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Macri y Scioli hacen su juego

30-01-2012
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El kirchnerismo duro cuestiona los movimientos del gobernador bonaerense mientras que en el radicalismo hay preocupación por el acercamiento de Macri a sus intendentes.

Con la excepción de Guillermo Moreno y Julio de Vido, los funcionarios del Gobierno mostraron poca actividad en las últimas semanas. Casi todos se mantuvieron callados como si quisieran pasar inadvertido durante el período de convalecencia de la Presidenta. Si pretendían dar la imagen de que todo gira en torno de Cristina, lograron el objetivo. Pero fuera del ámbito gubernamental el escenario político comenzó a moverse y lo hará cada vez con más intensidad.

En la provincia de Buenos Aires, la relación entre Daniel Scioli y el kirchnerismo ortodoxo que expresa Gabriel Mariotto siguen tensas y sin posibilidades de mejorar porque sus proyectos políticos difieren. Ocurre que los intereses objetivos de Scioli y Cristina dejaron de coincidir. Si bien pertenecen a culturas políticas muy distintas, ambos se beneficiaron por haber formado parte de misma oferta electoral desde 2003. Pero ahora el proyecto del gobernador apunta a la Presidencia y en el kirchnerismo parecen decididos a impedirlo, porque piensan que no sería el sucesor adecuado para este ciclo político. Scioli mostró hasta ahora una lealtad a prueba de wikileaks pero irá marcando un perfil cada vez más propio. La situación de los intendentes bonaerenses no es cómoda porque tienen una buena relación con Scioli a quien no ven como un competidor directo en el futuro (la excepción podría ser Sergio Massa) y al mismo tiempo saben que el éxito de sus gestiones depende de la Casa Rosada y no de La Plata.

En el ámbito del oficialismo, la tensión entre la Presidenta y Moyano sigue siendo motivo de preocupación. En el ciclo de paritarias que está por comenzar, ya no se espera que el acuerdo del gremio de camioneros actúe como referencia para los demás. Pero la ruptura de Moyano con Cristina no es por cuestiones sindicales sino esencialmente políticas. El secretario general de la CGT pretendía una mayor cuota de poder que la Casa Rosada no estaba dispuesta a darle. Pero en el kirchnerismo, sobre todo en aquellos que han tenido responsabilidades de gobierno desde hace mucho tiempo, consideran que Moyano es un aliado muy importante y siguen reivindicando que fue, en el ámbito gremial, quién más confrontó con el modelo económico de los '90. Puede haber intentos de acercamiento pero el Gobierno buscará que en junio asuma como secretario general de la CGT en reemplazo de Moyano un dirigente más afín a la Presidenta.

En la UCR predominan las voces de quienes consideran que no es el momento de hablar de políticas de alianzas. Hoy el partido es cuestionado por casi todos: tanto por los que se ubican a su derecha como a su izquierda. Recientemente Hermes Binner dijo que se veía cerca del radicalismo y eventualmente trabajando juntos en el futuro. Fue suficiente esa prudente declaración para que sus socios en el FAP salieran a cuestionar cualquier acuerdo con la UCR hasta tanto no defina su posición porque entienden que giró la derecha a partir de la alianza con Francisco De Narváez. A su vez, la relación con el macrismo es tensa en la medida en que los radicales temen que quiera avanzar en la cooptación de sus más de 500 intendentes.

En el PRO casi todo se hace pensando en 2015. Ya tienen definido el candidato a presidente y procurarán fortalecer el otro extremo de la boleta que son los cargos locales. Los intendentes de Neuquén, Resistencia y Junín son los primeros con los cuales pretende avanzar el macrismo. En el radicalismo están en guardia frente a esa posibilidad, aunque como muchos lo reconocen en el universo boina blanca, no se trata de criticar la estrategia de Macri sino de ofrecerle a los intendentes un partido que los contenga y que recupere peso electoral en distritos decisivos como Buenos Aires y la Capital Federal. De lo contrario se resienten los incentivos para formar parte de un partido nacional.

La relación entre el la UCR y el PRO es contradictoria. Suelen tener una fuerte cooperación en el Congreso pero fuera de ese ámbito, sus estrategias políticas transitan por carriles muy distintos. Por ejemplo, en las últimas elecciones no hubo ningún dirigente del macrismo que anunciase su voto a favor de Ricardo Alfonsín. En ese sentido parece razonable la posición de Mario Barletta al reclamar una mayor coordinación entre la estrategia partidaria y la parlamentaria. Mientras tanto el PRO sigue intentado armar una estructura nacional competitiva. Una preocupación es la provincia de Buenos Aires y de allí los intentos por convencer a Gabriela Michetti para que encabece la lista de diputados en 2013 en el distrito. Su imagen sigue siendo muy buena pero perdió espacio político en la Capital a partir de la consolidación de María

Eugenia Vidal. De cualquier manera, la gestión local que no está exenta de riesgos como lo demuestra el malhumor social que produjo el brusco aumento del pasaje del subte. El tema de los subtes es un desafío para ambos gobiernos ?nacional y local? que deben demostrar que, al menos en un tema, pueden cooperar.

(De la edición impresa)

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