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Los próximos desafíos que deberá enfrentar la UCR

02-12-2011
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En las últimas elecciones, el radicalismo obtuvo un resultado menor al esperado, pero aún mantiene presencia nacional y parlamentaria. Cuáles son las claves para reconciliarse con la sociedad.

Las charlas de expertos en liderazgo y gurúes de marketing han exprimido sin parar la consigna de que, en chino, se usa el mismo ideograma para significar “crisis” y “oportunidad”. La idea aparece ahora rondando al radicalismo que, tras la pobre elección de octubre, se enfrenta a una etapa en la que deberá renovarse, teniendo en cuenta un escenario nacional en el que, si bien guarda todavía una presencia en buena parte del país, la tendencia de los últimos años lo muestra a la baja.

Es el único partido que ha derrotado al peronismo en elecciones abiertas de libre participación y el único capaz de poder sentarse a discutir, al menos, las primeras sílabas de un eventual bipartidismo. Pero esa foto puede caducar en 2013, dicen en sus filas, si no se lee a tiempo el mensaje de las urnas. “Tantas veces se asumió la muerte de la UCR y sobrevivió que quizás esta vez pase lo mismo”, plantea con escepticismo Carlos Strasser sin olvidar el retiro anticipado del poder en 1999 y el 2% cuatro años después.

El pasado reciente dejó varios puntos de análisis para la UCR: desde el escenario que aparecía promisorio a comienzos de 2010 hasta el 12% de Alfonsín del 23 de octubre, pasando por la pérdida de gobernaciones y la recuperación de intendencias, hasta la conservación del lugar de segunda fuerza a nivel legislativo. Pero ahora los dirigentes boina blanca se esfuerzan en mirar hacia el futuro, con la necesidad de que, saben, tendrán que reorganizar las estructuras partidarias para volver a movilizar a la sociedad y poder recuperar un rol que hoy ven escurrirse.

Hay un objetivo múltiple para esta nueva etapa: revisar la política de alianzas, reconsiderar el peso de los intendentes en la estructura partidaria y lograr mayor penetración en la juventud y en algunos distritos críticos, al tiempo que se analiza la flexibilidad y el grado de horizontalidad que debe tener el partido. Pero, al mismo tiempo, piensan que un punto positivo es que hay un horizonte sin disputas nacionales en el corto plazo que les permitirá abocarse a la reorganización interna.

Sin embargo, tienen en cuenta que el margen que les queda es reducido, dado que en las legislativas de 2013 pondrán a prueba buena parte del capital político con el que aún cuentan. Precisamente muchos entienden que antes que pensar en estructuras rígidas conviene apostar por esquemas más abiertos que permitan el surgimiento de varios potenciales líderes con diferentes perfiles, y que resulten atractivos para diferentes sectores, que luego diriman fuerzas en primarias abiertas.

Mientras tanto, el futuro cercano encuentra al partido discutiendo el perfil del próximo liderazgo. Tras la experiencia fallida de la última Convención Nacional, ahora la apuesta pasa por la elección de un presidente del Comité Nacional que facilite las tareas de renovación que la mayoría de los integrantes considera cruciales. El santafesino Mario Barletta es quien pica en punta para ese rol, aunque debe despejar antes una serie de dudas políticas. Barletta cuenta con el apoyo explícito de casi todos los sectores del radicalismo, un dato no menor en un partido que durante las últimas épocas estuvo siempre teñido por el internismo.

Incluso el por ahora intendente de Santa Fe consiguió el apoyo del mendocino Ernesto Sanz, a quien apuesta a suceder, por más que haya declarado públicamente su intención de sumarse al Morena, el espacio alfonsinista que también impulsaría a Juan Manuel Casella como secretario general del Comité Nacional. Hoy por hoy el alfonsinismo es el único grupo con estructura propia puertas adentro, y enfrente tiene, básicamente, expresiones personales o de grupos de dirigentes, pero ningún contrapeso orgánico. Barletta, resumen radicales de experiencia, tiene un contrapeso: su bajo nivel de conocimiento, incluso dentro del partido. Pero auguran una etapa en la que “hay tiempo” de formar un líder nacional y apuestan más a un período de orden y equilibrio en torno a su figura. “Se necesita un facilitador del proceso de renovación más que un candidato para 2015”, dicen para avalarlo.

