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Fin de ciclo

La llegada de Sergio Massa fue más política que técnica y ahora es la situación económica la que aumenta la incertidumbre al interior de la coalición oficialista.

Si Massa lograba domar a la inflación sería el candidato natural a la Casa Rosada
Si Massa lograba domar a la inflación sería el candidato natural a la Casa Rosada
Juan Negri 27 abril de 2023

Desde la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía el plan del oficialismo era darle tranquilidad al escenario económico. A partir de allí el tigrense podría construir una candidatura presidencial exitosa y así alcanzar su sueño más preciado. Si lograba domar a la inflación sería el candidato natural a la Casa Rosada.

Esta "pax massista" resultó en una división del trabajo que hasta ese momento no había existido al frente de la malhadada coalición oficialista. Sergio Massa se transformó en el hombre fuerte del gobierno. La vicepresidenta Cristina Fernández pasó a un segundo plano, luego de haber cumplido su objetivo de horadar a Martín Guzmán. A su vez, el Presidente Alberto Fernández dejó hacer a su ministro, ocupando un rol secundario en la gestión.     

El plan tenía un flanco débil. La llegada de Massa fue más política que técnica. Lo que aportaba era espalda política pero ninguna innovación desde la gestión. No propuso un rumbo económico muy distinto al de su antecesor, ni la implementación de un plan económico de estabilización coherente e integral que pusiera fin al flagelo inflacionario. 

Por el contrario, consistió en las mismas medidas que venía llevando adelante Guzmán: un ajuste desordenado, sin estabilización y con una buena dosis de medidas heterodoxas. Caída del salario real y Fondo Monetario Internacional pero también "precios justos" y cepo cambiario.  

Si bien la gestión Massa tuvo su luna de miel, este muy precario equilibrio está llegando a su fin. Las últimas semanas experimentamos lo que algunos economistas denominan un "cambio de régimen inflacionario". El mismo se define por un nuevo piso de inflación, más alto que el anterior. Peor aún, el agravamiento de la inflación se da cada vez más rápido. El aumento de precios de las últimas semanas ocurre a alta velocidad. 

Este cambio de equilibrio económico tiene efectos sobre el equilibrio político al interior del Frente de Todos. La candidatura de Massa tambalea con estos números. Los politólogos sabemos pocas cosas, pero entre las escasas certezas que poseemos es que los oficialismos tienen mucha dificultad para reelegir cuando el ciclo económico es negativo. ¿Qué puede decir el ministro de Economía sobre su gestión en una eventual campaña presidencial? ¿Qué activos podría presentarle al electorado un ministro bajo cuya gestión la inflación se aceleró a este ritmo? 

La situación económica aumenta la incertidumbre política al interior de la coalición oficialista. El apoyo del kirchnerismo seguramente tambalee en estas condiciones. El sector liderado desde el Instituto Patria no tiene ninguna alternativa ni sabe bien qué hacer en este contexto, pero es un actor reactivo y tiene probada experiencia en debilitar gobiernos propios. 

El horizonte electoral pone al kirchnerismo duro frente a una encrucijada difícil. Someterse a una primaria sin Cristina Fernández en la boleta posiblemente visibilice su debilidad y falta de apoyo al interior del peronismo. Resucitar "Unidad Ciudadana", asimismo, es arriesgar a quedar aún más en el llano. 

Su mejor opción es intentar influir en una fórmula de unidad, pero no solamente carece de candidatos propios como para negociar, sino que el fracaso de la experiencia albertista hace menos atractiva esa opción. Este desorden amenaza con marginar al kirchnerismo al interior del movimiento, justo en el año en que se cumplen veinte años de gesta. Al final era cierto aquello de que veinte años no son nada. 

La situación visibiliza aún más una disfuncionalidad política argentina fundamental: el calendario electoral. La existencia de primarias obligatorias más una eventual segunda vuelta lleva la temporada electoral a unos muy largos seis meses entre la definición de las candidaturas en junio y la asunción de una nueva administración con la voluntad política y la energía para intentar torcer el rumbo en diciembre. 

Demasiado tiempo para un Presidente en fase "pato rengo" hace al menos un año, un ministro que no logra enderezar el timón y el kirchnerismo en estado de desorientación. 

Los estudios comparados sobre gobiernos presidenciales de las décadas del setenta y ochenta subrayaron la debilidad del presidencialismo en la rigidez de sus mandatos. Esta rigidez deja a la economía en una situación demasiado vulnerable a cualquier shock político. 

¿Cómo reaccionarán los mercados si, por ejemplo, el kirchnerismo esmerila a la gestión pro-FMI de Massa como lo hizo con Guzmán? ¿O si Massa amenaza con su renuncia?

El mejor escenario para Massa, paradójicamente, es un triunfo claro de la oposición en las primarias de agosto que genere un salto positivo en las expectativas de los actores económicos, que genere un ciclo alcista que le permita llegar desahogado a diciembre. Hoy parece la única opción para que su "Plan llegar a diciembre" no se deshilache en el camino.

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