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Los discursos presidenciales

05-04-2012
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(Columna de opinión de Jorge O. Bercholc, profesor e investigador de la UBA)

Peculiaridades y datos salientes del último discurso de Cristina Fernández ante el Congreso.

Como nunca antes desde la restauración democrática, el discurso presidencial de apertura del período de sesiones de la Asamblea Legislativa, que pronunció la Presidenta el pasado 1° de marzo, ha despertado interés y generado polémica y debate entre los políticos, en los medios de comunicación y en la ciudadanía en general. Se trata del discurso presidencial prescripto por el artículo 99, inciso 8, de la Constitución Nacional y, por ello, resulta la actividad verbal más importante, en términos jurídicos e institucionales, que emiten los presidentes. ¿Hubo peculiaridades en el último discurso de Cristina ante la Asamblea Legislativa que justifiquen el especial interés que ha despertado?

Corroborando los sesgos y tendencias que surgen de una investigación que realizamos en el Instituto Ambrosio Gioja, de la Universidad de Buenos Aires, sobre el contenido de dichos discursos presidenciales observamos que, en general, el discurso de la Presidenta reafirmó las tendencias y evoluciones observables desde 1983. Por ejemplo: 1) los discursos han evolucionado, tanto en sus enunciados políticos como económicos, hacía un contenido más técnico, complejo, sofisticado y desagregado; 2) presentan un contenido dominado por aquellos ejes en los que la administración del presidente emisor obtiene mejores performances; 3) el contenido económico se ha ido imponiendo, progresivamente, sobre el contenido político; 4) a mayor estabilidad económica y política, se observa una mayor diversificación en los contenidos discursivos, y 5) el discurso presidencial ha evolucionado hacia una idea profesionalizada y técnica ?tecnocrática? de gestión estatal, disminuyendo las referencias a debates y definiciones ideológicas.

El que en esta oportunidad hizo Cristina Fernández nos muestra que el contenido económico se impone por sobre el político, ocupando, juntamente con las referencias a obras de infraestructura, politicas públicas, deuda externa, relaciones laborales y comercio exterior, alrededor del 70% del contenido total. Se trata de un discurso más economicista y técnico si lo comparamos con el de todos los presidentes desde 1983. A su vez, su parte económica es la más diversificado. Utiliza una notable cantidad de conceptos teóricos inéditos hasta antes de su presidencia y articulados con un grado de complejidad técnica nada desdeñable. La Presidenta se esfuerza por brindar datos estadísticos que sustenten sus ideas, tratando de evitar la discusión ideologizada y pretendiendo instalar un perfil técnicamente sólido y de gestión.

Ello, más allá de fragmentaciones, parcialidades u opacidades en la metodología utilizada para efectuar comparaciones, obliga a los críticos a un esfuerzo mayor de argumentación para el debate y la polémica a fin de contradecir los enunciados.

Hasta aquí los discursos de Cristina refuerzan las tendencias observadas desde 1983. Sin embargo, su última alocución llamó la atención por varias razones que no han sido casuales, pues los dichos presidenciales nunca lo son y siempre implican un hecho político, un ejercicio de construcción de escenarios. Un discurso presidencial, por su trascendencia institucional, impone ejes temáticos de discusión y provee legitimidad a ciertas identidades sociales o relevancia a determinados actores políticos. Fue, largamente, el más extenso, no sólo de la actual Mandataria, sino de todos los discursos de apertura de la Asamblea Legislativa desde 1983 a la fecha.

Cristina habló más de tres horas, utilizando 23.246 palabras y superando el récord, de 2007, cuando Néstor Kirchner utilizó 20.277 palabras. Pero más sintomático aún es que ha superado la media de sus discursos en más de un 140% de palabras utilizadas. En promedio, en sus cuatro discursos anteriores, ha utilizado 9.592 palabras. No hay registro, desde 1983, de un cambio tan notable en la extensión de estos discursos. Por su cargo constitucional y, por sus características ya mencionadas, son piezas elaboradas, con referencias técnicas y de gestión y que no se apartan de ese surco formal e institucional siendo claramente diferentes de otros actos discursivos de la institución presidencial, considerando los tipos de enunciación, la técnica discursiva, el receptor, el ámbito espacial e institucional y la periodicidad.

Rara vez se hacen en estos discursos apelaciones personales, emocionales o de “barricada” (léase un contenido fuertemente politizado e ideologizado) que sí son aceptados y comunes en otros ámbitos y actos discursivos. La Presidenta osciló y mezcló un discurso esencialmente de contenido técnico y de gestión, tal cual viene haciendo desde su asunción en el primer período, con una parte final de fuerte contenido político, emocional, en algunos párrafos “intimistas”, en otros casi heroico, que la mostró firme y al mismo tiempo frágil, en el cual se observó, y no quiso disimularlo, el cansancio que iba sintiendo a medida que transcurrían las más de tres horas de hablar ininterrumpidamente. En esta ocasión el discurso aglutinó ambos perfiles, el técnico y de gestión con el propio de uno de “barricada” con invocaciones intimistas y emocionales. Algunos enunciados parecieron producto de un escenario preparado para la ocasión ?indicadores económicos como justificadores de la gestión propia; la determinación y caracterización del jefe de Gobierno de la ciudad como el adversario-enemigo político a través del affaire de los subtes; la cuestión de Malvinas; la reforma del Códigos Civil y Comercial; otros respondieron a la coyuntura como el caso del accidente ferroviario; contuvo a los jueces (referencias a Baltasar Garzón, a Derechos Humanos, a la reforma de los códigos); hubo ciertos guiños a algunos sectores de la oposición (referencia a Illia, a Estenssoro, a Pinedo e incluso a las privatizaciones menemistas), a la minería y a las provincias y hasta la redefinición del concepto de protección del medio ambiente.

Pareció un discurso mediante el cual la Presidenta buscó instalarse como una figura con la estatura de un estadista, omnipresente y por encima de todos las demás figuras políticas, sean propias o ajenas. Les habló a todos y de todo. Además, Cristina es la única/único titular del Ejecutivo que no ha leído este tipo de discursos. Resulta difícil sostener, por más de tres horas, un discurso técnico y de gestión sin lectura, careciendo de fundados conocimientos sobre los temas a los que se está refiriendo. Por ello también pareció un relanzamiento político, la instalación de quien quiere algo más que mostrar el balance de gestión al que apunta el espíritu de la Constitución.

El dilema sobre quién será el sucesor de Cristina pareció sobrevolar el ambiente. Las reacciones desde la oposición institucionalizada ?políticos, partidos políticos, sindicatos? y no institucionalizada ?medios de comunicación con eje en el Grupo Clarín y La Nación?, refiriéndose al discurso en términos muy críticos y prestándole una atención poco común, también parecen haber tomado debida nota de ello.

(De la edición impresa)

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