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Clivajes, Dios y familia

Sergio Tomás Massa logró las metas que se trazó tras las PASO: sostener el voto a Grabois, sumar adhesiones, repuntar en la provincia de Buenos Aires y pasar al primer lugar.

Massa invitó a subir al escenario a su compañero de fórmula, Agustín Rossi, y a sus parejas y a sus hijos.
Massa invitó a subir al escenario a su compañero de fórmula, Agustín Rossi, y a sus parejas y a sus hijos. .
Leandro Ezequiel Gómez 24 octubre de 2023

Pasiones no despertó. Careció de un coro eufórico a su favor. Pero al promediar el proceso electoral, tampoco tuvo a nadie del frente Unión por la Patria en su contra. Sergio Tomás Massa, el massista, logró sin dudas las metas -no económicas ni financieras- que se trazó tras el 13 de agosto: sostener el voto a Juan Grabois, sumar nuevas adhesiones al costo que sea, repuntar en la provincia de Buenos Aires y pasar al primer lugar en la elección presidencial, pese a todos los indicadores que exhibe en su otra cara (¿cuántas tiene?): la de ministro de Economía desde hace 15 meses.

La que se avecina el 19 de noviembre es otra elección. Casi otra dimensión. ¿El debate central será entre "economía" y "democracia/institucionalidad"? Quizás Massa tenga algún plus adicional si se habla de "libre portación de armas", "vouchers en el sistema de educación", "privatización de calles", "ruptura de relaciones con el Vaticano", "venta de órganos", "posibilidad de los hombres a renunciar a la paternidad". ¿"Dejar de robar por lo menos por dos años"? Al fin y al cabo, Sergio se afilió al peronismo en 1990 de la mano de Graciela Camaño, por entonces esposa de José Luis Barrionuevo.

Javier Milei puede esperar la llegada de los votos más duros de Patricia Bullrich, también impulsados por su hasta no hace mucho festejante Mauricio Macri. ¿Podría verse beneficiado si el mismo día del balotaje muchos hasta ese momento indecisos miran su heladera, su bolsillo o su plazo fijo y sólo los ven vacíos? Esto no sucedió el domingo 22.

milei
 

¿Quien logre imponer el discurso ganará la elección? En gran parte, en las últimas semanas, Massa -su propio jefe de campaña (¿alguien recuerda en ese rol al electo senador Wado de Pedro?)- logró fijar la agenda discursiva. 

A la vez, Milei perdió el aura mediática, a excepción de su romance pero también con algunas declaraciones de los integrantes de su espacio y con peleas de estos en la redes, ya el mismo domingo 22. Un regalo de cumpleaños muy poco feliz.

Desde el escenario en el que estuvo solo casi todo el tiempo, Massa dijo "la grieta se murió": a recolectar donde se pueda y a intentar recolectar de donde en teoría nunca podría. Audacia no le falta. En contraposición, unos minutos antes Milei no se mostró en contra de la "casta", y mucho menos  habló de "dolarización". Sí se le escuchó un "los que querernos un cambio tenemos que trabajar juntos". Sí, "cambio" y "juntos" en la misma frase. Las casualidades en estas lides no existen. ¿Sus votantes escucharon los rugidos que querían oír del León?

Milei estuvo rodeado de varios alfiles de La Libertad Avanza y de Victoria Villarruel, su candidata a vicepresidente, Ramiro Marra (floja elección en CABA de 13 puntos) y Carolina Píparo (obtuvo casi tantos votos como Néstor Grindetti por la gobernación de la provincia, ambos muy lejos del otro gran ganador del domingo, Axel Kicillof, reelecto en el 44%). Una diferencia: Massa invitó a subir al escenario a su compañero de fórmula, Agustín Rossi, y a sus parejas y a sus hijos; algo que Milei y Villarruel no podrían hacer. ¿La idea de "familia" pesará también en la elección final? 

¿A Massa se lo vio con la bandera argentina de fondo y también con una sobre sus hombros: recurrirá al "Patria, familia y Dios"? (el orden se alteró adrede: como obispo de Roma hay un peronista que mira hacia el fin del mundo con sumo interés).

Patricia Bullrich previsiblemente despotricó contra el "populismo" y tendió algunos puentes con Milei. ¿Representa Bullrich a los gobernadores actuales de Juntos, y a los que asumirán en diciembre? Los separa una diferencia enorme: estos deberán gestionar y dependerán de los aportes del Tesoro, ya con Milei... ya con Massa.

