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Análisis

El rugido del león

Javier Milei triunfó en un sistema que parece diseñado a prueba de outsiders.

Javier Milei dijo que será "el primer presidente liberal libertario de la historia de la humanidad"
Javier Milei dijo que será "el primer presidente liberal libertario de la historia de la humanidad"
Ignacio Labaqui 19 noviembre de 2023

El triunfo arrollador de Javier Milei es para mucha gente una sorpresa.  Un outsider que ingresó en la política hace dos años, sin estructura partidaria, derrotó a uno de los aparatos partidarios más poderosos de América Latina

Milei triunfó en un sistema que parece diseñado a prueba de outsiders tanto por el vetusto método de votación que utiliza la Argentina y que exige contar con una estructura con capacidad de fiscalización en todo el país, como por el hecho de que hay que enfrentar tres contiendas electorales, las PASO, la primera vuelta y la segunda vuelta. 

No conforme con eso, el candidato libertario resultó victorioso a pesar de la campaña del miedo y del obsceno uso de los recursos del estado a favor del partido de gobierno. 

¿Qué explica la contundente victoria de Javier Milei? 

Hay varias razones detrás de este resultado: 

  1. La mala gestión económica del gobierno de Alberto Fernández en general y de Sergio Massa como ministro de Economía. La Argentina ha alcanzado niveles de inflación no vistos en más de 30 años.
  2. La demanda de cambio existente en buena parte de la sociedad, evidenciada no solo en el meteórico  y sorpresivo ascenso de Milei, sino en el récord de alternancia observado a nivel provincial y en el mal desempeño del peronismo, que a pesar de haber sido la fuerza más votada de la primera vuelta, tuvo el peor desempeño electoral de su historia.
  3. La sucesión de gobiernos fallidos: la economía argentina se encuentra estancada desde el año 2012. Los últimos 3 gobiernos entregaron el poder en condiciones peores de lo que recibieron

Dice un conocido refrán que a cada chancho le llega su San Martín. A lo largo de los últimos años se han registrado en América Latina dos fenómenos que son dos caras de una misma moneda: 

  • El colapso de sistemas de partidos largo tiempo establecidos.
  • El ascenso de líderes populistas, en algunos casos outsiders (como el propio Milei) y en otros casos provenientes de la política tradicional (como Bolsonaro o AMLO). 

Argentina parecía ser la excepción a la tendencia. Ya no lo es. Sin dudas, el triunfo de Milei es un cimbronazo para el sistema de partidos, lógica consecuencia de la incapacidad de los partidos tradicionales de responder satisfactoriamente a las principales demandas sociales

Milei y sus nuevos aliados: Macri y Bullrich
Milei y sus nuevos aliados: Macri y Bullrich

De cara a futuro queda el interrogante planteado desde el momento mismo en que el triunfo de Milei apareció como un escenario de alta probabilidad con posterioridad a las primarias del 13 de agosto: ¿cómo hará para gobernar? 

Milei cuenta con un débil apoyo legislativo, mismo si suma a la facción del PRO que responde al expresidente Macri. Herramientas tales como el recurso a los decretos de necesidad y urgencia o la consulta popular no vinculante parecen poco eficaces y altamente riesgosas. 

Construir mayorías ad hoc en el Congreso es sumamente oneroso tanto en términos de tiempo como de recursos. La opción más viable es el presidencialismo de coalición, la fórmula utilizada en varios países de la región con distinto grado de éxito. 

El hecho de haber obtenido un triunfo mucho más contundente a lo que se esperaba probablemente abra una ventana de oportunidad para explorar posibles fisuras dentro del peronismo. La primera vuelta detonó la implosión de Juntos por el Cambio. Tal vez la aplastante derrota de Unión por la Patria en la segunda vuelta genere un efecto similar, lo que dejaría un panorama de mucha mayor fragmentación.

Ello permitiría buscar aliados no solo dentro de los restos de lo que fue Juntos por el Cambio, sino también dentro de un peronismo que ha quedado virtualmente acéfalo. Sergio Massa difícilmente pueda aspirar al liderazgo después de esta verdadera paliza electoral. 

Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo gravitante dado que mantiene su ascendencia sobre una porción considerable del contingente legislativo de Unión por la Patria y sobre todo gracias a la reelección de Axel Kicillof. Pero no resulta claro que el resto del peronismo esté dispuesto a continuar aceptando su liderazgo, sobre todo luego del fallido experimento que resultó la presidencia de Alberto Fernández. 

Se avecinan tiempos desafiantes. El gobierno de Alberto Fernández y la gestión al frente del ministerio de Economía de Sergio Massa dejan una gravosa herencia. Esta herencia, probablemente la peor que haya recibido un presidente desde el retorno de la democracia, incluye entre otros elementos un Banco Central vaciado de reservas, un abultado déficit fiscal, precios relativos fuertemente distorsionados y la tasa de inflación más elevada en más de 30 años. 

Bullrich, apretada por los hermanos Milei
El cierre de campaña de Milei, en Córdoba.

Como bien reconoció el presidente electo, no hay espacio para salidas graduales. La decisión de tomar el toro por las astas es correcta sin dudas. Pero no solo hace falta contar con un diagnóstico adecuado, del que carecieron Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández, sino también de condiciones políticas que permitan llevar adelante las medidas necesarias para sanear la macroeconomía. Si consideramos la disparidad en términos de recursos entre Javier Milei y el oficialismo, ciertamente estamos ante el triunfo de David frente a Goliat

La gestión de gobierno es algo más compleja y a diferencia del relato bíblico de Gedeón en el Antiguo Testamento, un plan de estabilización, aparte del diagnóstico correcto y las políticas adecuadas, requiere de apoyos políticos, de aliados, y también de mucha cintura y muñeca para poder manejar "la calle", una tarea en la que el peronismo siempre cuenta con una inestimable ventaja. 

En El Príncipe, Maquiavelo señala que los principados se adquieren y se pierden por una combinación de virtud (habilidad) y fortuna (suerte). 

El gobierno de Alberto Fernández no tuvo ni la una ni la otra. Dada la magnitud de los desafíos que hay por delante, Javier Milei necesitará una buena dosis de ambas.  

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