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El mundo según Trump: apuntes desde Argentina

Argentina se enfrenta a un orden internacional caracterizado por una mayor fragmentación geopolítica y una economía mundial menos abierta.

Donald Trump y un sistema internacional cada vez más turbulento.
Donald Trump y un sistema internacional cada vez más turbulento. .

¿Cuál es el impacto del nuevo de gobierno de Donald Trump sobre el sistema internacional? ¿Cómo pensar estas nuevas dinámicas desde Argentina?

La llegada de una nueva administración al gobierno norteamericano no altera por sí sola la distribución de poder entre los Estados ni las instituciones que organizan las relaciones entre los mismos. En ambos casos, las modificaciones se dan en plazos más largos y como producto de factores que en buena medida escapan a la acción de los gobiernos. 

Sin embargo, los cambios en la orientación ideológica y en el entramado de intereses materiales en los cuales se sostiene un gobierno tienen un impacto sobre la dirección de la política exterior. En el caso de Estados Unidos esos cambios adquieren mayor importancia, dado el peso de ese país en la arena internacional y su consecuente impacto en el comportamiento de otros actores. 



Podemos destacar cuatro orientaciones principales de la política exterior de Trump que impactarán de manera significativa sobre la dinámica del sistema internacional en los próximos años: a) el nacionalismo económico; b) la continuidad (y posible intensificación) de la competencia con China; c) la redefinición de los vínculos transatlánticos y; d) la reconfiguración de los vínculos con Rusia. 

En algunos casos, como la competencia con China y la necesidad de redefinir el vínculo con Europa, Trump articula con mayor énfasis orientaciones de política exterior ya existentes y con sólido consenso bipartidista. En cuanto al nacionalismo económico, retoma su propio programa (continuado de manera moderada, al menos en algunos aspectos, por Biden) y lo profundiza hasta un límite claramente inaceptable para buena parte de la elite americana. Más disruptiva aún es el giro propuesto en las relaciones con Rusia.  

La política exterior de Trump: lo viejo y lo nuevo

Nacionalismo económico

Trump II parece dispuesto a profundizar el impulso proteccionista de su primera administración. Está convencido de la necesidad de reindustrializar Estados Unidos, un "reshoring" generado a partir de diversos instrumentos de política económica, que incluyen altos aranceles a las importaciones provenientes de los principales socios comerciales (en torno al 20-25%), como México, Canadá y China y exenciones fiscales a empresas que regresen su producción a Estados Unidos.  



El fortalecimiento del empleo manufacturero, una aspiración de sectores claves del electorado de Trump, y la producción doméstica de insumos críticos (como los semiconductores), -deseable por razones de seguridad nacional, son dos objetivos que la administración republicana espera lograr mediante sus políticas. 

Hasta el momento las decisiones del gobierno norteamericano en este terreno mostraron una volatilidad considerable (a comienzos de marzo fijó aranceles a Canadá y México que suspendió días después), en parte adjudicable a un enfoque transaccional que busca golpear para luego negociar. Sin embargo, la tendencia se mueve hacia un incremento de medidas proteccionistas. 

Competencia con China

China es considerado como el principal competidor estratégico de Estados Unidos. Existe un consenso bipartidista consolidado al respecto, una de las pocas áreas de coincidencia en un país polarizado:  estudios de opinión del Pew Research Center muestran que aproximadamente el 80% de los norteamericanos tienen una visión negativa de China. 



Estados Unidos responde al ascenso de su principal competidor desarrollando una política de contención que tiene como escenario privilegiado el este de Asia, pero que afecta también otras regiones del mundo. 

usa china
 

El hemisferio occidental, que constituye un área vital para la seguridad nacional norteamericana, no escapa a esta lógica. El norte de la región (México, América Central y el Caribe) sigue siendo percibido como una fuente de amenazas para la seguridad de Estados Unidos, fundamentalmente la inmigración ilegal y el narcotráfico. La creciente presencia china como socio comercial e inversor en infraestructura agrega un motivo de preocupación adicional: basta ver la agresividad de la administración Trump frente a Panamá, advirtiendo que podría retomar el control del Canal, que a juicio del gobierno norteamericano se ha convertido en un enclave chino.  



América del Sur es un escenario del avance chino en materia económica. Para China, el subcontinente es un proveedor clave de alimentos y minerales. Más allá del vínculo comercial global (China es el primer socio comercial de la mayoría de los países sudamericanos, incluyendo Brasil), preocupa a Estados Unidos la construcción de infraestructura considerada de doble uso (civil y militar) y el acceso a recursos naturales de importancia crítica, como el litio. Las advertencias a Perú sobre el puerto de Chancay y a la Argentina sobre el rol de las empresas chinas en la explotación del litio son ejemplos de esta dinámica.

