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Entre la locura de una victoria de Milei y el milagro de un triunfo de Massa

Que gane Javier Milei puede ser una locura. Pero que Sergio Massa obtenga el triunfo también será producto de una hazaña.

Entre la locura de una victoria de Milei y el milagro de un triunfo de Massa
Daniel Ivoskus 09 noviembre de 2023

A cuarenta años del regreso de la democracia a nuestro país, el combate que en un puñado de días protagonizarán en las urnas Sergio Massa y Javier Milei se constituye, sin ningún lugar a dudas, como uno de los más simbólicos y representativos de la historia de esta parte del continente.

En primer lugar, porque a través de sus propuestas prometen edificar proyectos de país que no se parecen prácticamente en nada. En segundo orden, porque esas propuestas recortan, casi en mitades exactas, las preferencias de un electorado que contempla, absorto, como se precipitan, día tras día, acontecimientos que inclinan la balanza hacia un lado y hacia el otro. 

Después del triunfo del 22 de octubre, en el que apenas le restaron conseguir tres puntos para evitar esta instancia de segunda vuelta, la tropa massista recuperó la autoestima y volvió a creer en lo que hasta ese domingo a las 18 era una quimera: la posibilidad de un triunfo. 

En contraste, en las huestes del León esa derrota sembró una preocupación bastante impensada, sobre todo teniendo en cuenta la gran elección que Milei había hecho en las PASO de agosto, cuando se impuso con vehemencia a Patricia Bullrich y al mismo Massa, sacudiendo el escenario. 

javier milei
 

Hoy, por distintos motivos, aquel escenario cambió diametralmente. Y es de muchísima paridad. 

Luego de aquel traspié, Milei actuó rápido y jugó fuerte: el mismo lunes plasmó un apoyo que, de algún modo, ya dejaba vislumbrarse en las semanas previas: el de Mauricio Macri. Ese respaldo le permitió tender redes con electorados que le resultaban poco amigables y también empezar a recolectar buena parte del voto antikirchnerista, recortando de antemano la ventaja obtenida por el candidato del oficialismo. 

A través de esta remontada, Milei volvió a creer firmemente en la posibilidad de una victoria. No sólo porque equiparó los números de Massa en la gran mayoría de los sondeos que hoy observan detenidamente oficialismo y oposición sino porque, además, esos mismos estudios certificaron que una buena parte del electorado dejó de verlo como una amenaza para la democracia, corriendo el eje de debate hacia una de sus principales fortalezas: la economía

En ese ítem Milei cobra valor, más allá de que persistan las dudas sobre la aplicabilidad real de muchas de sus propuestas y también sobre la capacidad del equipo que las llevaría adelante. No se trata de datos menores, ya que precisamente allí radican las principales fortalezas de Massa: conoce el escenario, tiene la experiencia, y conformó un equipo.

Hay que subrayarlo: la alianza con Macri le suma atributos a Milei, que incluso ayudan a saldar la principal falencia del economista, como es su eventual gobernabilidad. La idea del expresidente irrumpiendo en la campaña del libertario tiende a disipar los fantasmas de sectores que conservaban cierta desconfianza con respecto a Milei, espacios que hasta hace muy poco veían su eventual triunfo como una auténtica locura.

Para Massa asoma un escenario desafiante en el cual, sin embargo, conserva a su favor una serie de variables que deberá hacer valer. 

En principio, retiene todos los votos que en octubre lo catapultaron al éxito y además suma voluntades desde el electorado de Bullrich -sobre todo del ala radical de Juntos por el Cambio-, de un altísimo porcentaje de los votantes de Myriam Bregman (y otras fuerzas de izquierda), y una aceptable cosecha de los sufragios que obtuvo Juan Schiaretti.

Además, buena parte de las personas que no han ido a votar en ninguna de las dos instancias electorales, lo harían en su mayoría por Massa si es que finalmente decidieran participar. El objetivo, claro, debe ser movilizar a esta porción del electorado y favorecer su intervención en el proceso. 

Hasta aquí, Massa llevó adelante una campaña ordenada, con roles definidos, que incluso se ha sobrepuesto a una buena cantidad de obstáculos. Así logró construir poder y adhesiones desde un liderazgo actitudinal, que tenía la enorme virtud de clavar el ancla en el futuro. 

Esta, precisamente, debe ser para Massa una de las grandes apuestas en los días que restan: recuperar urgente esa agenda de conversación sobre el futuro, profundizando un encuadre que aleje a los argentinos del presente y los invite a soñar un destino venturoso. Un encuadre en el que también la grieta debe ser parte del pasado. 

Sergio Massa
 

La épica de materializar un gobierno de unidad nacional, idea que es respaldada por el 62% de la población, puede constituir un puente para activar el apoyo de algunos sectores, y no sólo de espacios políticos. Un ejemplo claro deberían ser las declaraciones del Padre José María "Pepe" Di Paola, llamando a la Iglesia a votar en contra de "las ideas inhumanas de Milei". En la recta final todo aporte vale.  

En buena parte de todo este proceso, Massa supo mostrar un camino de certezas, buscando erigirse como el auténtico capitán de un barco que no naufraga ante mares embravecidos. Hoy debe, más que nunca, mostrarse al mando e ir por un milagro.

Porque claro está, que gane Milei puede ser una locura. Pero que Massa obtenga el triunfo también será producto de una hazaña.

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