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Mujica y el costo interno de acercarse a la Argentina

23-08-2012
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El presidente uruguayo insiste en hacer del acercamiento un eje central de su gestión, pero cada tropiezo le cuesta caro.

Cuando recién pasó los primeros treinta meses de una gestión de sesenta que terminará en marzo de 2015, el presidente uruguayo, José Mujica, ha planteado más de un tema en la agenda de su país con la idea de generar debate y luego materializarlo en proyecto o ley. En esa larga lista entran desde la idea de importar criadores ecuatorianos de ovejas para suplir la falta de mano de obra en su país hasta la más reciente de formar un monopolio estatal para la producción y comercialización legal de marihuana. Pero no hay eje que genere tanta discusión como la política de acercamiento a la Argentina que Mujica viene planteando desde que asumió en marzo de 2010.

En las últimas semanas, los cortocircuitos originados por el llamado a licitación para el dragado del canal Martín García volvieron a dejar al mandatario en el centro de las críticas por su política exterior. Tanto desde la oposición, como también cada vez más desde el ala ubicada más la derecha del propio Frente Amplio, consideran que la de Mujica es una política de “sumisión y debilidad” ante el gobierno de Cristina Fernández. Mujica asumió decidido a hacer un contraste en la materia con respecto a lo que fue la gestión de su antecesor, Tabaré Vázquez, de tensión permamente en la relación bilateral más allá de Botnia, con visiones casi opuestas en muchos items entre el kirchnerismo y el sector político de Vázquez, representante del socialismo uruguayo (que nunca tuvo mucha afinidad con el peronismo en general).

Su apuesta es alta: más allá de haber logrado un avance de altísimo impacto apenas asumió, como fue la liberación de los puentes en Entre Ríos por el conflicto por Botnia, el presidente sabe que el vínculo con la Argentina es un desafío constante, por una mera cuestión de cercanía geográfica y asimetrías económicas, a las que se suman las coincidencias ideológicas. Estos días, la figura de Vázquez asoma nuevamente para explicar el momento actual de las relaciones.

Sin reelección posible para Mujica, el primer presidente de la historia del FA aparece como el candidato puesto para ganar las elecciones de 2014, y hace meses prepara lentamente su regreso a la arena política luego de dejar sin efecto su renuncia a la actividad política tras reconocer a fines del año pasado que había contemplado un escenario bélico por el conflicto de las pasteras. El sector de Mujica, el Movimiento de Participación Popular (MPP), es el históricamente mayoritario en la interna frenteamplista, más allá de haber perdido la última elección por la presidencia partidaria a manos de la senadora socialista Mónica Xavier. El MPP es el sector que más afinidad ha mostrado con el kirchnerismo y es la base sobre la que se apoya Mujica para mantener abierto el canal de diálogo con la Argentina, contra viento y marea.

Del otro lado, los sectores de centro de la propia coalición se resisten cada vez más a seguir apostando por una relación en la que entienden que Uruguay no ha conseguido grandes logros. Más allá de Vázquez, el vicepresidente, Danilo Astori, es otro de los representantes de estos sectores, al punto que salió a marcar públicamente sus discrepancias por el ingreso de Venezuela al Mercosur y no pierde oportunidad de filtrar cuestionamientos al acercamiento a la Argentina. En el medio, Mujica decidió relevar de su heterogéneo gabinete a varios de los hombres del astorismo.

Para muestra de las resistencias internas dentro del FA a la relación con la Argentina basta un botón: a comienzos de agosto, la revista Caras y Caretas, que expresa la línea política del astorismo tituló “La sádica y el masoquista” una nota sobre el vínculo CFK-Mujica. Esa publicación se ampara ideológicamente en el ex jefe de campaña de Astori, Esteban Valenti, quien en 2011 le vendió sus servicios a Hermes Binner en la Argentina. La misma revista, en su afán antiargentino, describe al actual embajador en Buenos Aires y hombre de estrecha confianza de Mujica, Guillermo Pomi, como “más cerca de La Cámpora que del MPP”, por mantener los canales de diálogo abierto.

Pero además de las difíciles pruebas que debe superar dentro de su partido para seguir adelante con la estrategia negociadora, Mujica enfrenta a una oposición que cuestiona diariamente la forma en la que conduce la relación bilateral. Luego del período de gracia que tuvo Mujica tras lograr el levantamiento de los cortes del puente, tanto el Partido Nacional como el Colorado le reclaman más dureza y un cambio de estrategia en la materia. En el último tiempo, los problemas que han surgido en el ámbito comercial por el endurecimiento de las políticas importadoras argentinas le dieron más letra a esa posición.

EL TEMA DEL DRAGADO

Las dificultades en torno a la licitación para el dragado del canal Martín García son una muestra a pequeña escala de cómo se cruzan todas las aristas mencionadas anteriormente. La obra es considerada crucial para Uruguay, ya que al pasar de 32 a 34 pies la profundidad del canal le permitiría ganar mayor dinamismo al puerto de Nueva Palmira, situado aguas arriba del Río Uruguay, y hacerlo más competitivo en un contexto en el que el país vecino también vive un boom exportador de materias primas. Del lado argentino había una histórica resistencia para hacer esa obra para no hacer más competitivo un puerto competidor a Rosario, pero fue destrabada por los negociadores políticos de ambos países durante 2011.

Cuando ya se asomaba una solución, comenzaron a aparecer en los medios opositores a Mujica denuncias sobre supuestos casos de coimas a un funcionario uruguayo que tendrían el aval de la delegación argentina en la comisión que se ocupa de administrar el río. El funcionario en cuestión es el ex embajador en Buenos Aires, Francisco Bustillo. Diplomático de carrera, Bustillo llegó a su cargo por su cercanía a Tabaré Vázquez, con quien aún hoy mantiene un diálogo fluido. La oposición volvió a ver una veta interesante para atacar al Gobierno por esta nueva dilación y volvió a cargar las tintas sobre Mujica y su canciller Luis Almagro, a quien ya ha interpelado el Parlamento tres veces este año, siempre por ejes vinculados a la integración regional.

En ese marco, las dificultades que trae la crisis internacional a la región son otra piedra en el camino de la buena relación bilateral. Consciente de que no hay otro turno electoral para él, Mujica puede moverse aún con tranquilidad sin mirar las encuestas y seguir apostando al diálogo para mantener encauzada una buena relación. Pero el costo interno que paga por hacerlo, incluso dentro de su propia coalición, es cada vez más alto. Si logra resultados, disipará las dudas sobre la efectividad de su estrategia y no sólo saldrá indemne sino que además reforzará en Uruguay la imagen de una Cristina Kirchner que dista mucho hoy de ser la persona que genere más simpatía en el vecino país.

Pero sino muestra resultados no sólo se complicará cada vez más el frente interno, sino que el Gobierno argentino, paradójicamente, terminará ayudando a lo que no desea: que Tabaré Vázquez vuelva a ser Presidente de Uruguay tras una campaña en la que la relación con la Argentina será uno de los ejes centrales.

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