Relación transatlántica

La solicitud dirigida a los socios europeos para que contribuyan en mayor medida al financiamiento de su defensa, en el marco de la OTAN, no es nueva: Obama y Biden, por ejemplo, ya lo habían expresado con claridad. Trump, sin embargo, es quien ha articulado esta demanda de manera más agresiva y creíble, especialmente porque ha venido acompañada de un cambio de posición respecto a Rusia (y de Ucrania). Bajo presión, la UE ha lanzado un plan de rearme por un valor de 800.000 millones de euros. Aunque su alianza con Estados Unidos permanece, Europa está más sola en el mundo.

Rusia

Trump, en un corte claro en relación a la administración Biden, ha decidido aceptar la victoria militar de Rusia y consentir la esfera de influencia reclamada por el gobierno de Putin en el espacio postsoviético. 



La lógica detrás de esta decisión es borrosa aún, pero dos razones aparecen en el horizonte: a) Estados Unidos prioriza el este de Asia como la región del mundo en el cual concentrar el esfuerzo estratégico, lo cual implica disminuir los recursos dedicados a apoyar a Ucrania; b) Rusia es elegida como una potencia que puede ayudar a contrapesar el ascenso de China; al respecto, parece improbable que los gestos de cercanía de Trump alcancen para modificar un rumbo estratégico que separa a Rusia de Occidente.

Trump: la mirada desde Argentina

¿Qué implicancias tiene la nueva dirección de la política exterior norteamericana para la Argentina? De manera resumida, podemos decir que Argentina se enfrenta a un orden internacional caracterizado por una mayor fragmentación geopolítica y una economía mundial menos abierta. Un sistema internacional en transición, que deja atrás de manera definitiva el orden internacional liberal creado por Estados Unidos y sus aliados tras la Segunda Guerra Mundial.

La política exterior de Trump profundiza la fragmentación geopolítica: crece la rivalidad entre los principales polos, fundamentalmente Estados Unidos y China. Algunas alianzas se redefinen, como la existente entre Estados Unidos y Europa. Más incierto es el futuro de vínculo entre Estados Unidos y Rusia, más allá de los impulsos de Trump y su equipo. 



Primero, en un mundo de estas características, los márgenes de acción autónoma en el terreno de la seguridad internacional, para un país como Argentina, mediano y ubicado en el hemisferio occidental, se achican. Es probable que Estados Unidos continúe intensificando su presión para que no haya entendimientos en este campo entre los países sudamericanos y China (como compra de sistemas de armamentos a China). Es probable, también que China evite compromisos de este tipo, al menos por el momento. 

Javier Milei con Donald Trump
 

Segundo, China seguirá siendo un socio que ofrece oportunidades en materia de comercio, inversión, financiamiento y cooperación científico-tecnológica, que no pueden ser ignoradas (y probablemente no lo sean). Claro que persistirán las presiones de EE.UU. en relación a los proyectos que, a juicio del gobierno norteamericano, tengas consecuencias negativas para la seguridad de ese país. El litio o la energía nuclear son dos áreas potencialmente ríspidas. Allí deberá jugarse la carta diplomática, para intentar conservar beneficios y defender intereses con el menor costo posible en la relación con Washington. 



Tercero, en un mundo en el cual la seguridad nacional adquiere mayor importancia en la definición de cadenas de valor global, Argentina puede jugar un rol importante como proveedor confiable de alimentos y energía. Ya lo hace con China y otros países asiáticos; puede ser el momento de incrementar su peso en relación a Europa.

Cuarto, una economía internacional con mayor tendencia al proteccionismo representa una amenaza para un país que necesita ampliar su comercio internacional, como es caso de Argentina. El desafío se encuentra en aprovechar al máximo las oportunidades disponibles, intentando sortear los condicionamientos geopolíticos externos y los fanatismos ideológicos domésticos.

Finalmente, en un sistema internacional más turbulento el multilateralismo y el derecho internacional tienden a jugar un rol disminuido. Argentina deberá, sin embargo, aferrarse a ambos, como forma de preservar sus intereses de largo plazo. Basta pensar en la defensa de principios como el de integridad territorial, clave para un país mediano que tiene parte de su territorio ocupado por una potencia extranjera, como es el caso de la presencia británica en Malvinas. 



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