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Movimientos en el tablero bonaerense

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13-06-2016
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(Columna de Facundo Matos Peychaux)

El éxito del Gobierno Nacional está atado a lo que suceda en la provincia de Buenos Aires. Empiezan a perfilarse los juegos de cada partido de cara a las elecciones de medio término.

La provincia de Buenos Aires ocupa la primera plana de los diarios en las últimas semanas. El reclamo de su gobierno por una mayor participación en los fondos que la Nación gira a las provincias, los efectos de la suba de tarifas energéticas y de transporte, y el impacto de una economía en transición que no termina de arrancar, tienen su epicentro en el distrito más grande del país.

El Gobierno Nacional es consciente de esa importancia que tiene la PBA, y el Gran Buenos Aires, en particular. En las últimas semanas, Mauricio Macri hace sus anuncios casi sin excepciones en el conurbano, muchas veces en compañía de María Eugenia Vidal. La gobernadora encabeza en todas las encuestas la lista de dirigentes con mejor imagen y se ha vuelto, desde su sorpresivo triunfo, en uno de los principales activos del oficialismo nacional.

Vidal es una de las pocas dirigentes capaces de generar una agenda transversal capaz de reunir a dirigentes de los diversos frentes políticos. Así lo demostró recientemente cuando juntó bajo un mismo techo a un amplio abanico de intendentes, desde el peronista Alejandro Granados a los ediles radicales y los macristas. Lo mismo hizo más tarde, cuando juntó a los representantes de la PBA en el Senado y Diputados por parte de todos los partidos con presencia en las cámaras nacionales.

En lo que hace a la dinámica subnacional, apenas unos pocos intendentes bonaerenses se mantienen abiertamente confrontativos con Vidal: los kirchneristas Jorge Ferraresi, Patricio Mussi y Walter Festa, y por momentos Verónica Magario. En cambio, otros como Leonardo Nardini, Martín Insaurralde, otrora más críticos del oficialismo, han reducido su enfrentamiento con la gobernadora al mínimo. Los costos a oponerse a una de las figuras más valoradas por la opinión pública son mucho mayores a los incentivos para hacerlo, y los demás partidos lo saben.

Para que el PRO sea exitoso a nivel nacional, necesita que la provincia de Buenos Aires salga adelante. El éxito de Vidal es no solo deseable sino imprescindible para su Gobierno, y Macri es consciente de ello. Por eso, el ministro de Hacienda nacional, Alfonso Prat-Gay, y su par bonaerense, Hernán Lacunza, ya coordinan la forma de que el Estado Nacional le gire una cifra en torno a $ 45.000 M a partir del año que viene al distrito.

No obstante, mientras tanto, Vidal salió a potenciar el reclamo por más fondos a través de la instalación de la necesidad de actualizar el Fondo del Conurbano, que ha perdido su función original de ayudar al financiamiento del distrito y reparar la injusta distribución de la coparticipación para contribuir aún más a la distorsión original.

A nivel municipal, por otra parte, la situación es muy heterogénea. De los intendentes macristas, Diego Valenzuela, Ramiro Tagliaferro y Jorge Macri son los que tienen más consolidadas sus gestiones municipales. En un segundo escalón se ubican, según entienden en el propio Gobierno Nacional, Nicolás Ducoté y Darío Grindetti, y con más complicaciones, Julio Garro y Martiniano Molina. Una buena gestión en el menor de los niveles es tan crucial como en el mayor de ellos, por cuanto los ediles son el primer mostrador donde llevan sus reclamos los ciudadanos.

Pero amén de lo que pueda hacer el Gobierno Nacional por el bonaerense, la clave estará en si la economía logra recuperarse -como promete el oficialismo- o no. Las primeras medidas económicas de Macri significaron una enorme transferencia de recursos hacia el sector agropecuario, entre otros beneficiados. De este modo, es previsible que el PRO logre consolidar su voto en aquél tercio del electorado del interior provincial, que aunque le dará un buen piso, no será suficiente. El desafío para el Gobierno, entonces, estará en conquistar los otros dos tercios -a grandes rasgos- que representa el conurbano, mucho más afectada por la suba de tarifas y la recesión económica y el empleo, dado el peso que tiene allí la industria. En ese sentido, la tentación de dejar que el tipo de cambio se atrase, imprimirle cierto relajamiento al programa fiscal y potenciar nuevamente el consumo (todas decisiones que ya se están viendo) permiten entrever que el Gobierno tomó nota de una máxima central: sin plata en los bolsillos de los argentinos (y más, los bonaerenses) 2017 no será bueno en términos electorales para el oficialismo.

