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Un despertar anunciado

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20-05-2015
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(Columna de Abelardo Del Prado)

El gobernador de Entre Ríos encontró en las palabras de la Presidenta una opción para una salida elegante de la pelea grande.

El jueves 7 de mayo fue el día en que sonó el despertador que terminó con “el sueño entrerriano”. Ese día, en Chaco, Cristina Fernández de Kirchner pidió “un baño de humildad y ubicación” a distintos precandidatos del FpV. Cinco días después, haciendo gala de su obediencia incondicional a la mandataria, el primero en hacerse eco del pedido fue Sergio Daniel Pato Urribarri, quien en una carta abierta dirigida a los argentinos, y en especial a los entrerrianos, abdicó a su pretensión de presidir los destinos de la Nación.

Las aspiraciones presidenciables del Pato habían comenzado hace cuatro años, cuando en 2011 sonaba firme como uno de los posibles compañeros de fórmula de CFK. Pero el desenlace fue otro y él fue por su reelección como gobernador de Entre Ríos, dejando el tema a un lado por dos años.

En 2013 esa ambición volvió al tablero y a los discursos del gobernador. Las elecciones legislativas de dicho año así lo expresaron. Fue candidato suplente a senador nacional y planteó la contienda como un plebiscito a su gestión bajo el slogan “un sueño entrerriano”, dejando a la vista que la elección era un paso para ir más allá. A la Casa Rosada. Logró el 46% de los votos, lo que lo ubicó como segundo mejor resultado del FpV en el país. La conjetura que realizaba él junto a sus colaboradores era que sería designado por Cristina como jefe de Gabinete de Ministros, cargo que le permitiría darse a conocer e instalarse como el candidato de la continuidad expresa y desplazar de la escena a Daniel Scioli.

Finalmente, en noviembre de aquel año la Presidenta designó a Jorge Capitanich como jefe de Gabinete, dejando en suspenso la estrategia del entrerriano.

A pesar de ello, y de una seguidilla de analistas y consultores políticos que le explicaron que no tenía posibilidades, Urribarri no desistió y el rápido desgaste su competidor chaqueño pareció servirle. Comenzó recorrer el país y a caminar la esquiva provincia de Buenos Aires polemizando y diferenciándose cuanto más pudo de Daniel Scioli. El cálculo debajo del sueño del entrerriano era que Cristina se encontraría en condiciones y con la voluntad de bendecir a un “elegido”. Desde un principio, él jugó a mostrarse como el auténtico exponente del proyecto. Se pensó a sí mismo como el candidato de “paladar negro”, quien de ser elegido inclusive no cambiaría a nadie en el Gabinete Nacional, lo que demostraba la idea de continuidad que quería transmitir, como también el hecho de que era respaldado por el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini y el ministro de Planificación, Julio De Vido.

Pero a los planes de Urribarri les surgió una complicación que no estaba prevista. La postulación de Florencio Randazzo lo desplazó del lugar de antítesis de Daniel Scioli dentro del FpV, y el ministro de Interior y Transporte logró capitalizar mejor esa posición interna.

Nuevamente en desventaja el entrerriano redobló su esfuerzo para llegar a Balcarce 50. Contrató al reconocido consultor brasileño Duda Mendonça para guiar su campaña y comunicar a todo el país “el modelo Entre Ríos”, fue anfitrión de la Cumbre del Mercosur en Paraná, durante el verano minó los principales destinos turísticos del país con su nombre, desafió a sus competidores a un debate televisado, intentó definirse como el candidato “de la Argentina profunda” frente a los bonaerenses y le ofreció al ministro de Economía, Axel Kicillof, a que comparta la fórmula con él.

Todas estas acciones no tuvieron repercusión y quedó atrapado en la espiral del silencio generada por la polarización interior entre Scioli y Randazzo. Un año y medio de campaña intensiva lo mostraban en diversos sondeos en el mismo lugar desde donde había partido, debajo del 1% de intención de voto y con un desconocimiento muy alto más allá de los ríos Paraná y Uruguay que limitan su provincia. A pocas semanas de cambiar de slogan a “El próximo PASO”, Urribarri vio la oportunidad con el pedido de la Presidenta. Fue la salida perfecta para una candidatura que nunca prendió en resto del país. “Pertenezco a este proyecto y seguiré trabajando desde el lugar en el que sea necesario”, sostuvo el entrerriano.

Pero, ¿cuál es el lugar que busca ahora? La apuesta es la vicepresidencia, razón por la cual su paladar ha dejado de ser negro para pasar a ser gris, con intenciones de ser un paladar naranja. A cuarenta y ocho horas de bajar su precandidatura, Urribarri se avocó intensamente a su sucesión en la provincia, buscando controlar la transición al máximo posible sin bendecir un elegido por el momento. Anunció que liderará la campaña “figurando en algún lugar de la boleta” del FpV local, y replicó lo hecho por la Presidenta pidiendo humildad a los seis precandidatos a sucederlo por el PJ. Además su hijo Mauro Urribarri, que tenía muchas posibilidades de quedarse con la intendencia de Concordia, anunció que no competiría por el cargo, lo que le dio más argumentos al Pato para pedir a la dirigencia justicialista entrerriana que imite su gesto. Asimismo Urribarri continúa contando con todos los caballos del Rey.

Ocho días antes de la noticia de su renuncia, el Senado de Entre Ríos había sancionado una nueva norma electoral. La ley es marcadamente mayoritaria, debido a que quien gana la PASO de cada partido se queda con todos los lugares en la lista de legisladores, reduciendo los incentivos a la competencia interna. Así, la integración de las minorías queda al arbitrio de cada partido y la decisión dentro del PJ entrerriano tiene nombre y apellido: Sergio Urribarri.

El escenario electoral en Entre Ríos no parece tan manejable para el oficialismo como en años anteriores. La administración de Urribarri enfrenta el desgaste natural de dos mandatos consecutivos y, si bien mantiene una aprobación que ronda el 40%, problemas con el pago de salarios y con las paritarias han deteriorado su imagen. A ello se adiciona que, haber centrar todo en la figura del gobernador y no haber elegido un sucesor de manera expresa, ha jugado en contra para los precandidatos del FpV. Son tres los aspirantes del espacio con chances: el intendente de Concordia Gustavo Bordet, el ministro de Gobierno Adán Bahl y el diputado nacional Julio Solanas. El primero es desconocido en la costa del Paraná, el segundo no tiene mucho reconocimiento en la costa del Uruguay y el tercero, que es conocido en todo el territorio, parece no disfrutar el acompañamiento de los intendentes que gozan los anteriores.

Frente a ello, la oposición unirá a la segunda y a la tercera fuerza política, sumando a un competitivo Alfredo De Angeli del PRO a una UCR que nunca ha bajado del 20% de los votos en el distrito. Tampoco debe descartarse la dificultad que representa el Frente Renovador, que liderado por el exgobernador Jorge Busti le restará votos del electorado peronista más tradicional. Sin embargo, la reforma electoral ha unido las PASO provinciales a las nacionales, y es allí donde el FpV local tiene su mayor esperanza, dado que aún espera tener a un Urribarri protagonista en la discusión nacional. Es momento de volver a soñar...pero sin dormirse.

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