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Qué cambia y qué no en la provincia de Neuquén

25-03-2015
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(Columna de María Esperanza Casullo)

La clave del éxito del Movimiento Popular Neuquino, que probablemente sea ratificado en las elecciones de este año, se debe a su habilidad (que viene de lejos) de separar el nivel provincial de la política del nacional y del local.

Al analizar la política argentina no hay que olvidar que ella se desenvuelve (para bien o para mal) dentro de un sistema político federal, o sea, multinivel. Una metáfora que puede ayudar a pensar la peculiar dinámica argentina es ésta: hay que imaginar el sistema político argentino como un juego de ajedrez, sólo que este que no se juega en un tablero unidimensional sino en un tablero piramidal que tiene tres niveles, uno colocado sobre el otro (la idea del ajedrez piramidal no es original sino que está extraída de la novela Dune, en la que era el juego preferido de los pérfidos Harkonnen): el tablero superior es el nacional, en él se dirimen las elecciones a presidente, a diputados y a senadores. Debajo de él se ubican los veinticuatro tableros provinciales; en cada uno de ellos se juega la elección a gobernador y legisladores provinciales. Por debajo de estos se encuentran una cantidad aún mayor de tableros locales, con sus elecciones de intendentes y concejales. Y si se toman en cuenta las PASO, esta metáfora ya ardua quedaría aún más complicada.

La complejidad del sistema está dada por cuanto, por un lado, en todos ellos no se enfrentan dos jugadores sino varios y porque, por el otro, las jugadas que se hacen en un tablero repercuten necesariamente en los otros. Es decir, los cálculos estratégicos que los jugadores y jugadoras deben hacer tienen una complejidad que empequeñece el juego chino del go, que, dicen, tiene permutaciones infinitas en sus jugadas. Determinada candidatura nacional puede arrastrar votos provinciales de un candidato del mismopartido, pero también perderlos; un candidato o candidata puede intentar ocupar un tablero provincial, fallar y verse obligado a replegarse en uno local, cambiando así todas las configuraciones de este segundo nivel; una intendente popular puede tener “arrastre inverso” y aportarle votos a un candidato/a a gobernador. Hay una infinita cantidad de etcéteras. El federalismo es complicado, pero nadie puede negar que genera abundante intriga política para diversión del politólogo.

Por décadas, la pirámide de tableros argentina estaba más o menos alineada según un mismo eje bipartidista. El clivaje entre peronismo y radicalismo se replicaba (más o menos) en cada uno de los niveles: tanto a nivel nacional como provincial y subprovincial, peronismo y radicalismo se repartían la mayoría de los votos en cada uno de los niveles. Desde por lo menos 1995 hasta aquí los tableros parecen haberse descentrado: se multiplicaron las identidades partidarias en el espacio no-peronista (no así en el peronista, más flexible y sin embargo más estable) y se “autonomizaron” un tanto los niveles. Una misma provincia puede votar, por ejemplo, a un partido en la elección a gobernador, a otro en la elección a presidente, y a terceros partidos en las elecciones locales. A esto ayuda sin duda el que las elecciones nacionales, provinciales y municipales se desdoblen y multipliquen en meses diversos, innovación que sería sensato repensar.

EL CASO NEUQUINO

Y, sin embargo, hay un tablero que permanece inalterado en su conformación desde 1963 hasta hoy. Hablamos por supuesto de la provincia de Neuquén, cuyo tablero provincial tiene a un jugador que desde 1963 acumula más piezas que sus (sucesivos) contrincantes: el Movimiento Popular Neuquino. Justamente la clave del éxito del MPN tiene que ver con su habilidad (que viene de lejos) de separar el nivel provincial de la política del nacional y del local.

Esta dinámica no tiene visos de cambiar en el corto plazo: todas las encuestas muestran primero en la provincia al candidato del MPN, Omar Gutiérrez, y casi podría afirmarse que en los diarios y en la población se percibe más interés por ver cómo se dirime la competencia entre Horacio “Pechi” Quiroga (en alianza con el PRO) y Ramón Rioseco (candidato del FpV) por el segundo lugar que por la competencia por el primero, cuyo resultado casi se descuenta. En la provincia se vota a gobernador en abril; cada ciudad decide la fecha de su elección a intendente según su Carta Orgánica, y por supuesto los cargos nacionales se dirimen en octubre. En la provincia no se aplican las PASO para cargos provinciales.

Tanto Quiroga como Rioseco son intendentes con buen respaldo en sus ciudades de origen. Sin embargo, no parece posible (todavía) para un intendente opositor lograr escalar su apoyo local de tal manera de resultar amenazantes a nivel provincial.

Horacio Quiroga se encaramó a la fama provincial en el 1999, cuando el entonces concejal fue el joven y carismático candidato de la Alianza que logró la hazaña de destronar al MPN del gobierno de la ciudad. Luego de esa victoria y desde su control férreo de su “tablero” local, “Pechi”, como es conocido, parecía encaminado a ser quien finalmente lograra desafiar el control emepenista del tablero provincial. Sin embargo, los acontecimientos no fueron todo lo propicios que parecerían. La implosión de la Alianza no amenazó el control por parte de Quiroga de la ciudad de Neuquén (es el intendente de la ciudad desde 1999 con un gobierno de Martín Farizano, aliado, en el medio), pero complicó las relaciones con el tablero provincial y con los locales. En cuanto a lo nacional, Quiroga ha pasado por casi todas las identidades: fue radical, fue aliancista, fue un aliado del kirchnerismo (tanto así que fue el candidato a gobernador de una alianza con el FpV en 2007), se fue indignado del Gobierno de CFK junto a Julio Cobos, coqueteó con el massismo y recabó finalmente en el macrismo, mediante una alianza con el PRO. Pero ni desde la centroderecha ni desde la centroizquierda parece haber podido articular una alianza con otros actores provinciales (sobre todo intendentes) que le permitan derrotar al MPN.

Ramón Rioseco es otro intendente que vive esta paradoja de ser enormemente popular en su ciudad y tener dificultades para trascender provincialmente. La historia de Rioseco parece salida de una miniserie: muy joven, formó parte de los piquetes de Cutral Có en los duros años que siguieron a la privatizacion de YPF. Con base en este liderazgo social fue electo intendente en 2007 y reelecto en 2011 con el 75% de los votos. Rioseco tiene el apoyo de los intendentes peronistas de Centenario y San Martín de los Andes, entre otros; pero sin los votos de la capital es difícil imaginar una vía a la victoria viable.

La larga historia del MPN como partido provincial (más o menos cercano, incluso aliado del Gobierno Central por momentos, pero nunca orgánicamente integrado a ningún partido nacional) lo faculta para manejarse en este peculiar momento en donde la local, lo provincial y lo nacional se descentran. En esta elección no se sabe aún si el MPN apoyará a un candidato en la nacional. En lo local, partidos opositores gobiernan varias de las más importantes ciudades de la provincia; pero lo provincial parece, por ahora, seguro.

Central en este control es el compromiso partidario con elegir todos los cargos electivos, tanto las candidaturas como los cargos internos del partido, en elecciones internas limpias y competitivas. La interna del MPN no fue sólo una formalidad, sino que en ella resultó derrotado el ex gobernador Jorge Sobisch.Ninguna de las fórmulas opositoras surgió de un proceso semejante.

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