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Sanz-Llach: acaba la sarasa

sanz-llach
03-06-2015
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No hace falta ser radical para apreciar el rejuvenecimiento partidario. La movida puede fallar, pero el desparpajo oxigena.

El primer candidato a vicepresidente salió a la cancha. En un alarde de economía, Ernesto Sanz armó una fórmula pobre en sílabas y en vocales pero rica en todo lo demás. La elección del iconoclasta Lucas Llach refresca la política y promete rock and roll. Además, es una excusa para debatir ideas.

La fórmula es una mojada de oreja al trío italiano que conforman Macri, Scioli y Massa. Hete aquí que Llach milita contra la pizza y la pasta, los cimientos gástricos de la italianidad. Con su defensa del menú paleo, compuesto exclusivamente por carnes, frutas y verduras, Llach facilita la vida de los celíacos pero exhibe un alto grado de sincretismo científico-religioso. Después de todo el científico Jared Diamond, que él venera, mostró que la civilización debe su existencia a la capacidad de producir y almacenar excedentes alimentarios ? o sea, a la invención de la harina?. Al pan pan, porque sobre el vino no hay disputa.

La mayor contribución académica del vicecandidato versa sobre Historia Argentina. Un desierto y una gema: así definió, con Pablo Gerchunoff, a los factores que moldearon nuestro país. Un territorio inmenso y poco poblado que albergaba una ciudad abierta al mundo. Las asimetrías de ahí derivadas todavía nos marcan: los clivajes regional y sectorial no se han cerrado. Pero el desierto y la gema crearon, además de asimetrías, oportunidades. El reclamo de igualdad sigue siendo una característica central de la sociedad argentina, mucho más que en cualquier otro país latinoamericano salvo, por supuesto, Uruguay. El país de Obdulio Varela.

El aporte de Gerchunoff y Llach hace hincapié en las políticas económicas. La interacción entre el contexto internacional y los debates internos determina qué política es acertada en cada momento. La estrategia correcta no siempre es la misma. El remate es antidogmático: la respuesta justa suele ser “depende”. De ahí que Llach pueda hoy responder, cuando le preguntan si prefiere más mercado o más Estado, que sí. Más mercado para crear riqueza y más Estado para redistribuirla.

Hasta acá documentamos eclecticismo y relativismo: son bases demasiado académicas para sostener una candidatura. Pero hay también pasión por detrás de la máscara intelectual. Llach es un fanático del futbol. Son sus amores un desierto y una gema: Rosario Central y Lionel Messi. Y es su messianismo el que inspira su afirmación más temeraria: que Xavi es un jugador común. Esto, que podría ser su talón de Aquiles, le ha ganado críticas hasta de Juan Pablo Varsky.

Más allá del fútbol y la economía, la propuesta más atrayente de Llach consiste en dividir la provincia de Buenos Aires. En 2005 publicó en su blog “Acabemos con el engendro”, un breve alegato que propone la tripartición. En 2009 fue más drástico: “Muerte a Buenos Aires (la provincia)”. Ahí elabora sus argumentos: 1) desde 1983, nadie recuerda un buen gobierno provincial; 2) la influencia de la provincia sobre la política nacional es exorbitante; 3) a pesar de lo anterior, los bonaerenses están subrrepresentados en el Congreso; y 4) la provincia carece de identidad cultural. De hecho, con el 39% de la población nacional, Buenos Aires es la provincia más hipertrofiada del mundo. Aunque intendentes como el olavarriense José Eseverri ya esbozaron esta propuesta, es la primera vez que llega al debate político nacional. Quizás, por fin, el gobernador bonaerense dejará de ser un felpudo o un verdugo de la presidencia.

¿La nominación de Llach tiene contraindicaciones? Sí, y no son pocas. Por un lado, Sanz deberá responder a corporaciones como el Grupo de Especialistas en Camélidos Sudamericanos del CONICET, que repudia la propuesta de Llach de correr guanacos en patas. Por otro, y así como cada peronista lleva en su mochila el bastón de mariscal, cada tuitero busca el retuit como un Santoro. Existen en el prontuario de Llach algunas tiradas antirradicales que el purismo partidario le querrá cobrar. Más allá de los partidismos, Ernesto Sanz merece reconocimiento. Por tomar riesgos, por transgredir las ortodoxias y por no hacer dieta, ni paleo ni otra. Por salir a cautivar activistas en la sociedad en cambio de rapiñarlos dentro de la política. Y porque gane o pierda, así se agranda la política y se enriquece la sociedad.

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