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Se estanca la caída de la deuda social

03-08-2012
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La segmentación del mercado laboral, la problemática de los jóvenes, el rol de la política, la confianza en las instituciones y la inseguridad.

En diálogo con el estadista, el sociólogo e investigador del Conicet Agustín Salvia reflexionó sobre los resultados del “Barómetro de la Deuda Social Argentina 2012: Asimetrías en el Desarrollo Humano y Social (2007/2010-2011)”, elaborado por el Observatorio de la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina (UCA), que dirige.

¿Qué es el Barómetro de Deuda Social?

El Barómetro es una investigación multidisciplinar que hacemos de manera sistemática desde el 2004 a través de una encuesta propia. Lo que busca es presentar una mirada integral del desarrollo humano y social e ir monitoreando en el tiempo los cambios. También busca hacer visibles los principales problemas, que no siempre son analizados con detalle y contribuir a la construcción de la agenda social.

¿Cuáles son los principales resultados socioeconómicos?

En esta edición hicimos una comparación entre 2010 y 2011, y también con 2007, que fue el “pico” del crecimiento económico posdevaluación. Lo que muestran los datos macro es que los hogares han tenido una importante recuperación de la crisis de 2009. Pero si se compara los resultados contra 2007, las mejoras han sido mínimas en términos de ingreso, capacidad de ahorro, capacidad para salir de la pobreza y de reducir el riesgo de inseguridad alimentaria. Ha sido mucho más grande la capacidad para salir de la indigencia que de la pobreza. Esto se explica por la Asignación Universal por Hijo de fines de 2009, lo que redujo de manera importante los niveles de indigencia en 2010-2011. Si bien la pobreza cayó entre 2010 y 2011, aún afecta a 21,9% de la población, es decir, está levemente por debajo del registro de 2007. A nuestro juicio, la pobreza ha llegado a un piso que es difícil de perforar porque se vincula con cuestiones de pobreza estructural y marginalidad laboral. Los ingresos de estos hogares provienen directamente de los programas sociales y del desarrollo del mercado informal, y no del sector formal.

Cuando se habla de grupos etareos de riesgo, típicamente se habla de los niños y los adultos mayores. ¿Qué pasa con los jóvenes?

La problemática general de los jóvenes, aquí y en todo el mundo, es que ven retrasado su ingreso al mercado de trabajo, producto de varios factores, entre ellos, la dificultad para sumarse a las nuevas oportunidades de empleo que ofrece la economía. Aun con un buen nivel educativo, no logran incorporarse al mercado laboral y pasan largos períodos de desempleo o inestabilidad laboral. El problema fundamental de los jóvenes, mayoritariamente de los sectores pobres, que son muchos más que los de los sectores medios, es la precariedad laboral y el temprano abandono escolar. Hay una exclusión estructural para los jóvenes pobres que los lleva rápidamente a entrar circuitos informales de la actividad económica. Esto se agrava, en el caso argentino, por la segmentación del mercado laboral. Hay un sector formal y otro informal, que es muy grande. Por eso decimos que son como dos argentinas o una Argentina que avanza a dos velocidades.

¿Cómo está distribuida la deuda social a nivel regional?

Nosotros relevamos dieciocho centros urbanos. El conurbano bonaerense, por su volumen, es en donde hay mayores déficits sociales y de desarrollo humano, especialmente en el segundo y tercer cordón, así como en las villas y asentamientos del primer cordón e, incluso, de la Capital. En una mirada general, vemos que en los cordones urbanos de todas las grandes ciudades, como el Gran Rosario, el Gran Mendoza, el Gran Tucumán, el Gran Córdoba, el Gran Salta, el Gran Resistencia o el Gran Neuquén, se concentra una marginalidad estructural que se sigue reproduciendo en ese contexto. Por eso, independientemente de la región, una gran ciudad se ha convertido en un centro de atracción de migrantes internos o expulsados de otras actividades y regiones en donde se concentra la pobreza. Además de estas ciudades, aparecen el NOA y el NEA. Ciudades como Jujuy, Salta, Tucumán, Resistencia, y Posadas tienen bolsones de marginalidad estructural muy consolidados.

El informe muestra que 55% de la Población Económicamente Activa (PEA) está desocupada, subempleada o con empleo precario. ¿Por qué se avanzó tan poco?

Hubo grandes mejoras en los primeros años de la poscrisis y a partir de 2007 se estancó. En 2009, el desempleo y la precariedad aumentaron y volvieron a bajar en 2010-2011. Esta heterogeneidad está estancada en niveles altos y está vinculado a esta doble Argentina de la que hablaba. Hay poco menos de un 50% de la población que tiene plenos derechos laborales, participa del proceso de modernización y globalización, tiene seguridad social y perspectivas profesionales estables, y otra porción, más grande, que sufre el empleo precario, el desempleo estructural y tiene que sobrevivir en condiciones de mayor esfuerzo y trabajo pero que no garantiza mejores condiciones de vida. Y el mercado laboral es el gran igualador social? Exactamente. Es una cuestión que aún no se ha resuelto y nosotros creemos que no se resolverá fácilmente. Los circuitos formales e informales, tanto a nivel comercial, productivo o de consumo, se están construyendo de manera muy dispar.

En la presentación del informe dijo que “la sociedad argentina no confía suficientemente en las instituciones políticas y de representación”. Sin embargo, la confianza en el Gobierno Nacional subió de 28% a 44% entre 2007 y 2011. ¿Qué pasó?

La opinión sobre el Gobierno Nacional es muy volátil desde 2004. En ese entonces, la imagen era mala, luego crece con fuerza hasta 2007, después cae también con fuerza por la crisis del campo y en 2009 comienza a repuntar, y se consolida en 2010-2011. Hay una situación de mucha volatilidad que, creemos, es un indicativo de la debilidad de los niveles de confianza que tienen los argentinos de las instituciones. La Justicia, el Congreso y los partidos políticos suscitan muy baja confianza. Si bien ha crecido desde el 2004, se mantiene en niveles inferiores al 20%.

En los últimos años se ha dicho que la sociedad se “repolitizó”. ¿Qué conclusiones extrajeron?

No hacemos mediciones del grado de politización del debate público. Sí medimos la participación política y social. Desde 2004, se ha registrado un aumento de la participación sindical hasta 2009-2010, pero no ha pasado lo mismo con los partidos políticos, los movimientos de protesta o las organizaciones sociales vinculadas al campo político. Tres de cada 100 ciudadanos participan en un partido político. Tampoco hemos registrado aumentos en la participación política de los jóvenes. Quienes más participan en política no son los jóvenes sino los adultos de clase media. Las encuestas muestran que la política, o la participación política, no es una cuestión sustantiva ni de preocupación para la sociedad. No es una cuestión central.

¿Qué ocurre con la inseguridad?

La sensación de inseguridad volvió a aumentar, tanto contra 2007 como contra 2010. También aumentaron la cantidad de hechos delictivos. La sensación de inseguridad, que afecta a más del 80% de los encuestados, no diferencia clase social. En 2007, tenían más miedo los sectores medios y profesionales en comparación con los sectores más populares. Ahora la sensación se ha democratizado.

(De la edición impresa)

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