, trata el Gobierno de Michelle Bachelet en Chile y lo que define como el “fin de un ciclo político” marcado por el liderazgo de género que le imprimió la ex mandataria.

El último eje se focaliza en la relación entre esta nueva ciudadanía y su lugar en el espacio público. Así, Alberto Olivera se acerca a las relaciones entre varios de los actores sociales más importantes (entre ellos, los sindicatos y la delincuencia organizada) en México y su inserción en el complejo entramado de relaciones entre la democracia y los poderes fácticos del país. Ariel Armony, en tanto, ofrece uno de los puntos de vista más novedosos y se centra en los denominados derechos “sociotecnológicos”, como califica a aquellos que “permiten abordar las posibilidades y limitaciones asociadas al acceso, participación, protección y reconocimiento que definen la relación entre tecnología y sociedad”, en momentos de redefinición de conceptos como esfera pública y el impacto en ella de la tecnología. Lucas Martín, en tanto, se centra en cómo los “nuevos” ciudadanos se relacionan con el Poder Judicial a la hora de canalizar sus nuevas demandas en la Argentina y, por último, Rocío Annunziata se centra en las formas de ejercicio de ciudadanía “de proximidad” y la creciente experiencia de las nuevas formas de participación a través de los denominados “presupuestos participativos” en tres casos argentinos, muy distintos entre ellos: Morón, Rosario y la ciudad de Buenos Aires.

(De la edición impresa)

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