Hacia 2017

Mientras tanto, el tablero electoral de la provincia de Buenos Aires ya se empieza a mover. Las próximas elecciones están lejos, pero ya no tanto. En ese marco, oficialismo y oposición empiezan a perfilar sus apuestas para la que será, se presume, una vez más la madre de todas las batallas.

El peronismo tendrá seguramente al menos dos opciones para la senaduría nacional en representación de la PBA. Allí se jugará, lo indica la historia reciente y la literatura politológica, el liderazgo futuro del movimiento a nivel nacional.

Sergio Massa es uno de los candidatos puestos. El objetivo del líder del Frente Renovador es ser el peronista más votado para apuntalar una eventual candidatura presidencial en 2019 y encolumnar detrás de su postulación a votantes y dirigentes del mundo justicialista. Aún sin competir él necesariamente por dentro del PJ.

En el FR, gana cada vez más peso la posibilidad de que lleve a Margarita Stolbizer como cabeza de lista de diputados, con lo que buscaría competir el voto no peronista y progresista a Cambiemos. Por el momento, Massa apostó a la “ancha avenida del medio” entre el oficialismo y la oposición más extrema, un camino que por momentos se ensancha y por otros, se angosta. A medida que se acerquen las elecciones, no obstante, los incentivos para oponerse más claramente al Gobierno y diferenciarse de Macri crecerán, lo que además podría tensionar el acuerdo de gobernabilidad que tienen el massismo y el macrismo a nivel provincial. Ese acuerdo, reflejado en la presidencia en Diputados del massista Jorge Sarghini, es una de las diferencias clave del gobierno bonaerense con la Nación, que no ha logrado una coalición legislativa permanente con el massismo.

Del peronismo, también, saldrá seguramente un segundo candidato, que busque los votos del peronismo orgánico que no acepte la candidatura de Massa. Una figura aglutinadora como la de Daniel Scioli, o el fantasma siempre presente de la vuelta de Florencio Randazzo, podrían ser algunos nombres.

Por su parte, el PRO también se juega mucho en la PBA. Las elecciones de medio término serán una suerte de plebiscito de la gestión nacional y provincial. Y le darán también la posibilidad de ampliar su bancada en el Congreso Nacional y la Legislatura bonaerense. A nivel subnacional, el PRO pone en juego 9 diputados y 3 senadores, por lo que no le costará incrementar su peso en la Legislatura. En cambio, en el plano nacional el PRO tendrá en 2017 la posibilidad de sumar algunos diputados y fundamentalmente, varios senadores. Hoy, parece difícil que Cambiemos presente más de una lista, como sucedió en algunos casos en 2015.

Uno que querrá competir por Cambiemos será Jorge Macri. El intendente de Vicente López partió de una relación más tensa con Vidal y fue reparándola en los últimos meses. Emilio Monzó, en cambio, sigue distante a la gobernadora. En el entorno de la exvicejefa de Gobierno porteño todavía le reprochan a Monzó que su apoyo a la candidatura de Vidal no fue todo lo enfático que podría haber sido y que, en cambio, priorizó asegurar un lugar para su entorno en el Congreso. Otra candidatura que barajan en el macrismo es la de Esteban Bullrich, uno de los dirigentes con mayor expertise en el gabinete nacional y de buena imagen.

Mientras tanto, Elisa Carrió ya tiene su domicilio en la provincia de Buenos Aires y quiere competir. Hoy Lilita cumple la doble función de oficialista y opositora desde dentro de la coalición gobernante. Se permite digresiones con el Gobierno y hace críticas que comparte una parte del arco político opositor y de la opinión pública (respecto del rol de Daniel Angelici, la suba de tarifas, la inclusión de funcionarios en el blanqueo, entre otros temas) pero las canaliza a través del propio oficialismo, privando a la oposición de esos argumentos.