Barletta tomó nota del apoyo y salió a mostrarse como el posible candidato de la conciliación y el empuje para un proceso de renovación y facilitación que reclama la mayoría de los dirigentes, como Juan Tunessi, Miguel Bazze y Marcelo Stubrin. El santafesino pidió un “análisis profundo” hacia el interior del partido, a sabiendas de que esa es la consigna que prima entre los distintos sectores. Después de la convulsionada y suspendida convención nacional partidaria, Barletta dijo que el desafío de la agrupación es volver a ser “representante de los intereses de la sociedad”. Por ahora, el principal candidato comparte un diagnóstico que se escucha en varias bocas radicales: “Hay que hacer un análisis profundo de por qué la UCR dejó de representar los intereses de la sociedad, por qué está alejada de la gente y se convirtió, como otros partidos, sólo en una maquinaria que define cargos electivos”.

En esa línea, Tunessi planteó a el estadista que “se imponen cambios que vienen demorados, no sólo en definiciones ideológicas. Hay que plantear una estructura plural y horizontal, que vuelva a involucrar a la gente y la haga sentirse partícipe de una herramienta de cambio”. Para Stubrin lo que hace falta como primer paso es “una propuesta orgánica que abarque varios aspectos. El problema no es sólo organizativo, más allá de las dificultades por las que atraviesa el órgano ejecutivo partidario, que termina siendo débil y en consecuencia, malo”.

Luego de la frustrada Convención, que se había reunido para modificar la Carta Orgánica partidaria ante la propuesta de un sector interno de definir las nuevas autoridades por voto directo de los afiliados, la mayoría de las voces consultadas coincide en señalar la importancia de hacer “más participativo y democrático” el partido. Según Bazze, la idea es conversar con todos los sectores para tener el mayor consenso posible y lograr que haya un presidente que dé garantías amplias. Por eso el próximo paso, crucial desde lo formal, será el 16 de diciembre. Ricardo Alfonsín, junto a los principales dirigentes de su corriente, el Morena, como Miguel Bazze, Angel Rozas y el senador Gerardo Morales, impulsaba una reforma de la Carta Orgánica: buscaba que el presidente del partido, que actualmente es elegido mediante un cuerpo de delegados, se vote de manera directa por los afiliados.

Pero la Convención fracasó porque no logró avanzar con los cambios y terminó exacerbando un clima interno en el que abundan ?y se arrastran? los pases de factura. Porque más allá de la formalidad del nombre que surja como conductor de los destinos partidarios, el verdadero debate que cruza los ateneos pasa por una cuestión estructural: la elección de octubre estuvo al menos cinco puntos por debajo de las expectativas previas, y aún persisten los pases de facturas por las políticas de alianzas (especialmente el acercamiento a Francisco de Narváez). “Debemos dejar de mirarnos el ombligo. Hay una imagen en la sociedad del radicalismo como casi una secta, y tenemos un horizonte en el cual debemos abrirnos a la sociedad y dejar de exacerbar la liturgia extrema que hoy mostramos, que no nos vean como personajes exóticos”, plantea Tunessi.

COMO RENACIONALIZAR LA UCR

La magra cosecha en las primarias y en octubre de la candidatura de Alfonsín tuvo sin embargo un contrapeso en algunas intendencias importantes del país, con Córdoba (donde se impuso el senador Ramón Mestre), Mendoza (fue reelecto Víctor Fayad) y Santa Fe ( José Corral conservó la comuna para la UCR) a la cabeza. Sin embargo, los intendentes conforman un heterogéneo conjunto de más de 500 jefes comunales en el que conviven diversas expresiones y formas de encarar el futuro radical, no sólo en cuanto a diferencias de gestión, sino también sobre cómo posicionarse frente al Gobierno Nacional.

Los que “ganan y gobiernan” son fundamentales para la recuperación partidaria destaca uno de los pocos concejales que tiene el radicalismo en el conurbano bonaerense “pero deben tener una estrategia integral que vaya más allá de sus distritos, porque también hace falta contener a quienes actúan en contextos políticos más adversos” y por lo tanto no pueden ni ganar ni gobernar. Precisamente, los partidos que rodean a la Capital Federal, y que representan casi un cuarto del electorado del país es una de las regiones más adversas para el radicalismo.

El acuerdo con De Narváez fue presentado en su momento como un camino para superar esa falencia pero quedó en claro que no era el adecuado. Stubrin plantea un eje con tres vectores que corporizan a la UCR: los liderazgos locales, el bloque parlamentario y la conducción políticopartidaria. “Hoy la conducción nacional aparece como la parte más débil, considerando que hay un numeroso grupo de intendentes que han renovado sus liderazgos en las urnas, y que por dos años más el radicalismo seguirá siendo la segunda minoría en Diputados y en el Senado”. Justamente, uno de los nuevos ejes de discusión será el lugar que tomen los intendentes, a la sazón el máximo nivel de gestión pública que hoy puede exhibir el radicalismo. “Tienen que sumarse, pero no debemos descuidar que la renovación debe incluir no sólo una cuestión generacional sino también un recambio de ideas en el partido”, expuso Tunessi.

