Ideas

La columna semanal de Carlos Leyba: "Trumpoceno"

Nuestro presidente escribió "zurdos hijos de putas tiemblen". Vulgar. Lamentable. Es como una Cristina que hubiera sido varón.

Javier Milei en Davos
Javier Milei en Davos .
Carlos Leyba 24 enero de 2025

En "Cien años de soledad" dice García Márquez: "El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Lo que vamos a vivir es algo nuevo, algunas de las cosas en el Horizonte no son conocidas como para llamarlas por un nombre. Sólo podemos señalarlas con el dedo. No es algo conocido y parece estar en todas partes. 

En Occidente, donde nos referenciamos, la idea de democracia -que definen tres pilares, libertad, igualdad, fraternidad - es de una fragilidad evidente. 

Salvo la voz de Su Santidad, la "fraternidad", está en franco deterioro. M. Entraigo ha escrito "Malismo: La ostentacion del mal como propaganda" (Capitan Swing, 2024)": un recorrido del auge del insulto (el olvido de la fraternidad) en la vida política. Recordemos a A. Guterres en ONU: "El nivel de impunidad en el mundo (que) es políticamente indefendible y moralmente intolerable". 



Protagonizamos "la grieta" que no fue novedad y que tiene nuevas "ediciones": nuestro presidente escribió "zurdos hijos de putas tiemblen" y antes "los vamos a ir a buscar hasta el último rincón del planeta". Vulgar. Lamentable. Es como una Cristina que hubiera sido varón. Mismo origen.

La fraternidad es el camino que une la libertad en búsqueda de la igualdad. 

La libertad, librada a su propia y exclusiva dinámica, tiende a la concentración, es decir, a la desigualdad. La búsqueda de la igualdad por imposición, lo hemos visto, si está alejada de la fraternidad y basada en la violencia, mutila la libertad. 



Después del período de gloria, los "dorados treinta" (1945/75), la igualdad, en números, hoy está extraviada. En casi todo Occidente el Coeficiente de Gini ha aumentado y lo que es peor, nuestro presidente en su inflamado discurso, en Davos, mientras "el público parecía pasmado, aplastado por tanta iracundia" (LN 23/1) declaró responsable de parte de los males de Occidente a "la siniestra, injusta y aberrante idea de la justicia social". Insólito, pero real...lo dicho. "Como sucedió el año pasado, los aplausos fueron escasos" (LN 23/1). 

¿Qué les pasa a los multi conversos peronistas del PRO o a los "radicales peluca" o a los gobernadores nacidos K, cuando escuchan estas cosas y se derriten ante Javier, Karina o Caputo III?

La libertad está siendo amenazada por el avance de las "democracias iliberales" o más concretamente por la violación de la República: la violación del juego compensador del Legislativo, ámbito de la discusión obliterado cuando, como en nuestro caso, se abusa del "veto" o del DNU - obra del kirchnerismo - que es una flagrante violación de la Constitución; o cuando el insulto público, desde la más alta magistratura, se lanza para acallar o atemorizar al que disiente. (Preguntar: quién despidió de Radio Rivadavia a M. Longobardi) 



Sí. La democracia está debilitada en Occidente porque sus tres pilares no gozan de buena salud. 

Las ideas políticas en ascenso crecen con un discurso que apunta contra los tres pilares: contra la igualdad, en tanto objetivo; contra la fraternidad, como modo de entendimiento; contra la libertad garantizada con los mecanismos de compensación del "poder". 

Crecen ideas autoritarias, concentradoras, de búsqueda de enemigos. Como en todo, nosotros, somos la desmesura. 



El discurso de Milei en Davos, se nota la pluma de Agustín Laje, fue directo a los extremos, en las formas y en el contenido. 

Los hombres de negocios que estaban en la sala, a medio llenar, donde Javier pronunció el discurso (LN 23/1)) más todos los que estaban en Davos y no fueron a escucharlo, suman fortunas, que - entre todos - ni se aproximan al capital que poseen los tres grandes de la era tecnológica: Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos. Los que escucharon, en Washington, a Donald Trump. Ellos serían los líderes de lo que Y. Varufakis llamó "Tecnofeudalismo". 

Fueron testigos de lo importante, lo trascendente para Occidente y por lo tanto para el Planeta, que es la llegada de Trump recargado, con mayoría en ambas cámaras y una Corte con muchos miembros afines. 



Donald pronunció un aluvión de promesas de cambio hacia un mundo nuevo que, como dijimos, nosotros sólo podemos señalarlo con el dedo. 

Pero esta limitación personal en materia de "poner nombre a las cosas" ha sido superada por J. Benitez y J. L. Piñeiro (El Mundo, Madrid) que han llamado a este mundo nuevo el "Trumpoceno", una nueva era geológica: un cambio en el Planeta. 

La primera potencia del mundo puede producir grandes cambios. Algo nuevo, un cambio de era.



Por ejemplo, el abandono del gobierno yanque de los acuerdos internacionales para terminar con la energía fósil cuyo propósito era combatir el deterioro ambiental. Por lo contrario, Trump ha dicho: "drill baby drill" y, en su discurso, marcó la no promoción de la movilidad eléctrica y su favor a la industria automotriz tradicional y en defensa de sus trabajadores. 