La provincia de Buenos Aires ocupa la primera plana de los diarios en las últimas semanas. El reclamo de su gobierno por una mayor participación en los fondos que la Nación gira a las provincias, los efectos de la suba de tarifas energéticas y de transporte, y el impacto de una economía en transición que no termina de arrancar, tienen su epicentro en el distrito más grande del país.

El Gobierno Nacional es consciente de esa importancia que tiene la PBA, y el Gran Buenos Aires, en particular. En las últimas semanas, Mauricio Macri hace sus anuncios casi sin excepciones en el conurbano, muchas veces en compañía de María Eugenia Vidal. La gobernadora encabeza en todas las encuestas la lista de dirigentes con mejor imagen y se ha vuelto, desde su sorpresivo triunfo, en uno de los principales activos del oficialismo nacional.

Vidal es una de las pocas dirigentes capaces de generar una agenda transversal capaz de reunir a dirigentes de los diversos frentes políticos. Así lo demostró recientemente cuando juntó bajo un mismo techo a un amplio abanico de intendentes, desde el peronista Alejandro Granados a los ediles radicales y los macristas. Lo mismo hizo más tarde, cuando juntó a los representantes de la PBA en el Senado y Diputados por parte de todos los partidos con presencia en las cámaras nacionales.

En lo que hace a la dinámica subnacional, apenas unos pocos intendentes bonaerenses se mantienen abiertamente confrontativos con Vidal: los kirchneristas Jorge Ferraresi, Patricio Mussi y Walter Festa, y por momentos Verónica Magario. En cambio, otros como Leonardo Nardini, Martín Insaurralde, otrora más críticos del oficialismo, han reducido su enfrentamiento con la gobernadora al mínimo. Los costos a oponerse a una de las figuras más valoradas por la opinión pública son mucho mayores a los incentivos para hacerlo, y los demás partidos lo saben.

Para que el PRO sea exitoso a nivel nacional, necesita que la provincia de Buenos Aires salga adelante. El éxito de Vidal es no solo deseable sino imprescindible para su Gobierno, y Macri es consciente de ello. Por eso, el ministro de Hacienda nacional, Alfonso Prat-Gay, y su par bonaerense, Hernán Lacunza, ya coordinan la forma de que el Estado Nacional le gire una cifra en torno a $ 45.000 M a partir del año que viene al distrito.

No obstante, mientras tanto, Vidal salió a potenciar el reclamo por más fondos a través de la instalación de la necesidad de actualizar el Fondo del Conurbano, que ha perdido su función original de ayudar al financiamiento del distrito y reparar la injusta distribución de la coparticipación para contribuir aún más a la distorsión original.

A nivel municipal, por otra parte, la situación es muy heterogénea. De los intendentes macristas, Diego Valenzuela, Ramiro Tagliaferro y Jorge Macri son los que tienen más consolidadas sus gestiones municipales. En un segundo escalón se ubican, según entienden en el propio Gobierno Nacional, Nicolás Ducoté y Darío Grindetti, y con más complicaciones, Julio Garro y Martiniano Molina. Una buena gestión en el menor de los niveles es tan crucial como en el mayor de ellos, por cuanto los ediles son el primer mostrador donde llevan sus reclamos los ciudadanos.

Pero amén de lo que pueda hacer el Gobierno Nacional por el bonaerense, la clave estará en si la economía logra recuperarse -como promete el oficialismo- o no. Las primeras medidas económicas de Macri significaron una enorme transferencia de recursos hacia el sector agropecuario, entre otros beneficiados. De este modo, es previsible que el PRO logre consolidar su voto en aquél tercio del electorado del interior provincial, que aunque le dará un buen piso, no será suficiente. El desafío para el Gobierno, entonces, estará en conquistar los otros dos tercios -a grandes rasgos- que representa el conurbano, mucho más afectada por la suba de tarifas y la recesión económica y el empleo, dado el peso que tiene allí la industria. En ese sentido, la tentación de dejar que el tipo de cambio se atrase, imprimirle cierto relajamiento al programa fiscal y potenciar nuevamente el consumo (todas decisiones que ya se están viendo) permiten entrever que el Gobierno tomó nota de una máxima central: sin plata en los bolsillos de los argentinos (y más, los bonaerenses) 2017 no será bueno en términos electorales para el oficialismo.

