"El grupo político tenía una idea central de que el espacio de Macri era un objeto político diferente y empezar ajustando lo haría asimilable a otras experiencias de centro derecha de las cuales había que despegarse", Federico Sturzenegger dixit, Banco Central del Paraguay, 2019.
En aquél momento, una estadía ocasional en mi segunda patria me regalaba esa definición de colección del actual ministro de Desregulación de la administración Javier Milei. Era un tiro en el blanco perfecto, ya que en simultáneo a una batería exhaustiva de indicadores, Sturzenegger describía el genoma PRO.
En tal sentido, no hay componente que sea más emblemático de la historia de este partido político porteño que la biografía de su fundador. Por cierto, un apellido no sólo asociado a uno de los holdings productivos y de servicios más grandes de América Latina, sino también por la rama materna a un apellido sinónimo de ganadería y de Sociedad Rural como Blanco Villegas.
En una palabra, el combo que le aseguró de por vida una presencia permanente en las revistas del corazón, así como en todas las intrigas políticas, de negocios, privatizaciones y hasta en un lamentable secuestro.
Vale decir, todo un terreno fértil para la valorización y estigmatización rápida que, para todos los humanos, es instintiva a la hora de abordar la política o cualquier actividad en sentido amplio. Si de fútbol se trata, los hinchas de Boca son los bosteros, los de River los millonarios, los de Newell's Old Boys los leprosos, los de Rosario Central los canallas. Y, en el ámbito político, Néstor Kirchner la tenía igual de servida para chicanear al fundador del PRO. "Acuérdense: Mauricio es Macri". ¿Es justo o es injusto semejante recorte? Ni idea, es humano, demasiado humano. In memoriam Friedrich Nietzsche.
Hablando de Boca Juniors, si la intención de Macri fue, siendo un Superman de cuna, humanizarse a lo Clark Kent como presidente de ¿la mitad más uno? resulta irrelevante analizarlo. Lo que sí está claro, sin ubicarse en el terreno del dilema del huevo o la gallina, es que en el PRO hubo una acción deliberada de diluir, blanquear y eliminar cualquier rastro de origen tanto del fundador del partido, al igual que de muchos de sus referentes como Horacio Rodríguez Larreta Díaz Alberdi o Patricia Bullrich Luro Pueyrredón que, en un pase mágico, pasaron a llamarse Horacio y Patricia, así, a secas.
Cercanía de la gestión
Volviendo al "objeto politico diferente" aludido por Sturzenegger en su exposición en suelo guaraní, si todo pasara por semejante reconversión biográfica y creación de nuevos avatares, ello no excedería el ámbito del cotillón.
Sin embargo, con el PRO emergió en simultáneo un ensayo de refundación de la política que, así como se convirtió en marca registrada alrededor de iniciativas como el Metrobús, las bicisendas y las grandes obras, acarreaba a la par la enorme debilidad asociada a la falta de un menú político potente, apenas acotado al desangelado mantra de "la buena gestión".
En ese ámbito, el PRO ensayó un paso más en términos de descafeinamiento de la política en cuanto a actividad que involucra a seres humanos que tienen pasiones, temores y deseos, invirtiendo el método de gestión de la cercanía por el método de cercanía de la gestión. Es decir, una propuesta dónde la gestión llega a la gente mediante obras y servicios públicos, pero nunca a través de un dirigente que transmite una visión de la historia del país, que activa conflictos, que energiza a sus votantes, que echa mano a su carisma y, de ser necesario, al circo sin pan. Y sin culpa por supuesto.
A esta altura, ¿cómo no evocar los tiempos del Alejandro Rozitchner modelo PRO que, a diferencia de la nueva versión mileísta, decía que la historia estaba llena de muertos y que era mejor poner animales en los billetes antes que próceres nacionales como los que hoy reivindica Milei a rabiar, sea Roca, Alberdi o Sarmiento? En ese aspecto, no debería sorprender la eficacia del macrismo para irradiar su manual de buenas prácticas municipales a escala del área metropolitana y, en particular, a su núcleo duro que hoy se extiende por la Avenida del Libertador desde Retiro hasta San Isidro.
Desde ya, lo que todavía sorprende es cómo con una prédica municipal ceñida a un área metropolitana dónde la ciudad funciona como una vidriera para los bonaerenses que la trajinan a diario, Macri logró nacionalizarse. Sin el tiro en el pie del kirchnerismo del conflicto federal de 2008, ello es inexplicable.
Más aún, la precariedad de la expansión fue tal que el deshilachado radicalismo que la hizo viable, ni siquiera participó en una administración que, habiendo obtenido la triple corona metropolitana, no conseguía ocupar los casilleros vacantes de María E. Vidal en la provincia de Buenos Aires.
La clave Lennon
"Lo nuestro era ser los primeros cantantes de clase trabajadora, que siguieran siéndolo, y pronunciarlo sin cambiar nuestro acento, lo cual en Inglaterra era y es mal visto". Si algo dejó en claro esta inapelable definición de John Lennon, es que es tan importante el qué, a la par del quién y del cómo. En tal aspecto, con el registro de muchos procesos electorales, es indudable que el PRO tiene una gran fortaleza alrededor de la chic Avenida del Libertador, uno de los tres ejes decisivos porteños, junto con la progre Avenida Rivadavia y el modesto sur de las Comunas 4 y 8.
Desde esa muralla amarilla, el macrismo no sólo gana el súper distrito autónomo desde 2007, sino también que proyecta su liderazgo, cruzando la Avenida General Paz, desde Vicente Lopez hasta San Isidro. Vale decir, todo el cordón de altos ingresos que el PRO no logró ensanchar fuera del área metropolitana, aún con la triple acción del blanqueo biográfico de sus líderes, el baño de popularidad de Macri en Boca Juniors y el ensayo de redefinición de las viejas escrituras de la política. En tal aspecto, el PRO, tras la expansión accidental de 2015, hoy no hace más que volver a su estado original.
En particular, un partido fundado y liderado por referentes de una élite social y empresarial porteña que, sin perjuicio de la voluntad de ser un "objeto político diferente", no logró, hasta hoy al menos, romper el techo de cristal del próspero corredor norte del área metropolitana, el eje que sigue siendo al presente su exclusiva y nada desdeñable fuente de sustentación política. Para muestra, sobra el botón de emprendimientos como el Parque de la Innovación, una jugosa iniciativa inmobiliaria que en el próspero corredor que va de Retiro a San Isidro se repite como moneda corriente.
En tal sentido, el PRO no logró proyectarse en ningún distrito con un tejido social diferente al de la ciudad de Buenos Aires, es decir, en aquellas parroquias dónde Lennon, metafóricamente hablando, entraba a partir de lo que decía, pero también del tono plebeyo que al macrismo, a diferencia del mileísmo, no le sale. Vale decir, con la excepción de dirigentes hábiles para subirse a la ola de época como el intendente de Tres de Febrero Diego Valenzuela que, antes de su garrochazo a La Libertad Avanza, ya tenía otro desde el denarvaísmo al PRO y sólo Dios sabe cuál será el próximo.