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Argentina 2023: entre modelos y modales

Las encuestas marcan que la personalidad y la autonomía son valoradas como características deseadas para el liderazgo del país.

Argentina 2023: entre modelos y modales
Patricio Gómez Talavera 29 octubre de 2023

Para la primera vuelta, el Macri 2015 fue Sergio Massa. El silencio de encuestas durante la semana anterior a la votación extendió un velo público que amplió el dramatismo del impacto de su inesperada victoria. Aún para sectores del propio oficialismo, el pasaje al balotaje en un segundo puesto entraba en la categoría de lo épico para sus expectativas y el contexto. 

Luego de una PASO con una presencia intermitente, enfocada en tópicos de base electoral vinculada a la ex presidenta Cristina Fernández y en "micro encuentros" sin actos masivos, el peronismo tenía dos datos concretos. 

Luego de 4 años de una gestión negativa y una campaña de bajo compromiso de las estructuras (más interesadas en elecciones locales y en proteger a Milei dañando a Juntos por el Cambio) la adhesión de base era de casi 6 millones y medio de votantes, el peor registro histórico del peronismo. 

A partir de ahí, el cambio discursivo fue radical y dirigido sobre todo al votante flotante del peronismo que apoyó a Alberto Fernández en 2019 y que decidió no votar o migrar hacia otras opciones en las primarias. Alrededor del 70% de los votos de los partidos que no superaron el umbral de la PASO se referenciaban en la izquierda ideológica o en disidencias del peronismo. 

Tras las PASO, Massa se masificó: en presencia (con múltiples actos a lo largo del país), en gestión (con múltiples anuncias e incentivos) y volvió hacia su identidad originaria: la reducción fiscal para clases medias.

A partir del cierre de la campaña de las PASO, la campaña cambió. La gestión fue la campaña. Se alejó de consignas más identitarias para focalizarse en las "cuestiones del comer": unificó a sus dos competencias como versiones de un mismo plan, y realizó comparaciones quirúrgicas sobre el costo de vida con o sin el aporte del Estado. 

Ajuste (más) de bolsillo versus protección de pisos de asistencia social. Miedo para parar la furia. Ubicación ideológica del rival para enfriar la potencia antisistema (y por tanto, capaz de abarcar votos ideológicamente diversos) de Milei. 

Pero mucho más importante, elegir la polarización con Milei, aún a riesgo de hacerlo crecer y precipitar un triunfo del libertario en primera vuelta con el 40% con 10 puntos de diferencia, algo que finalmente, contrario a las expectativas de La Libertad Avanza, no se verificó. 

Massa se masificó: en presencia (con múltiples actos a lo largo del país), en gestión (con múltiples anuncias e incentivos) y volvió hacia su identidad originaria: la reducción fiscal para clases medias. Debatirle la centralidad a Milei volviendo al centro ideológico, una vez retenidas las bases del peronismo, tanto dentro de clases medias-medias altas progresistas urbanas (votante de Grabois) como lo estructural del voto peronista en las periferias pauperizadas. 

Esta estrategia se complementó inesperadamente con el despertar de una agenda sobreideologizada de referentes de Milei en los últimos 15 días de campaña, en paralelo a una descoordinación masiva y multiplicidad errática de voceros con tesis propias no consensuadas en la campaña del libertario. 

Una cacofonía de declaraciones de principios personales que deslucieron la apuesta de hibridez con la que Milei aspiraba a traccionar votos de distintos campamentos. 

Pero a diferencia de 2015, donde Macri contaba con ser la referencia del cambio nítida frente al elector de clases medias urbanas desgastadas por 12 años de kirchnerismo representadas por la tercera opción de Massa, Massa 2023 debe interactuar con un electorado mucho menos prometedor. 

En primer lugar, los más de 6 millones de electores de Juntos por el Cambio. A diferencia de lo que se supuso en algunos sectores después de la primera vuelta, aun resta en ese sector votos vinculados al radicalismo y votante independiente en capitales de provincia. 

Es absolutamente inverosímil suponer que los 500.000 votos que Juntos por el Cambio perdió desde la PASO a la general componen el universo total del votante de la Unión Cívica Radical, un partido hoy con 5 gobernadores de los 10 que ostenta Juntos. 

Misma composición mixta se observa en el elector de Juan Schiaretti, donde conviven votantes profundamente antikirchneristas con votantes peronistas tradicionales que son identitariamente sensibles a apelaciones al folclore originario del justicialismo. 

Milei, en este sentido, sigue teniendo un extraño favoritismo: teóricamente, sigue siendo el más favorecido en la distribución de votos de cara a un balotaje. 

La resistencia a Milei, hoy como ayer, esté centrada en las mujeres y en los votantes de tercera edad. Esos muros aún persisten, y deben ser flexibilizados por el candidato de la Libertad Avanza si desea ganar.

Su intento frustrado de forzar una primera vuelta con un giro hacia la derecha ideológica más intransigente 15 días antes de la primera vuelta intentó derretir a Bullrich y evitar, con esos votos, el balotaje.

Pero la grieta, condensada durante 20 años, hizo que fuera muy difícil perforar un piso solo por sinonimia programática. Incluso con una campaña en los niveles  de erraticidad inusuales como los que demostró Bullrich, su 23% no iba a aceptar una propuesta de migración basada en desestimar y descalificar al cambiemismo y a sus votantes de mayor edad. 

De ahí que la resistencia a Milei, hoy como ayer, esté centrada en las mujeres y en los votantes de tercera edad. Esos muros aún persisten, y deben ser flexibilizados por el candidato de la Libertad Avanza si desea ganar. 

Massa, en ese plano, debe hacer ingentes esfuerzos en dos direcciones: evitar que la gestión le dedique bombas inesperadas que desaten el mal humor de la clase media y conjurar el marco cambios versus continuidad. 

Después de todo, la pregunta es la misma: ¿quién preferís que atienda el teléfono rojo de una crisis fulminante una madrugada de lunes? 

La transformación de la campaña de segunda vuelta en un plebiscito de personalidades en general, y sobre la aptitud de Milei para el puesto en particular, es clave. Formó parte del menú de Lula da Silva en Brasil en  2022, de Gustavo Petro en Colombia el mismo año y de Joe Biden en Estados Unidos en 2020. 

Las encuestas marcan que, de manera creciente, la personalidad y la autonomía son valoradas como características deseadas para el liderazgo del país. Después de todo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién preferís que atienda el teléfono rojo de una crisis fulminante una madrugada de lunes? 

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