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Los intelectuales y su influencia en la política local

12-06-2012
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Una obra que recorre la relación entre el mundo de las ideas y el de la práctica política en la Argentina desde 1983 hasta hoy.

En “Los intelectuales y la política en la Argentina. El combate por las ideas (1983-2012)” (Editorial Debate) Héctor Pavón analiza, a través de innumerables fuentes, la labor de los intelectuales que desde distintas tradiciones han auscultado los sucesivos gobiernos democráticos. “¿Cuál es la influencia real de los intelectuales en el mundo de la política?”, se pregunta el autor como disparador para recorrer la historia del pensamiento y la acción en el país desde el retorno de la democracia.

A lo largo de la obra, en la que marca los encuentros y desencuentros de estos dos mundos, resalta tres momentos en los que, con diferentes matices, hubo mayor acercamiento entre ambos: la experiencia “única” del alfonsinismo; la época de la creación y ascenso del Frente Grande de la mano de “Chacho” Alvarez y una etapa actual en la que “el kirchnerismo ha obligado a buena parte del campo intelectual a tomar definiciones que venían esquivando”, como resume en diálogo con el estadista. El autor estructura el relato trazando un perfil de cada presidente en relación a su vínculo con los intelectuales.

El primero que aparece es el lazo entre Raúl Alfonsín y el “Grupo Esmeralda” (con referentes como Juan Carlos Portantiero y Emilio De Ipola) que tuvo gran influencia y visibilidad, por ejemplo, en el discurso de Parque Norte. “Ese será un punto de inflexión en la relación”, destaca, y explica: “Me interesó ver un grupo de trabajo muy organizado, jerarquizado, con tareas muy concretas y firmas muy notorias”. Además, realza la voluntad presidencial de rodearse de hombres del pensamiento, a los que ubica en el entorno alfonsinista incluso antes de asumir como Presidente: “Alfonsín fue un hombre muy formado, pero no temió pedir consejos y formar un grupo para estar al tanto de lo que iba pasando en lo que eran los centros de pensamiento en esa época”.

Luego de esa etapa, describe una época “difícil”, como define al menemismo. “No es que, como se cree, Menem no estuviera interesado en el intercambio de ideas, sino que le interesaban unas ideas muy determinadas: tanto en las áreas, como en la dirección política de las mismas. Esa es la época del auge de los grupos privados como proveedores de cuadros al Estado, y es entonces cuando se comienza a vislumbrar un esquema de trabajo que la derecha mantiene hasta hoy, con grupos más organizados, divididos por áreas de trabajo específicas casi como ministerios, como son los denominados thinks tanks. De algún modo podemos trazar una línea entre lo que fueron los intelectuales privados al servicio del menemismo y lo que es hoy la Fundación Pensar de Macri, que tiene una estructura organizada como no hay en la UCR ni en el PJ”, apunta.

Casi 10 años después de terminada la experiencia alfonsinista, fue el proyecto político de Carlos “Chacho” Alvarez y Graciela Fernández Meijide el que volvió a convocar a intelectuales de primer nivel a sus filas, pero en el Gobierno de la Alianza quedarían eclipsados. Es en la gesta del Frente Grande donde Pavón ve un “segundo momento” de marcada interacción e intercambio entre intelectuales y políticos. “Tuvieron mucha influencia, pero luego hay muchos que no aceptan la alianza con De la Rúa y ahí comienza la división”, afirma. De esa época, resalta la figura del ex vicepresidente, a quien ubica como uno de los grandes “intelectualespolíticos”. Otro al que destaca es a Carlos Auyero, “alguien con una enorme capacidad de aglutinar gente de distintos orígenes que terminarían confluyendo de una manera que no se volverá a repetir en la Historia Argentina”.

Luego de la experiencia frepasista y la crisis político-institucional de 2001 que impactó también en los ámbitos intelectuales, para el autor la aparición del kirchnerismo marcó una nueva época, en la que se diferencian varios momentos. En el primero, poco después de convertirse en presidente, Néstor Kirchner comenzó a entrevistarse con intelectuales, como José Pablo Feinmann, José Nun, Mario Wainfeld o Miguel Bonasso.

A partir de ese origen, Pavón analiza claramente las distintas etapas del Gobierno de Kirchner, desde las primeras ideas de transversalidad y apertura hasta su abroquelamiento en el aparato peronista, en el cual los intelectuales fueron perdiendo peso. En la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner la intelectualidad volvió a decir “presente” con el “conflicto del campo” que dio lugar al colectivo Carta Abierta, con pensadores afines a las políticas del Gobierno, cuyo principal referente es Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, a quien Pavón identifica como un símbolo del kirchnerismo hecho teoría, y marca incluso como “hechos fundacionales” de esta nueva etapa la adopción de dos términos específicos: “poder destituyente” y “golpismo sin sujeto”, que tomarían amplio protagonismo durante la segunda mitad de 2008.

En la actualidad, expone, esa relación ha ido evolucionando hacia un escenario actual en el que han proliferado diversos grupos de intelectuales, en una época en la que “el kirchnerismo ha obligado a todos a tomar posiciones”. Relata así, al final, la aparición de grupos contrarios al Gobierno, como “Plataforma 2012”, y otros con una postura de “apoyo crítico” como Argumentos. Más allá del tema del libro, que promete posicionarse como obra de referencia en la materia, en más de 600 páginas van desfilando, con un interesante enfoque los hechos más importantes de la política y las ideas en el país desde la recuperación de la democracia.

Además, como telón de fondo, circula un pantallazo por la mayoría de las experiencias intelectuales que, con menor o mayor actividad, han tratado de tender puentes con el mundo de la política, como Babel, Caras y Caretas, Crisis, El Porteño, El Ojo Mocho, La Maga y Punto de Vista. Sobre el final, el recuerdo a una de las personas que mejor sintetizó la relación entre intelectuales y política: Guillermo O'Donnell, cuyo perfil antecede una serie de pequeñas biografías de más de treinta protagonistas de una historia de acercamientos y distanciamientos en la que, al decir de Pavón, “los intelectuales transitan un camino siempre difícil: pensar y ser escuchados. Nunca es una tarea sencilla. Sólo a veces tienen éxito”.

(De la edición impresa)

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