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Pudiendo elegir la tragedia, Grecia arriesga la catástrofe

28-01-2015
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(Columna escrita junto a Antigoni Kyrousi)

Syriza es nacionalismo de estrellas mediáticas más que izquierda radical. Exige soluciones pero no las ofrece. Sólo Alemania puede hacerlo.

El domingo 25 de enero Syriza ganó las elecciones. El lunes 26 Alexis Tsipras asumió el gobierno. Tremenda eficiencia. ¿Por qué un país así tiene 26% de desempleo y debe el 170% de su PBI? Es culpa de Angela Merkel, pensó parte del electorado. Y votó en consecuencia.

La coalición de Syriza y Anel unió los extremos del arco ideológico. Casi como en Brasil, donde el PT gobierna con partidos ultraconservadores, pero más intensamente. Nazis y comunistas quedaron afuera del gabinete pero no difieren demasiado de quienes entraron. Mientras Syriza constituye una escisión del Partido Comunista, la principal diferencia entre Anel y Aurora Dorada no es de ideología sino de militancia: los segundos usan palitos de abollar ideologías.

Tsipras se parece más al español Pablo Iglesias que a cualquier antecesor. Es el primer gobernante de la Grecia moderna que nunca vivió, estudió ni trabajó en el exterior. Su ministro de economía es Varoufakis, un académico reconocido pero también de cabotaje ?enseña en la Universidad de Atenas-.

Son dos estrellas televisivas. Hay quien apode Varoufman al segundo, por analogía con los superhéroes.

Cuando todos esperaban que Tsipras se coaligase con el moderado To Potami, el pragmatismo pisoteó la proximidad ideológica. El acuerdo entre Syriza y Anel se tejió en la madrugada que siguió a las elecciones?o varias semanas antes. Si así fue, hay que reconocer la clarividencia ? y el secretismo ? de sus líderes. Tsipras y Kammenos se diferencian en casi todo: inmigración, derechos civiles, matrimonio homosexual, relaciones iglesia-Estado y apreciación de la dictadura militar. Coinciden en la voluntad de poder y en su nacionalismo antiajuste, que es también anti-Alemán y, veladamente, anti-Unión Europea ?lo llaman anti-troika?. La primera reunión de gobierno fue con el embajador de Rusia, matrona imperial de la iglesia ortodoxa y protectora histórica contra el enemigo turco.

Los dos partidos de gobierno son soberanistas, uno de izquierda y otro de derecha. Pero la ideología, como la religión, es una cuestión cada vez menor en Europa. O mejor dicho, la religión griega importa porque es nacionalista: define la identidad del país por contraste con Turquía. Más importante, al acercarlo a Moscú lo aleja del resto de Europa. Primero viene Grecia, la soberanía no se comparte.

Europa sufre dos relatos contrapuestos: uno critica el despilfarro del sur, el otro acusa al imperialismo del norte. Los primeros dicen que los meridionales no quieren pagar la fiesta; los segundos, que el norte les prestó dinero para comprar sus productos. George Soros adhiere a la segunda versión y promueve la salida del euro?de Alemania. Hoy discuten quién paga deudas impagables, pero no cómo volver a crecer.

Como cualquier solución es inaceptable para una de las partes, habrá que usar contabilidad creativa: no pagar diciendo que se paga, emitir dinero poniendo cara de deflación. No es el estilo alemán. Caso contrario, Grecia tiene los euros contados. No será porque la echen o decida irse: como de la convertibilidad, del euro se sale sin querer.

Sin embargo, hay dos diferencias con Argentina. La primera es estructural: resulta más fácil salir de una crisis durante la mayor bonanza histórica de las materias primas, que produjo una década ganada en América del Sur. Grecia sólo puede vender turismo, y si la crisis genera disturbios sociales y escrache de alemanes se arruina el negocio.

La segunda diferencia es el timing: en Argentina el líder reparador llegó cuando la curva ya apuntaba para arriba; en Grecia todavía queda mucho para caer. Kirchner se benefició del trabajo sucio de Rodríguez Saá (default) y Duhalde (devaluación), además del precio de la soja. Tsipras tiene que hacerlo todo él ?y no tiene soja-. Como sugiere el politólogo Eduardo Rivas, siempre queda la posibilidad de emitir platones.

Los griegos optaron entre postergar la agonía (la tragedia) y apretar el gatillo (la catástrofe). Eligieron dispararse. Ahora esperan que la ruleta rusa les perdone la vida pero asuste a los acreedores. Porque el destino de Europa sigue en manos de Alemania.

Resta conocer el impacto si sale el tiro. ¿Será Grecia la primera ficha del dominó o la vacuna que inmunizará al resto de Europa? El tambor está girando.

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