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"Trump y Sanders dejan como legado nuevos espacios políticos"

Entrevista a Carlos Waisman acerca de las primarias norteamericanas y el "fenómeno Trump"

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16-05-2016
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(Por Rosalía Draletti)

Aún no concluyó el proceso de primarias, pero Estados Unidos vive la grieta entre los dos virtuales candidatos a la presidencia: el outsider y magnate inmobiliario Donald Trump, quien quedó solo en la carrera republicana tras la retirada de Ted Cruz y John Kasich, y la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, que supera por un amplio margen a su rival demócrata, Bernie Sanders.

Carlos Waisman, doctor en Sociología por la Universidad de Harvard y profesor de Sociología y Estudios Internacionales en la Universidad de California, San Diego, estará exponiendo hoy acerca de las primarias norteamericanas y el "fenómeno Trump" en un evento organizado por la Dirección de la Carrera de Ciencia Política de la UBA. En diálogo con el estadista, analiza esos temas, el futuro del Partido Republicano y el cambio en la sociedad norteamericana que se ve reflejado en estas elecciones.

¿Qué fue lo que el Partido Republicano no supo detectar a tiempo, ante el fenómeno Donald Trump?

Hoy en Estados Unidos hay una situación inusual: un clivaje que separa al liderazgo del partido, por un lado; de los votantes, por el otro. En general, en las elecciones norteamericanas, los candidatos tendían a surgir del liderazgo del partido y tenían posiciones programáticas afines a la corriente principal del mismo. Trump, en cambio, ni siquiera viene del partido, se declaró republicano hace pocos años, y plantea posiciones muy diferentes, como el proteccionismo económico y una política exterior bastante aislacionista, excepto en relación al ISIS.

¿Lo subestimaron?

En toda campaña presidencial aparecen candidatos fuera del mainstream, y este año eso fue especialmente importante entre los republicanos. También estaban Ben Carson, neurocirujano retirado, y Carly Fiorina, ex CEO de Hewlett-Packard, quienes rápidamente abandonaron la carrera. Lo que esperaba el liderazgo republicano es que estos candidatos extraños se terminaran autodestruyendo. Trump no sólo no se autodestruyó, sino que tomó el partido por asalto. Fue un hostile takeover, una toma de poder hostil de parte de alguien que vino de afuera.

¿Ya no hay chances de que se logre una Convención Abierta donde el Partido Republicano proponga un candidato de consenso, tal como se había hablado respecto de Paul Ryan?

Ya nadie duda de que Trump va a obtener la nominación. La idea de una Convención Abierta era impedir que llegara con la mayoría absoluta de delegados. Entonces, de acuerdo a las reglas del partido, en la mayoría de los estados, los delegados están obligados a votar por el candidato por el que fueron elegidos sólo la primera vez, pero de ahí en adelante son libres. La expectativa del liderazgo republicano era que, luego de un hipotético fracaso de Trump, se pudiera elegir a un candidato que unificara todo el partido, como Ryan. Sin embargo, todas las proyecciones hoy indican que Trump va a juntar los delegados para una mayoría absoluta. Ahora bien, hay gente muy influyente dentro del partido moviéndose para tratar de presentar una candidatura conservadora independiente que le quite votos a Trump. Es la forma más extrema de respuesta republicana. El objeto no sería que ese candidato gane la elección, sino que “salve el honor” y sirva como base para para la reconstitución del partido luego de la elección.

A pesar del avance del magnate, las encuestas aseguran que perdería por al menos 10 puntos frente a Hillary, una diferencia enorme para los estándares estadounidenses. ¿Por qué factores, principalmente?

Trump pierde de manera intensa en categorías específicas, como las mujeres, los jóvenes, las minorías étnicas y los independientes. No hay manera de que Trump gane por varios factores: una proporción importante del electorado republicano, al menos un tercio, no lo va a elegir. Desde el liderazgo del mismo partido lo rechazan figuras como Paul Ryan, Mitt Romney y George Bush. Desde el campo demócrata se augura una movilización intensa de gente que generalmente no participa y esta vez irá a votar. Y por último están los independientes, un 40% del electorado que no son ni demócratas ni republicanos y que en este momento votan en contra de Trump.

