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¿Y si probamos con más democracia interna?

02-05-2011
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(Artículo publicado en la edición Nº30)

Los personalismos y las decisiones desde la cúpula atentan contra la representatividad y la pluralidad de voces. El caso de Santa Fe.

La Argentina lleva una década de rompimiento de su sistema de partidos. Movimientos y alianzas circunstanciales tienen más incidencia que los propios partidos políticos. En esa lógica queda menguada la competitividad de los partidos tradicionales ?salvo por dimensiones retóricas?, tanto nacionales como provinciales.

Además hay irrupciones constantes de partidos de tinte unipersonal, sean o no desprendimientos de los viejos partidos. Seguramente son variadas las explicaciones

que permiten aclarar el porqué de este proceso, pero preferentemente hay dos que resaltan: los desempeños gubernamentales deficientes a toda escala, y la falta de democracia interna.

Es en esta última cuestión en la que deseo sustentar que reside un déficit enorme de la

democracia argentina. Concomitante por la acción de muchos, la ausencia o subestimación de democracia interna en la vida de los partidos presenta consecuencias nefastas para cualquier sistema democrático. La falta de rotación de las élites y la falta de discusión ideológica sobre grandes asuntos, son sólo algunos de sus efectos.

Cada uno de estos elementos atenta contra la calidad de las propuestas y programas, contra la gobernabilidad y la sustancia de las discusiones públicas, especialmente la legislativa. Lo cierto es que los procesos de democracia interna son para tomárselos en serio. Los partidos débiles tal como hoy están, son un caldo de cultivo para coaliciones inestables y amorfas, cuyo sostén sea el pragmatismo electoral y no la cercanía de posturas, siendo por ello expresiones débiles, con mucha potencialidad de fricción interna.

MAS SOMBRAS QUE LUCES

Varios partidos provinciales vienen practicando procesos internos que, en más o en menos, cumplen con reglas de juego preestablecidas y son un buen augurio de institucionalidad. Pero en la vida nacional y la de varios distritos, son más las sombras que las luces en torno a potenciar esta necesidad democrática, dando lugar a procesos que desvirtúan por completo la esencia con la que las internas o primarias fueron concebidas.

Claro que en nada pueden descartarse situaciones que valoricen el consenso en torno a

candidaturas o ideas. Pero así como la UCR en Córdoba o el PJ en Chaco han vivido hace días procesos internos transparentes, así también hay situaciones escandalosas en todo el país. Dos ejemplos: el bochornoso espectáculo del PJ Federal en internas escalonadas ?copiadas desde formatos anglosajones que nada tienen que ver con nuestro país? y, por el otro lado, el intento de una interna radical desconociendo

el proceso de primarias en el orden nacional que motivó, ni más ni menos, dos renuncias a la precandidatura a Presidente, la de sus máximas representaciones institucionales ?Julio Cobos como vicepresidente en ejercicio y Ernesto

Sanz como presidente de la UCR?.

Capítulo aparte merece el proceso de selección ?implícita? de candidatos que enmarcó

el Pro en su Programa de Capacidades de Conducción, por el que Gabriela Michetti y

Horacio Rodríguez Larreta se someterían a una evaluación de un gabinete ampliado que, como democracia elitista, reemplazaría a la decisión soberana de los afiliados. Pero tan elitista se vuelve el método que la decisión final no sólo le compete a Mauricio Macri, sino que recién se hará cuando éste despeje que no sea él mismo quien repita en CABA.

Nada que envidiarle a Elisa Carrió, quien no sólo decide la estrategia y los candidatos,

sino que además refunda y decide hasta el nombre de su partido cuando el anterior no le cae en gracia.

SANTA FE, ¿ANTICIPO NACIONAL?

En este preciso momento, Santa Fe está demostrando al país y a la región cómo el sistema de partidos y ?mucho más acorde a nuestra realidad? el sistema de alianzas, se ve alimentado, respetado y propiciado por un proceso de primarias abiertas, obligatorias y simultáneas.

Si bien puede resultar un tanto perturbador para el elector ?similar a la proliferación

publicitaria de la Ley de Lemas? no hace otra cosa que encauzar los procesos primarios de partidos y alianzas. Lo importante es que ese proceso será un buen antecedente de la elección nacional que, bajo la reglamentación de la ley de reforma política denominada “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”, instalará el desafío de la democracia interna para todos los partidos a través de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Este desafío incluye especialmente al oficialismo, claro está.

Ojalá este mecanismo transparente acciones y genere incentivos positivos para actores con peso corporativo que suelen pretender una democracia corporativa antes que representativa. Ya el sector del campo en el período posresolución 125 reclamaba espacios para su gente en el medio de un dilema: “O la política iba al campo” (se gestaba un partido político de representación sectorial agropecuario), “o bien el campo iba a la política” (los dirigentes del sector engrosaban las listas de diferentes partidos. Prevaleció lo segundo pero con un peso relativo menor.

Con prácticas poco amigables, también el sindicalismo emula al campo desde la voz del propio Hugo Moyano, reclamando más representación en las listas partidarias. El mecanismo de primarias es una opción de democracia interna que posibilitaría validar su legítimo peso interno. Inacio “Lula” da Silva perdió mucho y ganó mucho para ser presidente de Brasil por un partido político, no desde un sindicato ni central obrera. Su condición de sindicalista no le dio ningún derecho político extra que no tuviera cualquier otro competidor interno.

Es iluso pensar que Moyano sea el rival que el Frente para la Victoria esté necesitando, pero suena extraño que nadie le haya propuesto semejante honor, o le haya sugerido que ese es el camino de su legitimación pública en una democracia de partidos.

Lo cierto es que más allá de los actores circunstanciales, con democracia interna y gane quien lo hiciere, es seguro que ganaría la democracia. Ganaría en estabilidad.

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