Una de las claves será el nivel de participación, y una vez que la ciudadanía sufrague, a cuánto ascenderá el voto en blanco y el (auto)anulado. ¿Volverá Clemente, 22 años después? Aquella de 2001 fue una elección legislativa, totalmente distinta del balotaje por venir.

Las mujeres, las/os adulta/os mayores, las/os jóvenes. Ellos podrían inclinar definitivamente la elección. Los dos primeros grupos, a priori, en favor de Massa. La ciudadanía de menor edad, hacia el candidato libertario.

¿Podría  Massa reeditar un acuerdo con algún sector del Pro, tal como lo hizo en 2013, cuando llevó a tres candidatos de ese partido en su lista del Frente Renovador, cuando su fulgurante victoria ante... ¡Martín Insaurralde! casi que canceló el "vamos por todo" kirchnerista y  un eventual intento de reforma de la Constitución Nacional? En esta ocasión, y si bien el Pro y Juntos por el Cambio tendrán un debate seguramente feroz, suena directamente imposible. Allí reside una esperanza para Javier Milei.

Esperanza que la mayoría de la población no recibió en los discursos de ninguno de los principales candidatos. Acaso, por qué no, un "chamuyame que me gusta". Bullrich y todo Juntos se centraron en el orden y en la austeridad. ¿No había más para comunicar? ¿No había otro horizonte? A Patricia no le alcanzó con el discurso de "gobernabilidad", de cara a los "10 gobernadores y más de 500 intendentes". Tampoco con la noción de "orden" que -no casualmente- Massa pronunció más de una vez en su exposición poscomicio. 

Milei tiene posibilidades para resultar electo. ¿Le  alcanzará con los mensajes -muchos, muy endebles- que dio hasta acá? ¿Se animará a virar hacia el centro? El León quedó estancado, creció muy poco, perdió en 6 provincias en las que se había impuesto en las PASO (todas "chicas", excepto Tucumán), y en las dos Buenos Aires -las "vidrieras"- volvió a quedar tercero. Compensó con las victorias en Córdoba -Schiaretti debe tener su celular explotado-, Santa Fe y Mendoza.

El escenario está notablemente abierto. Puede decirse, inductivamente, que con un resquicio para que se imponga Milei, pese a los números de la lección. La duda central es si alcanzó su techo. ¿Podrá sumar en noviembre a los bullrichistas más entusiastas? ¿O estos lo ven como el responsable de que Patricia no haya pasado, de mínima, al balotaje? Enfrente Milei tendrá a Sergio Massa, el massista y a un peronismo que ahora sí se comprometió con la elección. Y Massa podría incluso sumar a ciudadanos que ven con cierto temor y desconfianza al libertario.

¿Le sumaría efectivamente a Milei un apoyo claro de Mauricio Macri, Patricia Bullrich y otros dirigentes del Pro? ¿Le sumaría a Massa alguna declaración de Gerardo Morales, presidente de la UCR y socio de Sergio en Jujuy desde 2015? ¿Una Cristina Fernández de Kirchner activa le sumaría o le restaría? El mismo domingo 22 Cristina, la vicepresidenta, se despegó del "gobierno massista". Para todas esas preguntas, tal vez alcanza una respuesta: a veces hay silencios que suman mucho más que declaraciones de apoyo rimbombantes.

Será Milei y sus ideas económicas liberales, sus propuestas hasta ayer nomás insospechadas en el imaginario social, su histrionismo, sus gestos -es lógico pensar ya que sus gritos y sus insultos no aflorarán- o Sergio Massa y su massismo exacerbado, apoyado, claro está, en el panperonismo primero y en el kirchnerismo después. De darse esta opción, Alberto Ángel Fernández, el presidente más desdibujado de estos 40 años de democracia, podrá decir que le pasó el mando a su ministro de Economía y a su Jefe de Gabinete: cosas de la política y la ciudadanía argentina.

  • Que los dos tengan chances implica que ninguno lo tiene asegurado a su favor. Hoy, no se avizora un balotaje estilo Jacques Chirac (82%) vs. Jean Marie Le Pen (18%) en Francia en 2002. Tampoco uno al estilo Carlos Menem vs. Néstor Kirchner, aquel de 2003 que se suspendió diez días antes de su realización cuando Menem renunció: se rumoreaba un "70 a 30" del santacruceño al riojano.

Quedan casi cuatro semanas para conocer qué curso toman los hechos y poder avizorar alguna certeza. Pero podría darse el caso de que lo "único" seguro sea llegar con tal incertidumbre como para que la resolución se conozca hacia las 22 de ese domingo que no será el final, sino el comienzo, de otra (¿apasionante?) historia en este país.

 

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