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Nos siguen pegando abajo

Los trabajadores/as necesitan la unidad de sus representantes y el paso del 11 de noviembre es bienvenido, pero también precisan una CGT que se ponga por arriba y por los costados de los gobiernos de turno.

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Federico Recagno Federico Recagno 02-11-2021
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Los trabajadores/as de diversas actividades iniciaron, hace muchos años, su peregrinar en busca de asociarse en diversos puntos del planeta y fue con la Revolución Industrial y la llegada de las fábricas que asomaron las bases del sindicalismo moderno.

En Argentina es con los socialistas y los anarquistas que comienzan a gestarse los primeros gremios cuyo hecho simbólico fue la celebración del 1° de mayo de 1890, con discursos en italiano, alemán, francés y español,  por ser el idioma de los obreros inmigrantes.

La marcha de este movimiento laboral se encuentra, en los '40, con Juan Domingo Perón, tomando el sindicalismo una impronta que lo condiciona hasta el presente.

Perón suscribe, por entonces, junto a los gremios, un pacto tácito que dura, en el imaginario de muchos dirigentes sindicales, más allá de su muerte y mucho más allá de la angustiante situación actual.

Los sindicatos, simplificando, deben ocuparse de las relaciones de los trabajadores frente a los empleadores, del salario, de las condiciones laborales, pero, en el caso argentino, parece que una función adicional es su vinculación con el peronismo.

Todo fue equilibrio mientras Perón ejerció sus dos primeras presidencias. A partir de su exilio, pero con el modelo industrial posguerra vigente, los gremios mantuvieron su enlace con el líder, apareciendo algunas ideas sindicales independientes y nuevas formas de interpretar la doctrina de Perón.

Una fuerte eclosión se dio en los '70, en donde la ambigua mirada del Justicialismo, enfrentó a los sindicatos desafiados por los nuevos militantes.

El gremialismo, pos-Perón,  sufrió grandes vaivenes ideológicos durante los gobiernos justicialistas venideros. Algunos dirigentes sindicales (que aún están) se adhirieron al menemismo, mientras otros se opusieron. La misma situación se repitió con Eduardo Duhalde y con los tres gobiernos del kirchnerismo, donde se profundizaron los antagonismos en las filas gremiales.

Vale reparar que, hasta el Gobierno actual, el peronismo nunca constituyó una coalición para acceder al poder, en las anteriores experiencias cada gobernante peronista fue hegemónico y verticalista.

El oficialismo hoy nos presenta un partido cada vez más fragmentado, con contrapuntos e incoherencias insoslayables. 

Dentro de este marco, la CGT realizó una marcha el 18 de octubre en pos de la unidad sindical,  que podría concretarse el 11 de noviembre.

Tres días después son las elecciones nacionales, las que, de no mediar cambios sustanciales, pueden evidenciar nuevas diferencias en el Gobierno.

La marcha obrera del 18 tuvo un documento en el que se manifestó que “la CGT representó, y lo sigue haciendo, a la mayoría de los trabajadores sindicalmente organizados”, agrega que “el peronismo debe promover la alianza entre la producción y el trabajo”.

Sin embargo, el día anterior, en la marcha del 17 de octubre, con la presencia de otros gremios, SUTEBA, Curtidores, ATE, CTA, Bancarios, ATILRA, Hebe de Bonafini disertó: “Nos da tristeza que Ud. (por el presidente) siempre se junta con los ricos, con IDEA, con los gordos de la CGT”.

La elección del 11 de noviembre dará un paso uniendo a la CGT, la CFT (moyanismo) y el MASA junto a otros actores sindicales y, tal vez, de la economía popular. Será una unidad imprescindible para discutir políticas, pero quedarse únicamente con el sesgo partidario de esta unión es dejar de lado a miles de trabajadores, de jubilados, de desocupados, en los que es el propio gobierno, de sello peronista, el que no genera medidas de creación de empleo, de mejoras salariales y haberes jubilatorios, con respecto a la inflación.

Los trabajadores/as necesitan la unidad de sus representantes y el paso del 11 de noviembre es bienvenido, pero también precisan una CGT que se ponga por arriba y por los costados de los gobiernos de turno (peronistas o no) para enfrentar los desafíos del trabajo del presente y del futuro, para que no repitamos la frase del cumpleañero Charly, que a los trabajadores “los vuelven, vuelven a golpear. Nos siguen pegando abajo”.

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