Stubrin concuerda con ese planteamiento y agrega que “un paso importante es pensar cómo trasladar el impulso de los líderes locales al plano nacional”. En esa línea, según Bazze, es necesario asignar un rol a los intendentes, pero sin descuidar que el partido sí necesita de un debate interno “con profundidad y no con declaraciones para salir en los medios”. En ese marco, remarcó dos puntos fundamentales para la discusión: “La inserción social de la UCR y el manejo de la economía. La gente tiene miedo de cómo la UCR pueda manejar la economía, por nuestras pasadas experiencias. Por eso prefirió quedarse con lo que está. Tenemos que trabajar en eso pero desde ahora, no alcanza con 60 días de campaña”, amplió Bazze.

En esa línea, otro dirigente apunta con ironía que quizás la mayor ganancia de la última campaña haya sido la afiliación al radicalismo de Javier González Fraga, para un futuro cercano que imaginan lleno de temas económicos en la agenda.

EN EL CONGRESO

Pese a no gobernar ninguna provincia y a haber salido en tercer puesto en las generales de octubre, la UCR sigue sosteniéndose como la segunda fuerza a nivel parlamentario. Sin embargo, ahí recaerá otra de las miradas con lupa. “Si tenemos en cuenta que nuestro ejercicio de gobierno se reduce a expresiones locales como son las intendencias, el primer nivel de contacto de la gente con nuestra labor vendrá por el lado de lo que pase en el Congreso. Necesitaremos entonces de una nueva dinámica para poder transmitir desde el partido hacia el bloque”, apunta Stubrin. “Siempre hubo un buen vínculo, pero en esta nueva coyuntura el día a día se hace desde el Parlamento. No podemos mostrar también ahí que la UCR es una suma de patrullas y dirigentes extraviados sin liderazgo nacional”, agregó.

Ese argumento expone también Tunessi, que supone que “los bloques son un instrumento importante, aunque hay que mantener una línea divisoria bien establecida entre un ámbito y el otro”. Hay también voces muy críticas a la actuación de los bloques legislativos como la que expresa Leopoldo Moreau. Desde su punto de vista el partido tuvo un gran error estratégico al confrontar con iniciativas del Gobierno que estaban en línea con tradicionales banderas radicales. Justamente en el Congreso es donde el radicalismo tendrá su primera prueba de fuego sobre las eventuales alianzas que vaya conformando. Sin elecciones a la vista, las dos cámaras serán el ámbito de diálogo con el resto de la oposición.

Porque la experiencia de la criticada alianza con De Narváez está aún bastante fresca para la mayoría de los radicales. “Tenemos una época por delante que por suerte no nos obligará a alianzas forzadas”, precisó Tunessi. Stubrin mostró un planteo más estructural en el que piensa que será ordenador de lo que suceda en el futuro la ubicación que tome la UCR dentro del universo opositor. “Acuerdos sí, con quien sea necesario, pero sin descuidar nuestra identidad y recuperando el rol de nuestros equipos técnicos”, puntualiza, en un contexto en el que además ve al FAP ubicándose como un partido “catch all” que acumuló votos de Duhalde y otras fuerzas que ahora deberá sostener en el Congreso.

Con todos estos desafíos la UCR avanza hacia una renovación con la que buscará mantener la identidad histórica pero con el recuerdo de octubre fresco y la certeza de que tras ocho años de kirchnerismo varios parámetros que antes ayudaban a su posicionamiento en el espectro político han sido redefinidos. ¿Cómo pararse hoy en una oposición progresista? Es una de las preguntas que los dirigentes se esfuerzan por responder. ¿Cómo mantener una estructura nacional que pese a todo los sigue convirtiendo en la segunda fuerza a nivel país, pero que no logra hacer pie ni en el mayor conglomerado urbano (el conurbano) ni en un sector con creciente peso en el padrón (la juventud)? La renovación se puso en marcha y los cambios formales en las distintas estructuras serán los primeros pasos.

Las voces sobre qué hacer a partir de allí son claras: “Recomponer el crédito social”, “volver a ser un partido de militantes en el que la gente se sienta identificada”, proponen Bazze, Tunessi, Stubrin y otros dirigentes, conscientes de que la primera prueba para probar resultados será una elección legislativa de 2013 en la que se renovarán las bancas que obtuvo el partido en 2009 y que son hoy una de sus patas de poder institucional.

(De la edición impresa)

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