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Reflexiones sobre el rumbo actual de la socialdemocracia

27-03-2011
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(Reseña del libro "La Socialdemocracia" -FCE-, publicada en la edición nº27)

Las grandes crisis internacionales siempre ofrecen momentos apropiados para reflexionar sobre los paradigmas políticos que rigen cada momento histórico en alguna parte del globo. En América Latina, por ejemplo, las esquirlas apenas visibles que llegaron en 2008 desde los países centrales luego de la explosión de un modo de construir y edificar negocios y pensar las relaciones políticoeconómicas entre los distintos Estados, produjo un gran número de ensayos sobre las características, circunstancias de aparición y rumbos de los gobiernos de corte populista y de centroizquierda que desde finales de la década del noventa han ido apareciendo en el Cono Sur.

En varios de los países centrales de Europa, donde comenzó y aún hoy se palpan las

consecuencias de esa misma crisis, parte de esa discusión se centró en el Estado de Bienestar que desde la posguerra, y más allá de altibajos, retrocesos y apariciones constantes, se fue posicionando como el paradigma desde el cual se reconstruían esos países y se reconstituían sus sistemas políticos.

Esos regímenes comenzaron a conocerse como “socialdemócratas”, mientras la Guerra Fría los sostenía y rodeaba con el comunismo soviético, por un lado y las economías mercadocéntricas a las que apostaba Estados Unidos, por el otro. En ese contexto, el español Ludolfo Paramio, director del doctorado en Gobierno y Administración Pública del Instituto Universitario Ortega y Gasset, publicó “La socialdemocracia” (Fondo de Cultura Económica), en el que analiza su situación pasada, actual y futura.

“La socialdemocracia ?escribe? atraviesa hoy el peor y el mejor de los tiempos posibles. Un tiempo vil, debido a la insidiosa extensión de los valores individualistas y al descrédito de la política y de lo público que fueron propiciados por años de auge del neoliberalismo. Pero también un tiempo esperanzador, pues la última gran crisis dejó expuestas descarnadamente las fallas del modelo neo liberal y, en el mismo movimiento, puso en valor el entramado de garantías sociales de la propuesta socialdemócrata”.

Con esas premisas, analiza en su libro las consecuencias políticas de la última crisis económica, momento en el que vislumbra “una oportunidad” para el socialismo democrático. ¿Qué conserva hoy ese nombre del contenido que se le ha ido dando, primero, desde los movimientos socialistas moderados frente al comunismo soviético hasta los movimientos que con diferencias trataron de desmarcarse de los fundamentalismos de mercado poscaída del muro de Berlín?

¿Cuáles son los desafíos actuales del movimiento que Domenico Settembrini admite que “se lo usa para designar a los movimientos socialistas que intentan moverse rigurosa y exclusivamente en el ámbito de las instituciones liberaldemocráticas y aceptan dentro de ciertos límites la función positiva del mercado”, pero que reconoce

equívoco y lo encuentra mejor definido como aquel movimiento que “pretende recorrer” el camino entre el reformismo y el socialismo revolucionario?

A lo largo de la obra, Paramio revisa la historia de un modelo social que, desde los albores del siglo pasado, “guió la búsqueda de la igualdad social en condiciones de libertad”. La socialdemocracia, propone, permite no sólo reflexionar sobre la génesis de esta opción socialista no revolucionaria en el seno de los partidos de los trabajadores europeos, sino también recorrer los triunfos sociales de los treinta dorados años del Estado de Bienestar y revisar críticamente las recientes décadas

de neoconservadurismo y neoliberalismo que atravesaron las democracias occidentales.

La socialdemocracia, señala, “constituye una respuesta a la incertidumbre actual a través de la reflexión histórica sobre una propuesta política que hoy se comprueba imprescindible”. De esta forma, en el ocaso del fundamentalismo de mercado que el autor ve en el desarrollo actual de la poscrisis, se renueva la posibilidad de crear una sociedad cohesionada e inclusiva, que apueste por un futuro sostenible para cada país y para la sociedad global.

Y es en ese marco que apuesta por una renovación de ideas socialdemócratas. El texto está organizado en cuatro partes. La primera describe el crecimiento de los partidos socialdemócratas y laboristas en Europa a partir de la formación del movimiento

obrero en la segunda mitad del Siglo XIX y hasta la Segunda Guerra Mundial, tratando de explicar este proceso como fruto de unas condiciones sociales y políticas concretas y no como consecuencia del papel de la clase trabajadora en el capitalismo.

En la segunda parte se describe cómo tras la Segunda Guerra Mundial, lo que en principio había sido la aspiración común que daba nombre a unos partidos (la democracia social), pasó a ser un modelo de sociedad que, sin duda con variantes

significativas, se extendió por Europa occidental y algunos países de colonización europea.

En la tercera parte se analizan el ascenso y la crisis del ciclo conservador que comenzó

a finales de los años ochenta como consecuencia de la malaria económica provocada por la crisis del petróleo de 1973 y del creciente peso de la economía financiera frente a la economía productiva. En la cuarta parte se pretende analizar cómo, aunque la crisis actual significa una nueva actualidad del proyecto socialdemócrata, “existen notables obstáculos para el protagonismo político de los partidos e ideas socialdemócratas”.

Pero Paramio no sólo reflexiona sobre el pasado. También, y con mucha importancia, se vale de esas experiencias para interrogar al presente y encontrar soluciones de cara a un futuro al que ve más abierto con el tambaleo de los paradigmas políticoeconómicos de 2008. Y a partir de allí diagnostica Paramio que la izquierda europea tiene un déficit de liderazgo que debe remediar y que, como ha sostenido en su última visita a la Argentina, una de las claves en cualquier partido socialdemócrata pasará por redirigir sus discursos hacia un público más cercano al ciudadano del Siglo XXI que al obrero de mediados del XIX.

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