mar 07 Dic

BUE 25°C

mar 07 Dic

BUE 25°C

¿Qué pasa en las provincias petroleras?

petroleras
05-06-2015
Compartir

En Chubut se empieza a registrar, como en otros distritos petroleros, una competencia interna por el control del partido predominante.

¿Hay una forma particular de hacer política en las provincias que producen petróleo? La literatura dice que tener oro negro bajo los pies, como mínimo, impone ciertas condiciones particulares de competencia y disputa política, a las que gobiernos, instituciones y electorados pueden responder de diversas maneras. Aunque, en general, las teorías sobre la relación entre petróleo y política se refieren a casos en los que la producción de petróleo es muy alta y muy dominante en una determinada economía, y dicen menos de los casos intermedios. Argentina está en la zona gris, porque no es un país petrolero ?de hecho, venimos importando petróleo-, pero sí tiene provincias que son petroleras. Ello podríamos medirlo en más de una forma: por la cantidad de petróleo (y/o gas) que producen, por lo que podrían llegar a producir, por las regalías que reciben, por lo que éstas representan al Tesoro provincial. En esos diferentes rankings puede variar el orden, pero son siempre las mismas seis o siete provincias: Neuquén, Chubut, Santa Cruz, Mendoza y Salta y, en menor medida, Río Negro y Tierra del Fuego. La producción argentina se divide en cinco grandes cuencas: la mayor de todas es la neuquina (provincias de Neuquén, algo de Río Negro y Mendoza), seguida en segundo lugar por la de San Jorge (provincias de Chubut y norte de Santa Cruz, con centro histórico en Comodoro Rivadavia). También están la Austral (Santa Cruz y Tierra del Fuego, con algo de explotación offshore), la del NOA (fundamentalmente basada en Salta) y la de Cuyo (Mendoza, y algo en San Juan).

La identidad petrolera de estas provincias se hizo más marcada y sofisticada con la reforma de 1994, que las hizo dueñas de la riqueza subterránea. Ello abrió nuevas agendas de negociación con los sucesivos gobiernos nacionales ?a veces bilateral, otras veces colectiva?, un trato más cercano y cotidiano con las empresas nacionales y multinacionales que operan en las áreas concesionadas, y una proyección financiera internacional, ya que estas provincias suelen colocar deuda con respaldo propio en los mercados de capitales. Todas esas nuevas tareas de la “gobernabilidad petrolera” trajeron bajo el brazo nuevos perfiles de gobernador.

Para empezar, las empresas quieren más estabilidad política. Como los contratos petroleros y el pago de los bonos son a largo plazo, lo mejor es que quien firmó los contratos y emitió los bonos siga gobernando. A su vez, si un gobierno subnacional administra bien la renta petrolera, hace obras y paga los sueldos regularmente, los electorados lo seguirán eligiendo. En Neuquén y Santa Cruz siempre gobernó el mismo partido, en Salta y Río Negro casi siempre; sólo Mendoza y Tierra del Fuego ?las menos dependientes del petróleo? se caracterizaron por la alternancia, mientras que Chubut pareciera dirigirse hacia un caso del primer grupo.

El perfil petrolero no se agota ahí: los gobernadores de estas provincias combinan modalidades de alianza y autonomía en sus relaciones con el Gobierno Nacional, que guardaron relación con procesos de negociación subyacente. Carlos Menem casi no tuvo gobernadores peronistas y alineados en estas siete provincias, pero coexistió muy armónicamente con todos ellos, hayan sido justicialistas, radicales o provinciales. En la era kirchnerista los niveles de adhesión al Gobierno Nacional fueron más explícitos (tanto los radicales de Mendoza y Río Negro como los provinciales de Neuquén y Tierra del Fuego compartieron boletas presidenciales con CFK, pero mantuvieron independencia orgánica). E inclusive, el vínculo con los propios siempre fue complejo y condicional: con Das Neves termina rompiendo, Urtubey tuvo gestos de diferenciación, y hubo idas y venidas con los gobernadores kirchneristas de Río Negro y Santa Cruz.

Las dos primeras de la lista, Neuquén y Chubut, son las que más petróleo llevan en sus venas políticas. Y no parece casual que en Chubut se registren algunas incipientes señales de emepenización. Como ha descrito María Esperanza Casullo en el estadista, el MPN se ha caracterizado por sus regularidades institucionales, por separar cuidadosamente los niveles nacional y provincial de la política ?el único que intentó romper el tabú fue Jorge Sobisch, y bien no le fue?, y por la competencia interna. En Chubut, tras haber intentado diferentes incursiones en el nivel nacional, Mario Das Neves ha revalorizado el liderazgo provincial y se ha dedicado a fortalecer la identidad local ?y localista- de su partido provincial, el PJ Chubut Somos Todos. Al mismo tiempo, días atrás, en el congreso provincial del dasnevismo, se decidió bajar los deciveles del enfrentamiento con el Gobierno Nacional ?no así con el Gobierno provincial de su otrora delfìn Buzzi, que sigue siendo su aquellarre- y abrir las puertas a una adhesión a la boleta presidencial del FpV en caso de que Scioli sea el candidato. Así, Chubut parece encaminarse hacia el predominio hegemónico de un partido que discute, hacia adentro, sobre los grados de adhesión al Gobierno Nacional. No muy diferente de lo que viene sucediendo en otras provincias petroleras, más o menos institucionalizadas: competencia interna por el control del partido predominante.