dom 24 Oct

BUE 14°C

dom 24 Oct

BUE 14°C

Ni chavización ni Mate Party

18-09-2012
Compartir

Por varios motivos, la tensión kirchnerismo/antikirchnerismo ha vuelto a aflorar. ¿Qué se observa en las encuestas sobre el “nuevo” clima político?

Se respira un clima político enrarecido, al menos en Buenos Aires. Retornaron los cacerolazos y las noticias sobre los “escraches”, como el que aparentemente habría sufrido la actriz Andrea Del Boca en Ezeiza, según informan los diarios. También en escenas de nuestra vida cotidiana podemos registrar el recrudecimiento de la retórica.

Hay dos explicaciones, alimentadas por las dos campañas electorales más interesantes de lo que queda del año. Una mira a Venezuela: para un grupo de analistas políticos dominicales, estamos frente a un nuevo ciclo de polarización política e iniciando lo que describen como un “proceso de chavización” del kirchnerismo, con la consecuente reacción defensiva de parte de la oposición y los ciudadanos. En qué consiste la nueva chavización kirchnerista no queda demasiado claro. Se habla del uso intensivo de la Cadena Nacional y la AFIP. Los medios opositores han hecho bolas de nieve con las palabras de la Presidenta (“témanme”), Axel Kicillof (“fundiremos Techint”) y hasta Paolo Rocca (“perdimos el rumbo”). Sacando en todos los casos las frases de contexto, con el indisimulable objetivo de recalentar el debate político.

La otra explicación mira a Estados Unidos. En este país, hay una creciente brecha ideológica entre el oficialismo y la oposición, cuyo origen parece más cercano a una transformación de esta última. De Clinton a Obama, no hay demasiadas diferencias entre los demócratas de hace veinte años y los de hoy, pero no podemos decir lo mismo del Grand Old Party. Arnold Schwarzenneger, ex gobernador republicano de California y un gran admirador de su colega y antecesor en el cargo Ronald Reagan, escribió meses atrás una editorial en Los Angeles Times denunciando el giro ideológico: “Este ya no es el partido de Reagan” , afirmaba. Efectivamente, por sus ideas globalistas, seculares y pro-obra pública, para los seguidores de Romney, Ryan y el Tea Party, el otrora conservador Terminator hoy es considerado casi como un traidor marxista (además de extranjero).

Emparentados con esta idea, para los ultrakirchneristas hoy estamos ante un proceso de “derechización de la derecha”. La que, como respuesta a los cambios introducidos por el kirchnerismo a lo largo de esta última década, estaría sincerando sus posiciones ideológicas más cercanas a la dictadura militar, la Iglesia y el noventismo económico. Poniendo un poco de paños fríos en el análisis, resulta difícil encontrar contenidos que respalden algunos de los dos análisis anteriores. En lo programático, no hay grandes cambios en el Gobierno que justifiquen semejante comparación con el chavismo. El gobierno de Chávez, recordemos, tiene un visible componente militar y es desafiante de Estados Unidos y otros poderosos en el plano internacional. Por otra parte, en los grandes temas, tampoco la oposición argentina ha realizado nuevos planteos ideológicos que justifiquen hablar de una polarización de proyectos políticos, más allá de las diferencias lógicas de la competencia democrática. Hay, eso sí, dos elementos nuevos en 2012: el posible proyecto reeleccionista presidencial y el avance de la ley de Medios sobre el Grupo Clarín.

Pero, tal vez, más que en esos dos temas vinculados al poder, la explicación se encuentre en los votantes. De acuerdo a las encuestas, el Gobierno Nacional tiene una imagen positiva (es decir, la suma de los que responden dentro del rango de “muy buena” a “relativamente buena”) que oscila, según la medición, entre 51% y 61%. No ha perdido, en definitiva, su base electoral de 2011. No hay, por el momento, un segmento de votantes “oficialistas arrepentidos” que modifique el balance político. Esta tendencia, cabe aclarar, es bastante consecuente con lo que sucede con todos los oficialismos de la región, tanto a nivel nacional como subnacional. Todos los presidentes de América del Sur siguen disfrutando de índices de popularidad altos o medio-altos. Dilma Rousseff (Brasil), Rafael Correa (Ecuador), Juan Manuel Santos (Colombia) y Hugo Chávez (Venezuela), de hecho, tienen índices de popularidad aún más altos que los de CFK. Y, con algunas pocas excepciones, la regla se repite para los titulares de los ejecutivos regionales, provinciales y municipales de casi todo el continente.

La desaceleración del crecimiento económico, en la Argentina y en otros países, no registró impacto sobre los indicadores de apoyo e imagen, lo que explica la estabilidad del clima político. Sin embargo, y volviendo al caso argentino, lo que las encuestas de los últimos meses sí registran como novedad es una intensificación de la imagen negativa del Gobierno. Esto quiere decir que los que tienen una opinión contraria al Ejecutivo Nacional (y algo similar ocurre en varias provincias) no aumentaron en volumen, pero sí en negatividad.

Más concretamente: muchos que antes tenían una imagen “relativamente mala” o “mala” del Gobierno y la Presidenta, ahora responden que su opinión es “muy mala” . Esto contribuye a explicar el clima de enrarecimiento. La tensión kirchnerismo/antikirchnerismo, que había alcanzado sus picos más altos entre 2008 y 2009 durante la crisis del campo y el debate por la ley de Medios, se había diluído con dos hitos clave: la muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010 y la campaña y posterior reelección de CFK en 2011. Desde mediados de 2012, algo de aquel clima comienza a despertar.

Las razones, por lo tanto, debemos buscarlas en lo que pudo haberse transformado para un sector de la población, que es minoritario pero activo, que no votó al kirchnerismo y aumentó su disconformidad. Las restricciones cambiarias, la presión impositiva y la quita de subsidios a los servicios públicos se cuentan entre los factores posibles de este diferencial aritmético. Sin dudas, el endurecimiento del conflicto con los medios y la reacción que genera la hipótesis reeleccionista también contribuyen a explicar los discursos y los movimientos anticristinistas. Pero el hecho de que los mismos disconformes de ayer sean los recontradisconformes de hoy sugiere que hay una explicación localizada del malestar.

En esta nota