¿Qué consecuencias traerá para el Partido Republicano esta derrota?

Todo indica que será una catástrofe como nunca tuvo el partido: no solamente va a perder la elección por una gran diferencia, sino que es probable que pierda control del Senado y existe una probabilidad -aunque menor- de que pierda la mayoría en la Cámara de Representantes. La pérdida del Senado tiene una importancia extraordinaria, porque hay una vacante en la Corte Suprema, y durante la gestión de Hillary Clinton se produciría al menos una más. Con la mayoría demócrata en el Senado, ella no necesita del consenso de los republicanos para hacer los nombramientos. La Corte Suprema ha sido una fuente muy importante de legislación en los últimos 50 años, y que haya una Corte liberal tendría una importancia muy grande en las próximas décadas.

¿Puestos en la elección, cómo hará Hillary Clinton para captar a los votantes de Bernie Sanders, siendo parte del establishment que ellos rechazan?

La coalición que apoya a Sanders está compuesta por dos segmentos muy distintos: por un lado, jóvenes profesionales y estudiantes, que aunque no tengan simpatía por Hillary la votarán sólo para cerrarle el camino a Trump. Pero también es cierto que Sanders ha llegado a un sector de votantes muy parecidos al núcleo duro de Trump; es decir, trabajadores con miedo de perder sus empleos como consecuencia de la revolución tecnológica de los últimos 30 años y la globalización, con baja educación, bajo nivel de ingresos y alta edad. En algunos focus groups se ha visto que este tipo de votantes ahora apoya a Sanders pero que si no llega, cambiaría su voto hacia Trump. Ahora bien, mi impresión es que muchos de ellos provienen de estados con tradición demócrata y eso podría inclinar su voto finalmente hacia Clinton. Además, el liderazgo del Partido Demócrata cerró filas alrededor de Hillary y hará todo lo posible por integrar a los votantes de Sanders. La plataforma electoral va a incluir muchos de sus planteos, y es probable que quien acompañe la fórmula sea un vicepresidente liberal, alguien cercano a sus posiciones.

¿Alguien como Elizabeth Warren?

Ella está muy a la izquierda para la mayoría del electorado demócrata. Tiene que ser una figura más moderada. Además, para equilibrar la fórmula, sería apropiado un hombre más joven, un gobernador o senador liberal. Se habla incluso de Sanders como candidato a vicepresidente, y él llegó a decir que no descarta nada.

¿El populismo de Trump es similar al de los modelos latinoamericanos?

Si quisiera traducir los argumentos económicos de Trump a una proposición, sería proteger a los trabajadores cerrando la economía, que es el mensaje central del populismo tanto en América Latina como en Europa, y es exactamente el que hacía Cristina Fernández de Kirchner, antes de ella Perón, y Chávez y Maduro en Venezuela. Es un argumento muy distinto al de la socialdemocracia o la izquierda radical. En América Latina, ese cierre de la economía consistió en sustitución de importaciones. Trump no plantea eso porque Estados Unidos es potencia exportadora, pero sí un impuesto del 45 por ciento a las importaciones chinas y un 35 a las de empresas norteamericanas que se muden a México, más un muro para impedir inmigrantes que compiten con el trabajo y la expulsión de los ilegales. Esto es incompatible con la posición clásica republicana, la defensa del libre comercio. Por eso lo ven como un injerto.

Más allá del resultado, ¿qué legado dejan Trump y Sanders en la política estadounidense?

Los dos han abierto nuevos espacios políticos en Estados Unidos, y eso es un legado muy fuerte. Una vez que hayan sido derrotados, estos espacios quedan y otros políticos en el futuro van a intentar tener éxito donde ellos fracasaron, tanto desde el populismo como la socialdemocracia. Esta última es mucho más absorbible porque la incompatibilidad entre las posiciones de Sanders y el Partido Demócrata es menor a la que existe entre Trump y el Republicano. Lo que yo pronosticaría como legado de Sanders es un interés mayor en políticas que disminuyan la desigualdad creciente. Y luego de Trump, esperaría un endurecimiento de la posición norteamericana hacia ISIS, y una política más dura en cuanto al control de la inmigración.

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