Dijo "volveremos a EEUU una nación rica de nuevo" gracias al "oro líquido que tenemos bajo los pies" 

A su lado, Elon Musk - quien fabrica movilidad eléctrica también en China - prepara la conquista de Marte para que algunos (¿todos?) puedan abandonar una tierra extenuada que, para los negacionistas del cambio climático que Trump lidera, no vale la pena tratar de oxigenar. 



Carlos Gamerro, en entrevista con J.Fontevechia, dijo si "... el planeta Tierra se termina, los recursos se están agotando, ...y esta promoción del egoísmo, que es pasar, ...de la metáfora de la nave tierra donde estamos todos embarcados y o nos salvamos todos o nos hundimos todos... a se hunde el Titanic y hay pocos botes. O sea que algunos se van a hundir y otros se van a salvar...Estoy hablando de una novela casi de ciencia ficción" (Perfil,23/11/24)

K. Boulding, el gran economista, que fue el primero en usar la metáfora de la nave en la que estamos todos y Francisco, el predicador de "nadie se salva solo" y de "Laudato sí" son ecos de ideas humanistas que hoy, en una parte de la política, parecen en franco retroceso. 

Tal vez el caso de Trump lo morigera, en lo que hace a la distribución mundial del trabajo, que centraliza sus políticas a partir de los trabajadores americanos (mirada desde "la Nación", ve a las personas) y no de los consumidores, como es el caso de Milei, que tiene la mirada fijada en "el mercado" como "universal"



Trump, en definitiva, es más un conservador popular que un libertario anarco. Para conseguir los votos de los libertarios debió indultar a Ross Ulbricht, creador del mercado de drogas Silk Road. 

Los años de Trump serán los del intento de la conquista de Marte, por parte de Musk, con la irremplazable ayuda económica del Estado, como en todos los grandes desarrollos tecnológicos de las últimas décadas que bien ha inventariado M. Mazzucato. 

Las decisiones de Trump, líder de la potencia Centro de un sistema, pueden implicar cambios estructurales de enorme profundidad. No sólo el freno a la movilidad eléctrica sino el freno a la globalización y particularmente, el freno al consumo estadounidense de bienes chinos y la propuesta de un vigoroso aumento de la oferta de petróleo y gas de los EE.UU. Impactos en su país y en su periferia: nosotros estamos ahí. 



Habrá una ola de nuevos cálculos en todo lo relacionado con los hidrocarburos, las nuevas energías, la movilidad y la minería. Se complejizará el acceso al "gran mercado" y las plantas productoras pujaran por colocar potenciales excedentes.

El Siglo XXI fue el escenario de la globalización y de las derivas planetarias de ese continente extraño, "la Chimerica", que se formó sobre los hombros de la desindustrialización de Occidente y en particular de los de EEUU y entre otros, de países como Francia.  

Trump, al igual que en su primer mandato y al igual que su actual predecesor, J.Biden, atiende a los que reclaman atención, los perdedores de la globalización y de la tecnología, los alejados de los puertos, los que no viajan en "la primera de la globalización". 



Extremando síntesis, Biden reaccionó con "políticas industriales". Trump, además, anuncia políticas de defensa comercial y "batalla cultural". 

Su política de inmigración, con riesgo de crueldad, es un cruce de esos dos pilares; y todo forma una enorme contradicción con el pensamiento liberal a la Friedman: la libre inmigración y libre mercado. Párrafo aparte merece la afirmación que, biológicamente, hay dos sexos. Más estúpido fue nuestro Censo 2022 que preguntaba a los censados qué genero le habían identificado al nacer: M, F u Otro. La estupidez del director del Censo no tuvo límites. 



De ahí muchas consideraciones a tener en cuenta al analizar el combo, compartido por los partidos de centro, centro derecha y socialdemócratas, de globalización, comercio libre, neoliberalismo a la manera del Consenso de Washington y promoción de la cultura woke, dominando la escena de los gobiernos y los organismos internacionales.  

Z. Bauman había alertado de este potencial divorcio cultural entre aquellos que habitan el mundo globalizado y los residentes en la profundidad del territorio. Justamente muchos pensadores de izquierda, marxistas, como el italiano Diego Fusaro o el turco Umut Özkirimli en su libro "Cancelados" Paidos, 2020 y la americana S. Neiman en "Izquierda (no es) woke", Debate 2024, señalan que el wokismo es una suerte de deserción por el compromiso de los humanistas y de los militantes de izquierda, del verdadero progresismo que sigue siendo la lucha por la igualdad, en fraternidad y libertad, en un mundo donde crece la desigualdad y en territorios, como el nuestro, donde la pobreza denuncia la verdadera decadencia.   



M. Wolf (FT) nos señala que Trump "parece más probable que cause daños sustanciales a la alianza occidental, al comercio mundial, al medio ambiente global". 

En brazos de Milei puede ser "morir de amor", camino a romper el Mercosur,  por un acuerdo de libre comercio con EE.UU. Milei cree que los aranceles pertenecen a la geopolítica. Y Trump, en geopolítica, mira al Norte, Canadá, Groenlandia. ¿Aplaude el Trumpoceno? ¿Entendió?