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Viaje al centro del peronismo

Viaje al centro del peronismo
13-04-2016
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(Columna de Tomás Aguerre)

En los últimos meses hubo un movimiento de quienes dejaron al kirchnerismo para identificarse con el peronismo.

S obre tres posibilidades, el Partido Justicialista decidió finalmente avanzar con una lista unificada que represente a varios sectores internos. Cualquier otra decisión ?a saber, la disputa en elecciones internas o la intervención del partido por el Poder Judicial? implicaban necesariamente un beneficio directo para Cambiemos y un problema tan institucional como político para el Partido.

Aunque hubo declaraciones y presentación de listas que podían hacer pensar en una disputa interna, lo cierto es que no había ningún incentivo real y concreto para realizarlas. Es que, dada la institucionalización actual del Partido Justicialista, siquiera una victoria absoluta hubiera garantizado más que una potencial demostración de fuerza. Pero esa demostración no venía atada la posibilidad de conducir, incluso, a los derrotados en esa propia interna. Lo explicó uno de los miembros del PJ, Jorge Capitanich, en una carta en Facebook antes de la decisión de conformar una lista de unidad:

“Advertimos que objetivamente es imposible la realización de elecciones internas por varias razones: a) a) por la complejidad de la organización y fiscalización del acto electoral para más de 3,5 millones de afiliados , b) por la estructura de costos y las erogaciones que esto insumiría en un contexto de más de 100.000 despidos promovidos por este gobierno, c) por las exigencias en el cumplimiento de requisitos formales y sustanciales que promueve barreras de entrada a la competencia electoral interna, d) por las dificultades para obtener un padrón representativo, transparente que incorpore genuinamente a todos los afiliados que desean participar en este proceso electoral”.

La integración de una lista única en el PJ no agota en sí misma la discusión sobre la unidad del peronismo pero sienta las bases para la construcción de una alternativa política a Cambiemos. “Cerrar” la cuestión del PJ no es condición suficiente pero sí al menos condición necesaria para dar el debate de fondo sobre los límites y las potencialidades del peronismo como alternancia al oficialismo actual. Sin embargo, esa discusión interna está atada a otra en la cual el peronismo tiene un papel, pero no es protagonista: el éxito o no del gobierno de Macri.

En una columna publicada en diciembre del año pasado, luego de la asunción de Macri, citaba un estudio sobre imágenes públicas de dirigentes y su interrelación, que permitía aventurar esa hipótesis: el éxito del gobierno de Mauricio Macri va a ser la variable independiente que explique si se va a enfrentar a un escenario polarizado (Cambiemos frente a un gran polo opositor pan peronista) o fragmentado (con la oposición dividida en dos expresiones). El tamaño del peronismo, probablemente, correlacione con el “tamaño” del éxito de Macri.

Para construir un escenario positivo para el peronismo, el avance en la normalización del PJ es una señal positiva para avanzar en el siguiente paso, que es la expansión del peronismo como representante de otros sectores sociales. En ese rol el Partido Justicialista puede cumplir un rol importante o ninguno, aunque algunas características ?como la supuesta “vacuidad” que históricamente se le achaca se convierta en ese escenario en una virtud?. Especialmente por ser un partido capaz de albergar expresiones diferentes, el PJ puede erigirse en denominador común de una serie de demandas de la sociedad que son heterogéneas, cambiantes y hasta, en algún momento, contradictorias entre sí. Lo que los manuales de ciencia política explican como baja calidad institucional ?es una discusión vieja y, a esta altura, casi saldada? es el primer potencial de los partidos modernos: la capacidad de representar sectores de la sociedad con intereses y visiones diferentes.

Es paradójico pero incluso podríamos describir el siguiente escenario, a todas luces contraintuitivo: si el peronismo se enfrenta a las elecciones de 2017 como “un movimiento”, que de tan amplio tiene incluso sectores que van por afuera, sus posibilidades electorales decrecen y fortalecen al macrismo. Por el contrario, si el peronismo logra consolidarse como un espacio amplio -del que el PJ podría ser el vehículo articulador, aunque no el único ni el que lo agote- sus posibilidades de obtener una victoria en el 2017 para a las elecciones de 2019 vuelven a crecer. Es en la capacidad de hacer convivir esa amplitud donde el peronismo tiene todo para ganar.

Un estudio analiza la evolución en la identificación partidaria de la sociedad argentina, desde noviembre a la fecha. Más allá de las variaciones hay un dato sumamente interesante para nuestra hipótesis: el único “salto” relevante de una fuerza hacia otra es la de aquellos que cambian “kirchnerismo” por “peronismo”.

Es decir, no se trata de un “abandono” de la identidad kirchnerista necesariamente (alguien netamente kirchnerista podría definirse como peronista y viceversa) sino de la evidencia empírica de que hay una identidad que cruza a ambos espacios y, en algún punto, intersecta.

Esa evolución permite entonces una conclusión: no se trata tanto de una discusión “sobre dirigentes” -que también la será- como de la capacidad que tengan esos dirigentes de expresar exactamente la conjunción de esa identidad que está en el medio del salto entre el kirchnerismo y el peronismo. Eso, naturalmente, posiciona mejor a unos candidatos que a otros y “premia”, en términos de posicionamiento, a aquellos que logren dominar el centro ideológico del peronismo sin expulsar a sus extremos.

Ese equilibrio, tan difícil de aventurar y tan complejo de mantener, es el peronismo.

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