Hacia 2017

Mientras tanto, el tablero electoral de la provincia de Buenos Aires ya se empieza a mover. Las próximas elecciones están lejos, pero ya no tanto. En ese marco, oficialismo y oposición empiezan a perfilar sus apuestas para la que será, se presume, una vez más la madre de todas las batallas.

El peronismo tendrá seguramente al menos dos opciones para la senaduría nacional en representación de la PBA. Allí se jugará, lo indica la historia reciente y la literatura politológica, el liderazgo futuro del movimiento a nivel nacional.

Sergio Massa es uno de los candidatos puestos. El objetivo del líder del Frente Renovador es ser el peronista más votado para apuntalar una eventual candidatura presidencial en 2019 y encolumnar detrás de su postulación a votantes y dirigentes del mundo justicialista. Aún sin competir él necesariamente por dentro del PJ.

En el FR, gana cada vez más peso la posibilidad de que lleve a Margarita Stolbizer como cabeza de lista de diputados, con lo que buscaría competir el voto no peronista y progresista a Cambiemos. Por el momento, Massa apostó a la “ancha avenida del medio” entre el oficialismo y la oposición más extrema, un camino que por momentos se ensancha y por otros, se angosta. A medida que se acerquen las elecciones, no obstante, los incentivos para oponerse más claramente al Gobierno y diferenciarse de Macri crecerán, lo que además podría tensionar el acuerdo de gobernabilidad que tienen el massismo y el macrismo a nivel provincial. Ese acuerdo, reflejado en la presidencia en Diputados del massista Jorge Sarghini, es una de las diferencias clave del gobierno bonaerense con la Nación, que no ha logrado una coalición legislativa permanente con el massismo.

Del peronismo, también, saldrá seguramente un segundo candidato, que busque los votos del peronismo orgánico que no acepte la candidatura de Massa. Una figura aglutinadora como la de Daniel Scioli, o el fantasma siempre presente de la vuelta de Florencio Randazzo, podrían ser algunos nombres.

Por su parte, el PRO también se juega mucho en la PBA. Las elecciones de medio término serán una suerte de plebiscito de la gestión nacional y provincial. Y le darán también la posibilidad de ampliar su bancada en el Congreso Nacional y la Legislatura bonaerense. A nivel subnacional, el PRO pone en juego 9 diputados y 3 senadores, por lo que no le costará incrementar su peso en la Legislatura. En cambio, en el plano nacional el PRO tendrá en 2017 la posibilidad de sumar algunos diputados y fundamentalmente, varios senadores. Hoy, parece difícil que Cambiemos presente más de una lista, como sucedió en algunos casos en 2015.

Uno que querrá competir por Cambiemos será Jorge Macri. El intendente de Vicente López partió de una relación más tensa con Vidal y fue reparándola en los últimos meses. Emilio Monzó, en cambio, sigue distante a la gobernadora. En el entorno de la exvicejefa de Gobierno porteño todavía le reprochan a Monzó que su apoyo a la candidatura de Vidal no fue todo lo enfático que podría haber sido y que, en cambio, priorizó asegurar un lugar para su entorno en el Congreso. Otra candidatura que barajan en el macrismo es la de Esteban Bullrich, uno de los dirigentes con mayor expertise en el gabinete nacional y de buena imagen.

Mientras tanto, Elisa Carrió ya tiene su domicilio en la provincia de Buenos Aires y quiere competir. Hoy Lilita cumple la doble función de oficialista y opositora desde dentro de la coalición gobernante. Se permite digresiones con el Gobierno y hace críticas que comparte una parte del arco político opositor y de la opinión pública (respecto del rol de Daniel Angelici, la suba de tarifas, la inclusión de funcionarios en el blanqueo, entre otros temas) pero las canaliza a través del propio oficialismo, privando a la oposición de esos argumentos.

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