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Scioli enfrenta mitos y hechos

20-05-2012
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(Columna del politólogo Lucio Guberman, director del Posgrado en Comunicación Política de la UNR)

Para llegar a la Casa Rosada, el gobernador deberá enfrentar los desafíos de la hora y la “maldición de Tejedor”.

En la carrera por la sucesión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el actual mandatario bonaerense de be rá enfrentar obstáculos que tienen raíces en el pasado y otros que presumiblemente le deparará el futuro. Del pasado, acecha a Daniel Scioli una tendencia histórica elevada a la categoría de mito: ningún gobernador bonaerense llegó a Presidente por la vía electoral. Si bien la historia es como es hasta que sucede lo contrario, los derroteros históricos revisten cierto interés para analizar la coyuntura actual dado que otra vez aparecen tensiones de larga data en la vida nacional. Del futuro, Scioli también puede esperar una serie de retos de gran envergadura política, provenientes de al menos tres fuentes: la propia gestión, la relación con el oficialismo nacional y la explicitación de algunas de sus definiciones políticas nacionales que aún se desconocen.

DESDE ATRAS: EL MITO

La dimensión mítica acecha a Daniel Scioli en la búsqueda de la Presidencia: a sus predecesores les resultó imposible llegar a la Casa Rosada por la vía electoral. Quienes tratan de exorcizar estos fantasmas dicen “Mitre, Mitre”. Bartolomé Mitre fue gobernador de la provincia de Buenos Aires entre mayo de 1860 y octubre de 1862 y luego fue Presidente de la Nación de 1862 a 1868. Los exorcistas podrían agregar a Adolfo Alsina, quien gobernó la provincia de 1866 a 1868 y fue vicepresidente de Domingo Faustino Sarmiento entre 1868 a 1874; y a Mariano Acosta, gobernador entre 1872 y 1874, año en que se convirtió en vicepresidente de Nicolás Avellaneda.

Pero con Carlos Tejedor comienza a cobrar cuerpo histórico el mito que pesa sobre el gobernador bonaerense. Tejedor disputó con Julio Roca la Presidencia de la Nación en 1880 y fue derrotado. Dardo Rocha gobernó la provincia entre mayo de 1881 y mayo de 1884, proclamó su candidatura presidencial esperando ser el sucesor de Roca, a quien adhería, pero fue desplazado de la candidatura del Partido Autonomista Nacional por Miguel Juárez Celman. Marcelino Ugarte, dos veces gobernador bonaerense, 1902-1906 y 1914-1917, en las elecciones presidenciales de 1916 intentó oponerse al radicalismo y, como jefe del Partido Conservador bonaerense, depositó sus esperanzas en que el Colegio Electoral lo nominara Presidente, pero Hipólito Yrigoyen consiguió los electores necesarios para alcanzar la Primera Magistratura, asumió y dispuso la intervención federal en la provincia.

Hay también genes nacionales y populares en el fantasma: Bernardo de Irigoyen, primer gobernador de la provincia por el radicalismo, vio frustrada su candidatura a Presidente de la Nación. Domingo A. Mercante, gobernador de 1946 a 1952, inauguró la pata peronista del mito. Mercante pasó de ser una suerte “sucesor natural” de Perón a expulsado del peronismo. En la transición democrática, luego de la dictadura del '76 al '83, el mito cobró mayor fuerza todavía y Oscar Alende hasta le puso capa de bisonte al fantasma: él había gobernado la provincia por la UCRI (1958-1962) y en la contienda presidencial de 1983, como candidato por el Partido Intransigente, obtuvo un magro dos por ciento.

Antonio Cafiero, siendo gobernador bonaerense, enfrentó en internas por la candidatura presidencial por el Partido Justicialista a Carlos Menem, perdió con el gobernador riojano y continuó en la gobernación hasta 1991. Eduardo Duhalde gobernó dos períodos la provincia: 1991-1995 y 1995-1999. Al finalizar su segundo mandato enfrentó por la Presidencia a Fernando De la Rúa, jefe de gobierno porteño, siendo derrotado en las urnas por éste. Felipe Solá, gobernador por casi dos mandatos: 2002-2003 y 2003-2007, no terminó de encontrar el camino para postularse a la Casa Rosada. El repaso histórico es claro: la enorme provincia se comporta como débil trampolín hacia la Presidencia de la República. ¿Podrá Scioli romper la “maldición de Tejedor”?

HACIA ADELANTE: LOS HECHOS POLITICOS

Los escollos para Scioli no vienen sólo del pasado, el futuro tiene varios desafíos que deberá afrontar. En primer lugar, la propia gestión del distrito más complicado y complejo de la Argentina, en el cual coexisten los problemas de seguridad y narcotráfico con pueblos rurales de escasa población e ingresos per capita suizos, cuyas demandas son completamente de otro tipo. También Scioli tiene por delante años de fuerte conflictividad con los sectores del kirchnerismo que lo “corren por izquierda”, a los cuales no les gusta el mandatario ni por su pasado, ni por algunas de sus políticas actuales. Entre éstas últimas, figura especialmente la de seguridad: nada más ni nada menos que la que busca dar respuestas a la demanda número uno de los bonaerenses. Scioli hasta ahora esquivó definiciones tajantes en temas controvertidos con una tremenda disciplina para mantenerse en un mensaje de “unidad y trabajo”.

La disciplina del gobernador no es sólo discursiva. A la hora de los gestos políticos, también aparece un perfil autocontrolado que, sin embargo, no le impidió construir algunos matices en su alineamiento con el oficialismo nacional. El partido de fútbol con Mauricio Macri y el pedido a Hugo Moyano para que reconsidere su renuncia al PJ son jugadas que, teniendo a Scioli como protagonista, prometen constituirse en una serie que perfile al gobernador como expresión de un “kirchnerismo de buenos modos”. Pero hay un desafío latente en esta diferenciación más de formas que de políticas: para el kirchnerismo de paladar negro, podría resultar intolerable y para quienes quieren algo diferente, podría saber a poco.

Con todo, la gran carta de Scioli es su amplia instalación en la opinión pública, territorio en el cual tiene altos niveles de conocimiento y una imagen positiva alta. Falta poco para saber si a Scioli le alcanzará esta cara para sortear los desafíos políticos que el futuro le augura y luego hacerla valer contra la “maldición de Tejedor”.

(De la edición impresa)

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